Primera bola de partido salvada

Salva Chamorro festeja su gol, el segundo de la UDL, junto a Marcos André. /Fernando Díaz
Salva Chamorro festeja su gol, el segundo de la UDL, junto a Marcos André. / Fernando Díaz

Los blanquirrojos apelan más al sufrimiento que al fútbol para ganar el Gernika y soñar Dos goles en los primeros minutos y un tercero de Titi cimentan una victoria que mantiene a la UDL a seis puntos del 'play off'

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA

logroño. Tenía que ganar la UD Logroñés y lo hizo. Era su obligación en la tarde de ayer, porque no derrotar el Gernika suponía decir adiós a la pelea por la cuarta plaza. Superar al cuadro guerniqués era secundario, pues el triunfo conllevaba ese logró. Pero ganaron los demás, salvo el Mirandés. Ganó el Racing en Villaviciosa, que era donde cada aficionado blanquirrojo tenía puesto un ojo. La UDL no puede alterar otros marcadores, sino cumplir con el suyo. Veinte minutos decisivos acabaron con un partido que, no obstante, albergó mucho sufrimiento hasta que Titi marcó el tercero desde su campo. La UD Logroñés salvó su primera bola de partido y se permite una semana más de sueños.

3 UD LOGROÑÉS

0 GERNIKA

UD Logroñés
Miguel, Sotillos, Caneda, Zubiri, Paredes, Carles Salvador, Muneta (Santos, 55), Rubén Martínez (Cifu, 75), Espina, Marcos André y Chamorro (Titi, 65).
Gernika
Carrio, Kevin Calle (Pradera, 61), Berasaluce, Carracedo, Ekaitz, Larracea, Olaetxea, Entziondo, Abaroa, Santamaría (Murgoitio, 84) y Txema Pan (Guemes, 75)
Árbitro
Bosch Domenech. Colegio Valenciano. Ayudado por Nizhelovsky y Gil. Amonestó a Titi, por la UD Logroñés, y a Carrio, por el Gernika.
Goles
1-0, m. 9. Sotillos entra a trompicones en el área, pierde el balón, pero mete la puntera en el último instante y bate a Carrio por debajo de las piernas; 2-0, m. 16. Chamorro remata de cabeza al primer palo tras un saque de esquina de Muneta; 3-0, m. 88. Titi marca desde su campo tras un error de Carrio en el control del balón, en terreno blanquirrojo.
Incidencias
Las Gaunas. Trigésimo tercera jornada de Liga. Tarde soleada. 2.876 espectadores.

«Si ganamos al Gernika, nos metemos en 'play off'». La frase la soltó un miembro de la UD Logroñés el sábado por la mañana, mientras los jugadores concluían el último entrenamiento de la semana. Pronunció esas ocho palabras con rotundidad. Sabía, como todos, de la importancia de este partido. Su equipo se la jugaba a todo o nada, consciente de que el todo tenía más apuestas como ésta. Cinco más.

Sorprendió Sergio Rodríguez con la inclusión de Sotillos en el lateral derecho, pero el madrileño se encargó de contestar sobre el césped que no es una apuesta, sino una realidad. El técnico apostó, además, por jugar por dentro, que es lo que le gusta. Retrasó a Salvador, incrustó a Marcos André en la banda izquierda y a Rubén Martínez en la derecha, algo más abiertos que Espina y Muneta, respectivamente, y colocó a Chamorro como referencia ofensiva. Era la solución al rompecabezas que se había creado días antes. Faltaba saber si las respuestas eran las correctas.

La UD Logroñés se hizo con el balón desde el primer segundo. No quería sorpresas. Advirtieron Paredes y Rubén, pero fue el otro lateral, Sotillos, el que dinamitó el partido. Fue un gol de contrastes, por la longitud temporal de la jugada y sus múltiples toques y por la definición, a trompicones, de puntera y por debajo de las piernas de Carrio después de ganar la espalda a Berasaluce. Gol de pillo, de ratero, pero gol. No es fácil marcar a este equipo y la UDL lo había logrado antes de cumplirse el décimo minuto.

Sin embargo, la ventaja por la mínima siempre es peligrosa. La UDL mantuvo el ritmo, porque lo tenía y mantuvo la querencia a la banda derecha durante esos minutos. Chamorro alcanzó la línea de fondo, pero su balón lo mandó a la grada Espina desde el punto de penalti. Repitió la UDL y esta vez se encontró con un saque de esquina que acabó con el esférico en las redes después de que Chamorro rematase de cabeza. Dos goles de ventaja y setenta y cuatro minutos por delante. Fue el punto de inflexión del encuentro, que parecía caminar hacia su muerte en plena juventud.

Tomó el mando el Gernika, pero era una superioridad ficticia amparada en balones laterales, sobre todo desde la izquierda. Se echó unos metros hacia atrás el equipo local, que achicó espacios y esféricos. Remató Abaroa uno de ellos, pero lo cierto es que Miguel no pasó apuros en ningún momento. El riesgo espoleó a los blanquirrojos, que antes de irse al descanso pudieron aumentar su renta, pero Espina no estuvo acertado tras otra jugada por la derecha de Rubén y poco después Carrio desbataró el intento de gol de Paredes.

La UD Logroñés saltaba al césped con la lección aprendida (seguramente) de anteriores encuentros en los que se había ido con ventaja al descanso. Se presumía un intenso periodo de trabajo defensivo previo a la búsqueda del gol de gracia. Sin prisa, pero sin pausa. La marcha de Muneta se llevó consigo la posesión. Santos intentó adaptarse al espacio, pero no es su sitio. Creció el Gernika. Apareció Olaetxea en la medular. El partido se jugaba en campo local. Balones y más balones en busca de Pan, Abaroa y Santamaría. No encontraban destinatario, pero la UD Logroñés se veía en la misma situación que vivió recientemente ante el Tudelano. Mermado de efectivos (no en el campo) y cansados. Los vascos acumularon hombres en el área con las entradas de Pradera y Guemes. La UDL apostaba por la velocidad de Titi por banda derecha. Abaroa conectó un cabezazo y dejó el cuero en las redes. Fuera de juego. La grada respiraba, pero al equipo le faltaba fuerza para adelantar líneas. Nervios, angustia. El sino del necesitado. Sufrir hasta el final.

Más allá de la medular existía un abismo. Titi protagonizó alguna escaramuza, pero en solitario. Aun así, Marcos André pudo hacer el tercero. Lo mandó a la grada. Como en Villaviciosa. Como Espina en el primer periodo. Más sufrimiento, porque el Gernika no iba a cejar en su empeño.

Sin embargo, el fútbol es caprichoso. Marcos André despejó uno de esos reiterativos saques de esquina. Carrio dejó el balón muerto en su fallido despeje en campo riojano y Titi, desde ahí, lo alojó en las redes. El balón entró rodando ante le desesperada carrera del portero. El cuero corre más sin pies que con ellos. Titi, tenía que ser. Más de un año de sufrimiento, de espera, de saber que el fútbol está lleno de obstáculos. El asturiano no lo dudó. No se subió a la valla del fondo sur a festejarlo, sino que se marchó a la grada y se fundió en un abrazo con Álvaro Arnedo. La tarjeta bien merecía la pena. Titi, Álvaro y todos se merecían un final así. Final que, no obstante, es un punto y seguido en la pelea.

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