La Rioja
Gregorio Ascacíbar, Goyo, durante la Ultra Trail Mont Blanc, fotografiado por su hijo. :: g.a.
Gregorio Ascacíbar, Goyo, durante la Ultra Trail Mont Blanc, fotografiado por su hijo. :: g.a.

MARATÓN EXTREMO

Toda una vida subiendo y bajando montañas

  • Gregorio Ascacíbar celebra sus 70 años completando la Transvulcania (73 kilómetros) tras 14 horas y media

  • Este maestro jubilado es uno de los atletas más veteranos de España que realiza maratones extremos

logroño. El pasado 9 de mayo, el riojano Gregorio Ascacíbar, Goyo, cumplió 70 años. Hasta ahí todo normal. Lo que no es tan habitual es llegar a esa edad y, el día de tu cumpleaños, celebrarlo completando la Transvulcania, una carreras de montaña que se celebra en las Islas Canarias y que es de las más duras de España, con un recorrido total de 73 kilómetros y un desnivel acumulado de 8.525 metros. Goyo invirtió algo más de 14 horas y media para terminar y cuando cruzó la línea de meta recibió una gran sorpresa: todos los presentes le cantaron el 'Cumpleaños feliz' y le obsequiaron con una botella de champán, como a los grandes campeones. Entre los cantantes, orgullosos, la mujer de Goyo, la hija y dos nietos. «Me apunté a la prueba desde el verano, meses antes, en cuanto vi que coincidía con mi cumpleaños. La sorpresa fue que al llegar a meta me cantaron todos el cumpleaños feliz y abrieron una botella de champán. Y la gente, en general, durante toda la prueba, fue una pasada. Por el primer pueblo pasamos a las seis y media de la mañana y ya estaba todo el mundo en la calle», explica emocionado.

La afición de Gregorio Ascacíbar, Goyo para los amigos y compañeros de fatigas, por la montaña empezó pronto: «He vivido en Pradillo y Clavijo, rodeado de montañas, y el monte siempre ha estado ahí. Empecé a aficionarme cuando bajé a vivir a Logroño. Antes practicaba la pelota pero aquí no tenía compañeros para jugar y busqué un deporte que pudiera practicar en solitario. Me apunté a Sherpa y buscando emociones más fuertes empecé a participar en pruebas reguladas, sobre todo en el País Vasco. Y ahí siempre terminabas picándote con los primeros, a ver quién ganaba. Y así poco a poco me metí de lleno en todo esto de las maratones de montaña».

Como ocurre a veces en la vida, las cosas importantes no se programan, llegan. Así, en el 2001, Goyo recibió la noticia de que iba a ser abuelo. Y comenzaron las bromas de los amigos: «¡Olvídate de entrenar! Ahora a empujar el carrito de la criatura y punto». «Yo les dije que no, que para nada y para demostrarlo ese año me propuse correr doce maratones. Al final hice catorce por si alguno salía mal. Y terminé los catorce, entre maratones de asfalto y de montaña», recuerda Ascacíbar.

Hasta el año 2001, Goyo había completado como aficionado la Media de La Rioja, había hecho maratones de montaña... Pero en plan serio empezó en Valencia, con su primer maratón, y antes había terminado maratones de montaña: el Alpino Madrileño, el Cross del Mulhacén y el Maratón del Aneto.

Dos años después, en el 2003, Goyo 'explotó' como corredor y obtuvo sus mejores resultados. «En Barcelona hice dos horas y cincuenta minutos en la maratón -es su mejor marca apunta-, fui segundo en el Campeonato de España de maratones de montaña en Castellón, primero de veteranos en el Maratón de Zegama, y en el Campeonato del Mundo que se celebró en el Alpino Madrileño quedé el 25», relata.

Y desde el 2001, Ascacíbar no deja de correr hacia arriba, hacia abajo, por montaña, por carretera... Una afición que aumentó cuando este maestro obtuvo la jubilación: «Soy maestro todoterreno, de los que dan de todo. Yo digo en clave simpática que me he pasado la vida laboral entre chorizos, porque estuve 15 años en Baños de Río Tobía y 17 años dando clase en la cárcel».

Kilómetros y kilómetros

Preguntarle a Goyo por las pruebas que realizó el año pasado da vértigo: «Estoy operado de los dos meniscos. Si le meto mucha caña me duelen las rodillas, pero aguanto. El año pasado hice tres o cuatro ultras (carreras de más de cincuenta kilómetros). Hice la Ehunmilak en Beasain, que son cien millas -167 kilómetros- con 11.000 metros de desnivel; hice la carrera de Castellón que la han alargado hasta 120 kilómetros; también la GR10 Extrem en Valencia, que son 95 kilómetros; otra prueba de 50 kilómetros en Madrid, el Genaro Trail en la sierra... Y además dos pruebas de montaña: el Maratón de Espadán y el Maratón Ogro, en Autol».

Precisamente en la Ehunmilak (¡167 kilómetros!) se resintió físicamente y por eso ha reducido algo su programación para este curso. «El año pasado terminé fastidiado a causa de la de las Cien Millas y he anulado alguna inscripción. Para estos próximos meses estoy apuntado en Picos de la Demanda en Ezcaray, en julio, y volveré a Autol, al Maratón del Ogro. Y luego ya veremos ...», explica.

Goyo está enganchado a correr maratones de montaña. En realidad, a hacer deporte. El atleta reconoce que no sabe «cómo llevaría el no poder entrenar». «Estando bien -dice- si hay dos días que no puedes salir ya se me pone mal cuerpo».

Sobre la dureza de las pruebas que corre, Ascacíbar reconoce «durante la prueba sufres, pero mientras preparas la prueba es muy sano. Estás entrenando y cuidándote y eso es sano».

Álex, el nieto de Goyo, parece que lo lleva en los genes. Tiene pinta de que puede ser un digno heredero del espíritu de su abuelo. De momento corrió la prueba infantil de la Transvulcania, un kilómetro con cierto desnivel. Y ya ha hecho dos veces la Marcha Hoyos de Iregua y cuatro veces la Valvanerada (tres años siendo el más joven).

Toda una vida corriendo, retándose a sí mismo, terminando una prueba y pensando en la siguiente.

Durante la prueba sufres, pero mientras preparas la prueba es muy sano. Estás entrenando y cuidándote y eso es sano.

En Trans Gran Canaria, hace dos años fui el más veterano. En algunos sitios sí que hay un recuerdo para el más veterano.

Sí que me ha tocado correr con gente que ha sido alumnos míos. Lo que pasa es que yo no puedo competir con ellos pero sí que participamos en las mismas carreras.

A ver si los medios le dan cancha porque es muy sacrificado y sale muy poco. Es todo fútbol

A la gente le diría que se anime. En La Rioja hay pruebas chulas para ir empezando.

Es una carrera muy técnica, con roca de tipo volcánica que se agarra mucho. Y además el calor hizo que fuera mucho más dura. Y también hubo gente que no calibró bien la distancia que había entre dos avituallamientos, que era larga, y se quedó sin agua. Yo lo sabía y pude coger dos litros y pude ayudar a alguno.

En temporada alta, si hay muchas pruebas, hacer una prueba supone el entrenamiento para la siguiente. Depende de cómo sea la semana, voy distribuyendo los kilómetros. Algunos corriendo y otros en monte, andando a ritmo.