SEGUNDA DIVISIÓN B

La UD Logroñés se convierte en un equipo previsible

Los rivales blanquirrojos ya saben cómo juega el equipo riojano, que se ve más débil en ataque y en defensa A la UDL le cuesta más romper al rival y marcar goles y menos que le hagan un tanto. Conclusión: el ritmo es menor al del pasado año

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA

Logroño. «Sabemos a qué jugamos y en ocasiones perdemos el balón. Iker Alegre ha resuelto muy bien. A nivel defensivo tenemos que recuperar cosas que hacíamos antes, pero que ahora hemos dejado de hacer».

Sergio Rodríguez dejó entrever el porqué de las últimas derrotas de la UD Logroñés, tres en los ocho días más recientes, pero no fue más allá. Su discreción le hará hablar dentro de las cuatro paredes del vestuario que la UDL ocupa en el Mundial'82. El equipo riojano acumulaba victorias porque sabía como destrozar a sus adversarios; ahora, éstos también saben cómo superarle, pues también estudian a sus rivales. Ya no provoca la sorpresa de la pasada campaña. La UD Logroñés necesita reinventarse, sin abandonar su idea como dice el técnico, pero necesita incorporar más variantes porque las que tiene son conocidas.

1 Fútbol conocido La UD Logroñés sorprendió con su juego a sus rivales
Les destrozó con su fútbol en muchos momentos. Ahora, esos adversarios tienen mucho más estudiado el juego de los hombres de Sergio Rodríguez.
2 Menor fortaleza defensiva La UD Logroñés encaja más goles en esta temporada que en la pasada
El bloque no es tan compacto ni tan agresivo en el robo del balón, aunque la presión alta sigue creando problemas a los rivales.
3 Menor capacidad goleadora Siete goles en seis partidos
El pasado año jugó a un ritmo de 2,3 goles por partido; este, a 1,1. Un bajón considerable.
4 Portería a cero Les cuesta mucho más acabar el partido sin encajar goles
Dos en siete ocasiones; el pasado año, siete, en diez. Así, las obligaciones ofensivas crecen.
5 Ataque previsible La UD Logroñés crea peligro por la banda izquierda y con la llegada de jugadores por el centro, en especial Carles Salvador
Cerrar espacios significa tapar a Paredes y Ñoño y no dejar maniobrar a futbolistas como el citado Salvador y Muneta. Todo en movimiento, ya que balón parado no ha marcado aún.

Rodríguez quiere recuperar conceptos defensivos que entiende que se han perdido con el paso de los partidos. Los números demuestran esa pérdida. El técnico dirigió a la UD Logroñés durante la pasada campaña en diez encuentros. Ocho victorias, un empate una derrota. Veintitrés goles a favor y tres en contra. Pero sobre todo, siete partidos sin encajar un gol. Este dato es fundamental, ya que no demanda acertar por obligación con el remate. El ejemplo de este año es el Burgos: dieciséis puntos con cinco goles marcados... y ninguno encajado.

El preparador formó un equipo muy compacto en muy poco tiempo. Apenas le generaban situaciones de gol y era capaz de crear muchas opciones de ataque, siempre trabajando con las líneas juntas y presionando muy cerca de la portería rival. En ataque, ponía en práctica conceptos muy concretos, claros y que tenían como destino explotar al máximo las carencias del adversario de turno.

El técnico riojano suma seis partidos esta temporada en Liga, más tres en Copa del Rey. Su trayectoria liguera se resume en tres victorias, un empate, dos derrotas, siete goles marcados y cinco encajados. Sólo ha sido capaz de mantener su portería a cero en dos ocasiones: Barakaldo y Amorebieta. Así, en cinco compromisos ha necesitado al menos un gol para puntuar y dos para ganar. Mayor exigencia para un conjunto que promedia poco más de un tanto por encuentro, cuando el año pasado su media alcanzó los 2,3 goles. Mucha diferencia. Y de esos siete goles marcados, tres fueron ante el Vitoria; los otros cuatro se reparen en cinco compromisos.

Los números no engañan. La UD Logroñés defiende peor y también define peor ante la portería rival. Sergio García incidió el año pasado en disponer un equipo ordenado, con líneas muy juntas, solidario en el trabajo y, en suma, muy difícil de superar. «En la segunda mitad hemos estado muy desequilibrados», admitía el domingo por la noche. Una pérdida de balón superada la medular acabó en gol, llegando el balón al otro lado del campo. El año pasado, eso no pasaba.

La UD Logroñés apuesta por una presión alta que le permite generar ocasiones de gol tras robo, como el domingo quedó patente en alguna acción desaprovechada en el remate. Pero sin balón, este equipo sufre hasta permitir que un equipo como el Caudal toque continuamente. Y no sólo sufre, sino que ahí, cuando tiene que defender mucho más retrasado, algunos jugadores se inhiben. Falta intensidad y meter la pierna. Flotan en exceso. Y tampoco es un equipo contundente ni habituado a romper el ritmo a través de faltas. Diez amonestaciones en los seis encuentros jugados lo atestiguan.

Estos seis encuentros también dejan otro dato preocupante: cuesta mucho marcar en acciones a balón parado. Se trabajan como siempre, pero este aspecto también es cuestión de rachas. Ante el Caudal se acumularon numerosas jugadas de estrategia, tanto desde el saque de esquina como en diferentes faltas que provocaron sus jugadores cerca del área. No hubo remate.

Bien es verdad que en este sentido, tampoco le hacen un gran número de goles a los blanquirrojos. Calahorro estrelló el balón en el larguero el domingo en un acción a balón parado, pero la jugada estaba invalidad por fuera de juego.

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