PRINCIPIO DE REALIDAD

Iván Aguilar, que volvía al 
once de la UD Logroñés, 
pelea por el balón. 
:: f. de la hera/
Iván Aguilar, que volvía al once de la UD Logroñés, pelea por el balón. :: f. de la hera

La falta de intensidad competitiva lastra a domicilio a un equipo desapasionado La UD Logroñés pierde un partido anodino ante un rival anodino en una tarde anodina

SERGIO MORENO

Irún. Resulta que la UD Logroñés es un conjunto que prefiere dejar para mañana lo que puede hacer hoy; es decir, ayer. Resulta que no conviene caer en los placeres del yo. Y nada mejor que perder para evitar euforias innecesarias por verse entre los mejores de la categoría. Así es el principio de realidad, aquel que indaga en el yo del sujeto y que le impide la satisfacción inmediata de todos sus apetitos pues haría imposible su vida.

1 REAL UNIÓN UD LOGROÑÉS

0

Real Unión
Otaño; Estrada, Aimar, Esnaola, Urkizu; Senar, Mikel Alonso; Capelete (Letamendia, m. 78), Orbegozo, Juan Domínguez (Martins, m. 72); Jorge Galán (Hernáez, m. 79).
UD Logroñés
Miguel; Miguel Santos (Carlos García, m. 65), Caneda, Ramiro, Zubiri; Arnedo, Remón (Germán, m. 78), Carles Salvador; Iván Aguilar, Rayco, y Marcos André (Ñoño, m. 62).
Gol
1-0, m. 59, Jorge Galán.
Árbitro
Gao Aladro, del colegio asturiano. Amonestó a los locales Otaño, Galán y Domínguez; y al visitante Remón. Expulsó por roja directa a Aimar en el m. 84.
Incidencias
Stadium Gal. Un grupo de riojanos se acercó a animar a su equipo.

Es la tristeza un estado de ánimo que resulta en la zona media de la tabla hasta confortable. No hay urgencias de ningún tipo: ni por arriba ni por abajo; a temperatura ambiente se vive mejor. Ni frío ni calor. Es más duro ganarse el derecho a sonreír. La tristeza enlaza directamente con la ausencia de mérito. Para sonreír hay que hacerlo bien, y no siempre da buenos resultados. Para qué sufrir. La tristeza se asienta en este caso en concreto sobre el rechazo constante a aprovechar las oportunidades que está teniendo el equipo para transcender, en este caso, en la tabla clasificatoria. Así que el principio de realidad de los blanquirrojos indica que no están en estos momentos por labor de ser importantes. Y así es imposible.

Y la insustancialidad es la mejor aliada de la tristeza. Es un estado anímico anterior a la depresión, e impide en esto del fútbol sumar puntos lejos de Logroño. Ante un rival anodino como el Real Unión, la UD Logroñés se apresuró a serlo todavía más, para tener como consecuencia una tarde anodina impropia del habitualmente rutilante e intenso Grupo II.

Real Unión (con tres derrotas consecutivas) y UD Logroñés (sin ganar fuera desde la primera jornada) se empeñaron en perder el partido de ayer, y finalmente los locales lo acabaron ganando sin encontrar una explicación razonable, pues el principio de realidad de ambos equipos indicaba que los dos merecían perder, para en la medida de lo posible caerse cuanto antes de ese grupo que luchará con esfuerzo por estar entre los mejores.

Los locales por débiles en defensa, y los visitantes por la ausencia total de intensidad competitiva... ambos debieron perder. Así que lo normal hubiera sido empatar, pero un acierto aislado en una segunda parte terrible por parte de ambos equipos inclinó el asunto hacia el lado local. Zubiri (titular por los problemas estomacales que afectaron a Sotillos, Espina y Paredes) fue superado, Capelete la puso al primer palo, y Galán metió la cabeza por instinto para en el minuto 59 establecer una pregunta a su rival. ¿Tendrás capacidad de respuesta? Y de nuevo la confirmación de la negación. No. Ayer no existió capacidad de respuesta, lo que viene siendo habitual. A domicilio es un trauma al que conviene ponerle respuesta cuanto antes.

Tenían los riojanos una oportunidad única para superar a un rival en horas muy bajas, para situarse entre los mejores, y volver a Las Gaunas con la afición entregar para todos juntos seguir compitiendo en las alturas. Pero está comprobado que a día de hoy este equipo sufre un serio problema de intensidad competitiva. Debería poder llevar los partidos hacia la tensión, el nervio, el empuje... la vida o la muerte, pues de eso va el fútbol. Vivir o morir, para volver a intentarlo el siguiente fin de semana. Deberían salir los jugadores al terreno de juego recién afeitados y acabar los partidos con una barba de tres días, con más arrugas, cansados, destrozados: triunfantes o dolorosamente derrotados. Pero no es así.

El archivo general de las emociones está absolutamente vacío. No hay nada. Este equipo ha olvidado la emoción que sintió al verse líder en la jornada tercera; ha olvidado lo bonito que resulta no perder nunca; lo apasionante que es ganar en el minuto 90; lo extraordinario de ganar todos esos partidos de medias caídas.

O brilla o pierde. Y brillar en Irún es tan difícil como hacerlo en Les Caleyes, Gobela, o Merkatondoa. Uno solo ilumina su propio camino desde la intensidad, la constancia y la entrega en cada disputa. Dejar pasar los minutos porque no se ha acertado en tres claras oportunidades antes del minuto 10 es un lujo que este equipo no está a día de hoy en disposición de permitirse. Falló dos Iván Aguilar, y otra Rayco... y todo lo demás de peligro llegó en disparos lejanos de Carles Salvador. Poco más. A todas luces insuficiente. Y si a esto se le añade la mala costumbre de encajar siempre un gol más por errores propios que por aciertos del rival... lo de ganar fuera de casa se pone complicado. Por suerte, el domingo se juega en Las Gaunas.

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