EL RADIONAUTA

PROFETA DE BARRA

SERGIO MORENO

Me gusta escribir en los bares: sobre lo que sea y en el garito que sea. Se produce un intercambio de opiniones que ayuda a enriquecer lo que de otra forma tengo la sensación serían cuestiones aún menos interesantes de lo que habitualmente creo que son. Sentirse en la soledad del friki de la Segunda B es algo que no resulta fácil de llevar. Bajo esta circunstancia, saber qué opinan otros me permite asumir que mis reflexiones pueden servir de algo, pues surgen habitualmente de considerar a esas terceras personas mucho más expertas, con más criterio, y por supuesto más altas y guapas que yo.

Abres el ordenador y te pones a escuchar. Las líneas te las escribirán otros. No tarda en llegar el aficionado que busca sacarse el frío del plástico vacío de Las Gaunas tras un nuevo mal resultado con algo caliente que reconforte el espíritu y haga su vuelta hacia un lunes algo más agradable. Busca alguien con quien compartir sus miserias: que si es una buena plantilla, que si Sergio Rodríguez el año pasado demostró saber gestionar un equipo profesional, que si son ya muchos años de decepciones, que otro año perdido, que siempre hay tiempo... Las esperanzas y todas esas mierdas recurrentes (son las mías) que ayudan a digerir los destrozos que causa en el alma y la salud la Segunda B. Estamos con esta gente. Brazo por encima, gesto cariñoso, apretón sincero, y a seguir lidiando con la vida. Se trata de hallar fuerzas para afrontar el partido en Guernica. Sí, a Guernica.

No tarda en llegar la otra especie habitual de los bares logroñeses un domingo cualquier por la tarde. Su discurso es duro y su cara no está enrojecida por el frío: Las Gaunas vacías, no tienen ni idea, no juegan a nada, no ganan a nadie, así no se puede. Ojo, que viene lo importante. Remata con la frase más mítica, un 'hit' del discurso errante: «Logroño se merece un equipo en el fútbol profesional; pero con esta gente será imposible». El 'mendas' cierra su discurso con un girito esperado: «Llevo 15 años sin ir a Las Gaunas». Es su momento: el de la nostalgia indestructible del profeta de barra.

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