Una derrota increíble

E.C.

Dos errores atrás y una infinidad de ocasiones desperdiciadas explican la cuarta derrota consecutiva de los blanquirrojos

LA RIOJALogroño

El fútbol es un deporte único. O casi: en pocas disciplinas más se puede dar que uno de los dos rivales sea claramente mejor que el otro... y que acabe perdiendo. Pero así es el balompié, y así se explica que la UDL se vuelva de Villaviciosa este domingo con otra derrota (tercera seguida en liga, cuarta consecutiva si se cuenta la de Copa) en un partido que debió ganar y que acabó perdiendo de manera casi increíble.

Porque increíble es, por ejemplo, la ocasión que marró Marcos André en el primer minuto del partido, mandando a las nubes un balón que era más fácil meter. E increíble es que el rosario de ocasiones que a partir de ahí llegaron no acabaran en gol. Pocos partidos así va a ganar el Lealtad en casa: los asturianos no demostraron gran cosa, se vieron dominados y parecían destinados a pasar por el matadero.

Pero no. Sólo una cosa empañaba el domino de la UDL: de vez en cuando aparecía por banda izquierda Rober y superaba con claridad a su par. Y en una de ésas, un balón llegó al segundo palo para que Nacho, solo solito, acertara a la primera ocasión que el Lealtad pisaba el área.

Era increíble, y siguió siéndolo: en el 41 Marcos André mandó el balón al larguero. En el 52, Paredes a un defensa en línea de gol. En el 55, Rayco remató fuera de cabeza cuando estaba solo en el área pequeña. En el 59, Arnedo de nuevo al palo.

Acierto y error

En fin, parecía cuestión de tiempo, y lo fue: Marcos André acertó, esta vez sí, en el 60, de cabeza. Tenía buena pinta la cosa, en fin: el Lealtad no parecía capaz de dar más, y la UDL estaba haciendo todo lo que necesitaba, y le faltaba el gol.

El Lealtad se sacudió un pelín el dominio, pero sin crear demasiados problemas. Todo lo que hacía era por indecisiones o malos despejes visitantes: una sensación inquietante, porque parece haber vuelto el tembleque de piernas en la parte de atrás que el año pasado costó la temporada.

Rayco tuvo otra en un buen disparo en el 76. En fin, que pintaba bien.

Pero llegó el 79, y el doble fallo de Miguel: primero salió a por uvas lejísimos de su puerta, arrollando a un atacante, y luego fue a por el balón sin darse cuenta de que a su espalda otro atacante llegaba antes. Le pitaron un penalti, pero en realidad hizo dos. Blanco hizo el gol, y el Lealtad volvía a adelantarse.

Era demasiado. La UDL no volvió a crear peligro serio, y el partido se le escapaba. Además, perdía a Remón por doble amarilla en el 90.

En fin, cuatro partidos perdidos de manera consecutiva, los últimos tres de manera increíble. El mazazo es más moral que futbolístico, porque el Logroñés hizo méritos suficientes para ganar los tres.

Pero los ha perdido, y ahora la palabra ya está aquí: crisis.

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