Desolación en blanco y rojo

La expedición blanquirroja, ayer al mediodía en el aeropuerto de Barajas, tras llegar de Formentera. / FOTO UD LOGROÑÉS

La UD Logroñés regresó ayer a Logroño con sus hombres abatidos tras tener en la mano la clasificación y perderla

CARLOS FERRER

logroño. La palabra desolación viene a reflejar con bastante exactitud cómo quedaron los jugadores blanquirrojos tras perder el partido con el Formentera, un encuentro que tenían ganado por 0-2 a falta de ocho minutos para el final y que vieron cómo se desmoronaba como un castillo de naipes todo el trabajo realizado hasta entonces para conseguir el pase a la cuarta eliminatoria de la Copa del rey, la que premia deportiva y económicamente a los clubes modestos.

Si la UD Logroñés ha jugado dos veces contra los equipos 'europeos' (Valencia (10/11) y Sevilla (15/16), en los dieciseisavos de final, también han sido dos las ocasiones en que ha sido eliminada en la tercera eliminatoria. Fue ante el Mirandés que entonces dirigía Carlos Pouso en la campaña 12/13 y ahora, ante el Formentera, sólo que esta eliminación ha sido mucho más dura. En sus otras tres participaciones perdió en primera ronda ante Villajoyosa (09/10), SD Logroñés (11/12) y Calahorra (16/17).

Sergio Rodríguez es consciente del palo sufrido y ayer indicaba que había sido muy duro, por cómo ocurrió. «Lo veíamos muy encarrilado, no había atisbos de excesivo peligro por su parte. Anímicamente, el equipo ha quedado muy tocado. Hemos pasado todos muy mala noche, los jugadores estaban muy fastidiados, por no decir otra palabra mas fuerte. El premio era muy importante para el club, para los jugadores y para todos. Y que se escape el triunfo como se escapó deja a todos muy mal. Pero ya ha pasado, hay que cambiar el 'chip' y trabajar duro para revertir la situación», apuntaba.

Lo que quiere pensar Sergio Rodríguez es que todos han aprendido la lección: «Un partido que a diez minutos del final se gana por 0-2 y en el que nos eliminan nos tiene que hacer pensar mucho en que hay que saber manejar estas situaciones. Espero que nos deje huella y que lo vivido nos ayude a manejar mejor los partidos en el futuro. Ahora tenemos que reaccionar para cumplir el objetivo de la Liga».

Se habló de relajación, de echarse hacia atrás tras marcar el segundo tanto. «Nos fuimos atrás con cierta lógica, pero nos faltó tener el balón. Ellos no creaban excesivo peligro y pudo haber un poco de relajación. No achaco a eso la pérdida del partido. El empate y el primer gol de la prórroga nos hizo remar contra corriente, después de haber tenido todo a favor. Anímicamente hizo mucho daño», indicaba el técnico.

La desolación y el abatimiento se reflejaba en el rostro de los jugadores. Pero Sergio Rodríguez no quiere darle más vueltas ni individualizar la derrota. «Si hay que individualizarla en alguien, es en mí, en el entrenador, que es el culpable de lo malo que pueda pasar. La actitud y compromiso de los jugadores ha estado en la línea habitual. Nadie está contento. Estamos en situación de mejorar y hay margen para todos en el objetivo de seguir buscando lo mejor para el equipo. La desolación de los jugadores es un hecho, pero tiene que ser momentánea. Ahora es el momento de pensar ya en el futuro, de intentar que las caras sean otras, con nosotros, los técnicos, los primeros».

Y es que no hay tiempo para seguir con lamentos. El domingo viene el Caudal, de nuevo en la competición liguera y el triunfo se hace innegociable en Las Gaunas. Es lógico que la moral de los jugadores esté por los suelos, pero hay que sobreponerse cuanto antes y cambiar la dinámica de una semana que ha sido muy negativa, demasiado, para le entidad blanquirroja, con la derrota de Burgos y con quedar apeada de la Copa cuando se tocaba con los dedos el premio gordo de los dieciseisavos de final.

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