AGONCILLO

La revelación de José Mari

El portero José Mari, vestido de jugador de campo, celebra la victoria lograda con su gol ante el Haro en San Roque. :: /Diego Marín A.
El portero José Mari, vestido de jugador de campo, celebra la victoria lograda con su gol ante el Haro en San Roque. :: / Diego Marín A.

El jugador ingresó en el campo en el minuto 92 y marcó el primer tanto de su vida en el 95 | El portero suplente del Agoncillo logró en el añadido el gol de la victoria ante el Haro

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

«Ya os dije que iba a salir y la iba a enchufar», bromeaba José Mari Rodelgo con sus compañeros del Agoncillo al finalizar el partido frente al Haro del pasado sábado. No tendría nada de extraño si no fuera porque José Mari era el portero de los avioneros. El portero suplente.

Cosido por las lesiones, el Agoncillo sólo pudo convocar a quince jugadores en la última jornada: un portero suplente y tres jugadores de campo, incluido el lesionado Pesquera. Los locales aguantaron el empate sin goles hasta el descuento en el campo de San Roque. El entrenador, Gonzalo Santamaría, ya había realizado dos cambios y en el tiempo añadido decidió hacer el tercero. Como Pesquera estaba lesionado y había sido amonestado por protestar, el técnico pidió a José Mari que se vistiera de jugador de campo y con el número 17 ingresó en el partido en el minuto 92.

En el 95, aprovechando un rechace del guardameta rival Adriá tras un disparo de Luisja, José Mari rebañó el balón y marcó el gol de la victoria del Agoncillo. Victoria modesta para conservar la décimo cuarta plaza. Aun así, el tanto se celebró en San Roque como si el Agoncillo hubiera ganado la Champions. No era para menos. El portero suplente había marcado su primer gol.

«Cuando eres portero y haces una parada no puedes celebrarlo tanto como un gol, así que lo mejor fue la celebración» josé maría rodelgo

José Mari tiene 25 años, y aunque nació en La Villa de don Fadrique (Toledo), de niño se trasladó a vivir a La Rioja junto a su familia. Empezó a jugar al fútbol sala en su pueblo y ya aquí, siempre como portero, ha defendido las camisetas del Berceo, Balsamaiso, UDL y River Ebro. Sólo una vez, hace dos años frente al La Calzada, había actuado como jugador de campo, en similares circunstancias. Pero el del pasado sábado fue su primer y único gol oficial de su trayectoria deportiva.

«La verdad es que ya no daba un duro por salir, pero me llamó el entrenador y me pidió que defendiera y tirara para arriba sin miedo, ya que estaba fresco, sobre todo para molestar en la salida del balón del Haro», recuerda José Mari. Y, de pronto, la ocasión, el balón muerto, el gol... y la alegría inmensa. «Cuando eres portero y haces una parada no puedes celebrarlo tanto como un gol, así que lo mejor fue la celebración con los compañeros y la felicidad de todos, del club, la afición...», rememora José Mari, quien también reconoce: «Me imagino que habrá sido 'un palo' para el portero rival, pero fue una casualidad».

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