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La felicidad más efímera

La felicidad más efímera

Los aficionados pasan de celebrar con prudencia el gol de Rayco a desesperarse con el tanto de Uranga y a soñar, por un segundo, con la victoria tras el gol de Aguilar, anulado en el último instante

M.G. FERNANDO DÍAZ

Los aficionados de la UD Logroñés se han acostumbrado a vivir en una montaña rusa que no se sabe cuándo acabará, pero que al menos durará diecinueve viajes. Las Gaunas es lugar de disfrute, pero también de sufrimiento. Cuesta entender los altibajos de este conjunto que genera muchas ocasiones, pero le cuesta marcar, y al que marcan sin apenas crearle oportunidades de gol.

El aficionado blanquirrojo celebró con incredulidad y prudencia el gol de Rayco, quinto en su cuenta, porque daba por hecho que el colegiado cántabro lo anularía por falta de Marcos André a Txemi. No fue así y Rayco despertó al graderío con su celebración. De la sonrisas se pasó a la desesperación, pues apenas un par de jugadas después, Uranga empató el partido e hizo que el seguidor pisará de nuevo tierra. Una vez más. Otra vez. La historia de siempre. Algún pitido muy tímido antes de que el silencio se apoderase de la grada como paso previo a la traca final, en la que los riojanos llevaron de nuevo la alegría y la esperanza a sus aficionados, sobre todo cuando Iván Aguilar cabeceó a la red, pero Parderio Puente lo anuló por fuera de juego. Y silencio de nuevo. Otro día más con la mirada perdida para despedirse de Las Gaunas.

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