Una derrota que suena

Antxón Muneta, dolorido en el suelo, durante el partido con el Sporting. / El Comercio

Un solitario gol en el minuto 9 le vale al Sporting en un partido que dominó siempre la UDL

LA RIOJA

Los partidos de la UDL empiezan a parecer repetidos. Como los cromos que los niños se intercambian cada domingo en el Ayuntamiento: éste lo tengo, este lo tengo, éste lo tengo... Los he visto todos, porque todos se parecen extraordinariamente unos a otros.

Será que los blanquirrojos no pagan buenos guionistas, porque el argumento es casi siempre el mismo: un partido más que decente, dominio en el marcador y en las ocasiones. Y derrota.

Así ha sido hasta ahora en la etapa de montaña de este noviembre. El pasado domingo se jugó bien pero se perdió contra un Mirandés que sacó el mazo en cuanto pudo. Y este domingo, se ha jugado bien y se ha perdido ante un Sporting B que ha sacado el mazo en cuanto ha podido. Que sólo ha sido una vez. Pero con una, en esto del fútbol, basta.

1 Sporting B

Dani Martín, Ramón Riego, Carlos Cordero, Juan Rodríguez, Víctor Ruiz, Cristian Salvador, Isma (Pablo Fernández, 71'), Cerro, Pedro Díaz (Berto González, 81'), Claudio (Joel Sanabria, 91'), Cayarga, Traver

0 UD Logroñés

Miguel, Sotillos, Miguel Santos, Caneda, Ramiro, César Remón (Arnedo, 76'), Ñoño (Aguilar, 65'), Carles Salvador, Marcos André, Muneta (Espina, 65'), Rayco

gol
1-0, minuto 9, Víctor

O les basta a los otros, porque lo que es al Logroñés no le alcanza ni con cien viajes de cántaro a la fuente. Los riojanos empezaron jugando como los ángeles, la verdad sea dicha. Y en seis minutos tuvieron tres de ésas que salen en los resúmenes de Estudio Estadio; entre ellas, un mano a mano de Rayco y un balón que acabó en el palo tras rechace.

El Sporting no aparecía, muy superado en defensa y en el centro del campo. Pero resultó que en el minuto 9, en un simple córner, la UDL demostró que es un equipo con natillas en los cimientos. En el saque de esquina los sportinguistas pudieron rematar sin oposición dos veces. La primera fue al larguero; en la segunda, el central Víctor se encontró un rechace franco a un metro de la línea. Y claro, no falló.

Un monólogo

Y lo dicho, que a partir de ahí, lo de siempre: un monólogo, un partido con un sólo dueño que no sabe reclamar lo suyo casi nunca. Sólo en el inicio de la segunda mitad pareció que el Sporting quería alejar el balón de su área, pero no le duró mucho. No llegó a crear peligro, y la UDL sí. Quizá la más clara la tuvo Marcos André en el 61, de cabeza, pero no afinó. Y las llegadas al área pudieron ser 20. O 50. O 100. Porque el resultado es el de siempre: ná.

No será por no intentarlo, claro; la actitud y el querer a este equipo no se le niega. Ni la ambición a su entrenador, que acabó jugando con un casi inédito Aguilar-Espina-Marcos André en punta.

Pero las cosas son como son. La UDL ha sido mejor durante mucho rato que el primero y el segundo de la liga. Pero ha perdido con los dos. "Merecer" es un verbo inútil en el balompié.

Queda liga, en fin, y el consuelo de que el guión puede cambiar, porque fútbol hay en este vestuario. Pero qué aburrida empieza a ser esta película.

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