El mal inicio condena a un buen Casalarreina

El Agoncillo supo aprovechar la renta inicial de tres goles. :: donézar/
El Agoncillo supo aprovechar la renta inicial de tres goles. :: donézar

JÖEL LÓPEZ CASALARREINA.

El principal enemigo del equipo riojalteño ayer en El Soto fue él mismo. Un mal comienzo y tres fallos de marcaje propiciaron otros tantos goles del Agoncillo en los primeros treinta minutos. A partir de ahí, el Casalarreina, como Sísifo, llevaba la piedra al borde de la cima pero siempre se le terminaba cayendo. Y otra vez vuelta a empezar.

2 CASALARREINA

4 AGONCILLO

Casalarreina
Alex, Yaron, Diego, Rubén, Jony (Mario min 75), Cristian, Chacho (Kewin min 70), Erick, Baztan, Saúl, Pita
Agoncillo
Jose Mari, Navarro, Moreno, Manu, Gabri, Viegas, López (Iker min 80), Sicilia, Miguel, Varea, Isma.
Goles
0-1 Min 3 López; 0-2 Min 17 López; 0-3 Min 30 Sicilia; 1-3 Min 60 Baztan; 1-4 Min 73 Gabri; 2-4 Min 84 Saul.
Árbitro
Alcalde Mir asistido por Acevedo Chipategua y Saenz Ouro.
Incidencias
Amonestó a Chacho, Pita, Yaron y expulsó a Cristian del Casalarreina y a Miguel, Sicilia, Isma y Gabri del Agoncillo.

A pesar de todo, los amarillos se levantaban una y otra vez y jamás le pierderon la cara al partido. Es emocionante ver jugar a un equipo que no deja de creer en sus posibilidades. En la segunda parte salieron convencidos de darle la vuelta a un resultado muy adverso. Y marcaron y todo parecía un poco más posible. Pero entonces, en un córner, en la primera llegada del Agoncillo al área local, y solo tuvo dos, Gabriel marcó a placer en el primer palo. Otro despiste y otra condena. Daba igual. El Casalarreina no abandonó. Nunca abandona.

El Agoncillo supo controlar el juego sin apenas inquietar la portería local. El botín de la primera media hora era demasiado regalo como para desperdiciarlo.

Incluso así, los amarillos consiguieron poner nervioso al rival. Sobre todo cuando Saúl marcó el segundo. El empuje local, liderado por un Diego soberbio y un Saúl que no dejaba de intentarlo no dio frutos. Demasiado lastre.

Y cuando todo estaba muy tenso, a pesar del resultado, al árbitro se le vieron las costuras y estuvo más atento a quién le protestaba que al juego peligroso. Diego acabó con una herida de parte a parte del muslo tras una entrada que solo recibió amarilla justo antes de amonestar dos protestas locales, una de ellas con roja directa.

Con todo, la culpa no la tuvo ni el árbitro ni la mala suerte ni siquiera el mensajero. Un Agoncillo serio aprovechó que el rival empezó a jugar media hora después de que se pitara el inicio del encuentro.

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