GANAR TIEMPO

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA - PENALTI Y EXPULSIÓN

El tiempo es fundamental. De hecho, es la clave. Lo es durante un partido y lo es a lo largo de una temporada. No es lo mismo ganar encuentros en septiembre que en mayo y no es lo mismo perderlos. No es lo mismo jugar bien al inicio del ejercicio que al final; no es lo mismo mostrar un condición física envidiable en los primeros meses que en los últimos. Definitivamente, no es lo mismo.

La UD Logroñés volvió a ganar ayer. Cuatro semanas ya sin perder. El botín es de ocho puntos y podía haber sido de diez si no hubiera sido por ese maldito cuarto de hora frente al Leioa. Aun así, y pese a que este equipo perdió tres compromisos de manera consecutiva y pareció apearse del tren de la Liga, un mes después de la tragedia la UD Logroñés está a dos puntos de las plazas de ascenso y así será hasta el miércoles.

Definitivamente, la UD Logroñés está ganando tiempo al tiempo porque suma puntos y se mantiene en la pelea a pesar de que no es el equipo brillante de antaño. Ayer mutó de piel y se vistió de anfitrión porque sabía que a la Real le gusta tener el balón. El guion advertía de que era necesario ser solidario en defensa para celebrar en ataque. Y ese guion también había avisado de la debilidad defensiva donostiarra. Hasta en ese encuentro la UDL ganó tiempo. Aguantó el tipo, dio metros a la Real y le doblegó en tres rápidas acciones. Por banda derecha las tres, la más débil ofensivamente hablando hasta la fecha. Le van rivales como la Real.

Pero no sólo ganando tiempo con los marcadores, sino con sus jugadores. El crecimiento de Rayco le ha llevado a su primera explosión. Cuatro goles en seis días; la aparición de Arnedo ha tapado carencias. Ha jugado de medio centro, de lateral, de central e incluso ayer pegado a la banda derecha y de sus botas nacieron los dos primeros goles. La liga es un ejercicio de paciencia. Ese tiempo está sirviendo a los riojanos para volver a creer en sí mismos, aunque ayer aún hubiera miedo. «El Logroñés es un equipazo», dijo ayer Imanol Alguacil, técnico. El halago tiene trampas, pero ahora se puede creer en él, aunque sea tímidamente.

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