JUEGOS OLÍMPICOS DE COREA

El motero ceutí que ama la nieve

Regino Hernández festeja su medalla de bronce, el pasado jueves. :: efe
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Regino Hernández festeja su medalla de bronce, el pasado jueves. :: efe

Regino Hernández, criado en Mijas, se aficionó al snowboardcross en los viajes con su padre a Sierra Nevada

PABLO SAN ROMÁN PYEONGCHANG.

«Me gusta mucho el rollo motero, el pelo largo, la barba y lo llevo bastante tiempo», explicaba cerca de la meta, Regino Hernández, que tiene una Harley Davidson, que cuida con mimo. Además de las motos, el pelo largo y la barba, a Regino Hernández le gusta el piercing, como mostraba un pequeño pendiente negro en su nariz, y los tatuajes, que cubren todo su brazo izquierdo.

Nació en Ceuta, uno de los dos enclaves españoles ubicados geográficamente en el continente africano, pero «cuando yo no había cumplido un año nos mudamos a Mijas (pueblo malagueño turístico en la Costa del Sol). Mi padre abrió una tienda de deportes de riesgo, entre ellos el snowboard. Como nunca lo había probado, empezó a probarlo para ver cómo vender el material y se enganchó él, enganchó a mi madre, a mi hermana y yo fui detrás. Íbamos a Sierra Nevada días sueltos, cuando no teníamos clase mi hermana y yo. Así empezó todo, hasta que pudimos alquilar una casa e íbamos cuando teníamos fiesta en el colegio. Llegas a campeonatos de Andalucía, la federación te ve y hasta aquí».

Su medalla tiene más mérito si se tiene en cuenta que en marzo de 2017 se cayó mientras competía en la Copa del Mundo. Estuvo sin poder entrenarse durante cinco meses, hasta su regreso en septiembre. «Me hice una luxación en el hombre derecho con rotura de supraespinoso. Tuve que pasar por el quirófano; y no pude hacer pretemporada hasta que estuvimos en Chile. Allí, entrenamos siete días de dos semanas, por el mal tiempo. Y de allí nos fuimos a Argentina. Y en la primera Copa del Mundo paso a las finales (en Cerro Catedral, Bariloche). Y un par de errores me dejan sexto; pero el hombro estaba increíble. Y al día siguiente quedé séptimo. Ahí me di cuenta de que el hombro estaba perfecto y que yo, sin haber entrenado tanto, estaba en un estado de forma impecable», recuerda el ceutí.

Tras no terminar sus carreras en los dos anteriores Juegos Olímpicos, se dio cuenta que su cabeza le jugaba malas pasadas, por eso este año decidió ir a un psicólogo y el resultado ha sido este bronce, mostrando jerarquía y ambición en todas las rondas. Quería dedicarle una medalla a un amigo, Ángel, que falleció hace casi tres años, así como al entrenador del equipo nacional, Israel Planas, que murió el año pasado. Y lo consiguió. También es aficionado al cine, al surf, a los videojuegos y a los cómic manga, por lo que está deseando viajar a Japón. Y a los tatuajes. «Tengo que tatuarme la cara de 'Trio' (el italiano Luca Trionte, el skiman -preparador de tablas- del equipo) ; y él se tatuará la mía», dice.

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