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Sueño de una noche de verano

Alegría en la grada. Caras de alegría entre los aficionados que se dieron cita en Las Gaunas. También ilusión.

Las Gaunas festeja el primer triunfo en casa y descubre con júbilo a un futuro ídolo,Ñoño

M. GLERA FERNANDO DÍAZ

Ñoño protagonizó ayer el Sueño de la Noche de un Verano, película de una generación que ya peina canas pero que mantiene viva la ilusión de ver el fútbol logroñés, y por extensión riojano, en una categoría más alta que en la que acumula muchos años, incluida la Tercera División. Las Gaunas ya tienen un nombre al que agarrarse, el de este gaditano desconocido que aprovecha al máximo las enseñanzas de el Sabio de Hortaleza, Luis Aragonés, que se atrevió a jugar con extremos a pierna cambiada.

Siempre hay expectación en torno al cuero. Para lo bueno y lo malo. Agosto no es un buen mes, porque los mortales apuran sus vacaciones antes de regresar a la rutina anual. Que haya más o menos público en Las Gaunas a estas alturas de la temporada es anécdotico, pero lo que no es irrelevante es ver el resultado y las victorias siempre abren el apetito futbolístico.

Respeto y aplausos al inicio. Aliento en las primeras incursiones, de Ñoño, por supuesto, antes de caer en la desilusión que supone no marcar desde el punto de penalti, y por partida doble. Los porteros juegan su papel y el error del lanzador se convierte en acierto del guardameta. Estados de ánimo que definen. La grada siempre es respetuosa y generosa. Incluso en silencio. Y ayer permaneció callada durante muchos minutos, a la esperada de que la UDL deshiciera la madeja vitoriana.

Sin embargo, el fútbol nocturno es diferente, aunque el calor sea insoportable. Ya habrá tiempo de pasar frío. El respetable encontró en Noño al resorte que le levanta de sus asientos, al jugador que le confirma que su decisión de acudir a Las Gaunas ha sido correcto. Y si es con bocadillo, mejor que mejor. Lo de la bota es otro cantar en este escenario de deporte de gestos en el que también se ha convertido el balompié. Limitaciones al margen, quien ocupa su butaca diferencia la calidad del fútbol. Y ayer no se marchaban los aficionados lamentándose por un empate injusto, sino que hablaban de un equipo que sabe a qué juega. Ese es su secreto. Fue una entrada de verano, pero de un sueño mucho más ambicioso que el colorido que mostró Las Gaunas. Se presume un año intenso.

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