«Teníamos un buen equipo, una afición maravillosa y un campo difícil»

Hidalgo, Abadía, Dulce, Lopetegui, Gilabert, Moreno, Martín y Aguilá, ayer. :: jonathan herreros/
Hidalgo, Abadía, Dulce, Lopetegui, Gilabert, Moreno, Martín y Aguilá, ayer. :: jonathan herreros

El exportero blanquirrojo se reunió con varios de sus excompañeros, a los que calificó de «familia» en la que considera su «segunda casa»

V. S. LOGROÑO.

Julen Lopetegui bromaba con la principal diferencia entre el Logroño que conoció y el de ahora: «Han pasado más de veinte años». Pero hay sentimientos que perduran el tiempo y se mantienen, como un hilo invisible, que se vuelve a anudar cuando es necesario. A pesar de que se trataba de una velada centrada en alabar el afán internacionalizador de las empresas riojanas, con especial reconocimiento a Bodegas Corral, Constantia Tobepal y Ferba, la presencia del exblanquirrojo atrajo al restaurante Delicatto a varios de sus compañeros en el vestuario del inolvidable Las Gaunas.

Así, con Nacho Martín («el gran capitán», le calificó) se fundió antes de la gala en un inacabable abrazo. Después, tuvo la oportunidad de repetir gesto con históricos como Agustín Abadía, Jesús Dulce, Ricardo Moreno o Albert Aguilá, entre otros, así como con José Luis Gilabert, el preparador físico que tanto les hizo sufrir en pretemporada. Con algunas canas más o, incluso sin pelo, pero con la misma ilusión que antaño, todos se reunieron para recordar viejas historias y hablar de lo que más les sigue gustando: el fútbol.

Lopetegui tuvo grandes palabras de agradecimiento para Logroño. «Fue una época maravillosa, gloriosa. Éramos una familia», recordaba el excancerbero. Pero, además, había un gen competitivo que se nutría de la ciudad para convertir al Logroñés, durante casi una década, en un club competitivo y de élite. «Teníamos un buen equipo, una afición maravillosa y un campo difícil», reconocía. «Nos ganamos el respeto de todos los grandes», añadió. Y todo, en un marco espectacular: «Contábamos con un campo de los que no quedan, de tinte antiguo, con sabor a fútbol, con la cercanía del aficionado y con 'Paquito el chocolatero' como nuestro himno», rememoraba. También se quiso acordar de Marcos Eguizábal de quien, según el de Asteasu, «no se reconoció su labor».

Incluso, con un punto de orgullo, tiró de gallardía para sentenciar: «Tengo la suerte de poder decir que he jugado en una de las mejores épocas del Logroñés, en un campo mítico como Las Gaunas y con una afición maravillosa. Las Gaunas y Logroño siempre van a estar en mi corazón».

Lo que tiene claro es que el presente ha cambiado. «Sigo pendiente del Logroñés, pero es un momento diferente. Ojalá vuelva la época de vino y rosas de esos años porque creo que Logroño y La Rioja tienen capacidad para asimilar un proyecto deportivo importante. Ojalá que el tiempo ponga, poco a poco, al Logroñés donde yo quiero que esté».

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