Un técnico bajo el signo del huracán

Carlos Pouso, durante un entrenamiento con la UDL. :: díaz uriel/
Carlos Pouso, durante un entrenamiento con la UDL. :: díaz uriel

V. S. LOGROÑO.

En mayo del 2014, Carlos Pouso llegó a Logroño con una única misión: llevar a la UDL a Segunda División. Ayer, el vasco se despidió con alguna lágrima y la evidencia de no haberlo logrado. Eso sí, los dos únicos 'play off' que han disputado los blanquirrojos fueron de forma consecutiva y con el vasco como entrenador. Pero en el historial personal de Pouso, el técnico que colocó en el mapa del fútbol al Mirandés, siempre va a quedar esa espina clavada.

Porque la relación del vizcaíno y de la afición riojana siempre ha estado marcada por un signo: el del huracán. Fue en junio de la temporada 2014/2015 cuando los blanquirrojos parecía que por fin habían roto su techo de cristal y se habían colado en un 'play off'. Con la ilusión como aliada tras el empate en Las Gaunas, el partido de vuelta se convirtió en un infierno: dos penaltis en contra, lesión de árbitro, megafonía y un tufo a robo que impregnó el ambiente.

El desgraciado final de temporada reforzó el papel de Pouso, que e su siguiente curso logró colocar durante muchas jornadas al equipo en la segunda plaza. En medio, un premio: la Copa del Rey, con dos vibrantes eliminatorias (ante el Linares y el UCAM Murcia) y un premio gordo, que se quedó flaco: el Sevilla de Fernando Llorente, que llenó de alegría, recuerdos y gente Las Gaunas, pero que no era el Real Madrid, ni el Barça ni el Athletic.

Pero el verdadero regalo debía llegar meses después, en el 'play off', al que el equipo volvió a llegar, pero en cuarta posición, por el camino largo y difícil. El filial del Villarreal B, uno de los más temidos, se convirtió en la piedra de toque de los riojanos. Contra pronóstico, los blanquirrojos superaron el escollo para pasar a la casilla de otro filial: Sevilla B. Los andaluces, que finalmente lograrían el ascenso, vencieron en Las Gaunas y supieron mantener el empate a cero en la caldera del Guadalquivir, en horario matutino y calor infernal.

Ese 13 de junio del 2016 hubo lloros, pero también una esperanza. Carlos Pouso, que para entonces se había convertido en fiel amigo y confidente del propietario de la entidad, Félix Revuelta, iba a recibir su tercer encargo. Pouso, que continuaba compaginando las labores técnicas con las deportivas, ya empezaba a dar signos de cansancio, como reconoció después. Y la afición, entregada, pedía más y más.

El verano, marcado por las cesiones del Eibar, dio paso al inicio de la campaña, con sólo un triunfo en cuatro encuentros y la traumática derrota copera ante el Calahorra. Las semanas pasaban y el equipo dejaba sensaciones de irregularidad y desgobierno. Un empate con el San Sebastián de los Reyes y las derrotas ante Navalcarnero y Mensajero provocaron que diese un paso a un lado.

En la dirección deportiva

Él reconocía su fracaso, pero Revuelta, que le había renovado y que sigue confiando ciegamente en el vizcaíno, le entregó la dirección técnica. Es decir, su primer trabajo fue encontrar a su sustituto. Sergio Rodríguez fue el interino; Rafa Berges, la apuesta. Y falló. Tanto que el exjugador riojano tuvo que retomar las riendas del equipo para devolver la ilusión. Y su segundo empeño, reforzarse en invierno. Y ha sido el mercado y también el roce (que provoca el cariño, pero también el odio), el que acabó de romper puentes entre los aficionados y el director deportivo. Pouso, con la calculadora, no traía lo que el público, con el corazón, reclamaba. El pasado verano, un titular de Diario LA RIOJA, que marcaba la llegada de «cuatro primeros espadas» se convirtió en la mofa de un grupo de aficionados muy activos en redes sociales que se convirtieron en su azote. Pouso mantenía su sueldo y, desde la distancia, una comodísima posición sin apenas responsabilidad, que recaía en Sergio Rodríguez. No había dinero para fichar pero Pouso seguía cobrando su salario, lo que enfurecía a muchos tertulianos. Más cuando este ya cerrado mercado invernal (a la espera de sorpresas) no dio los frutos esperados. Otra vez el signo del huracán y vientos de desconfianza. Hasta ayer, cuando Pouso abrió definitivamente la puerta de la UDL con la amarga sensación de lo que pudo ser y no fue.

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