SPORTING B 1 - UD LOGROÑÉS 0

DERROTA EN SILENCIO

Miguel Santos, ayer
lateral izquierdo, pugna
por un balón aéreo.
:: el comercio
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Miguel Santos, ayer lateral izquierdo, pugna por un balón aéreo. :: el comercio

La UD Logroñés inaugura con esta derrota un posible nuevo escenario: la desconfianza Los blanquirrojos juegan en Gijón una gran primera parte y una buena segunda mitad ante un gran rival, que en la primera que tuvo ganó el partido

SERGIO MORENO

Gijón. El silencio puede ser interpretado de muy diversas maneras. En silencio se trabaja mejor. Todos concentrados, cada uno haciendo lo que se le ha encomendado, por lo que está ahí: cada uno a lo suyo, sin necesidad de tener que observar el trabajo del de al lado, pues se sabe que lo está haciendo, como todos, bien. O el silencio puede ser también la sustantivación física de un problema mayor, que la cosa no sale ni está por la labor de salir porque nadie toma la iniciativa de cambiarlo. Cada uno va a lo suyo y es hasta este punto hasta donde está dispuesto a dar en estos momentos. Y el silencio es enemigo de la pasión, a la que conviene aferrarse cuando se trata de remontar partidos, de superar a rivales en mejores dinámicas, de hacer justicia a lo que se está viendo sobre el terreno de juego.

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Entre un silencio y otro se sitúa la UD Logroñés. Juega tan de memoria, lo hace todo con fluidez, precisión adecuada y conocimiento de lo que todos deben hacer que nadie tiene la necesidad de comunicarse con el compañero. Estará donde debe estar, y el balón irá a donde lo quiere recibir. Es como si se jugara de memoria. Salvo cuando se llega al área rival, que entonces nadie parece recordar para qué se había llevado el balón con cierta brillantez hasta allí. En silencio jugó la UD Logroñés una gran primera parte, y en silencio prosiguió durante la segunda mitad en busca de una nueva remontada que no llegó, como viene siendo habitual, por otra parte.

Sporting
Dani; Riego, Juan, Víctor, Cordero; Cristian, Pedro (Berto, m. 81); Isma (Pablo, m. 71), Cayarga, Traver; y Claudio (Sanabria, m. 90).
UD Logroñés
Miguel; Sotillos, Caneda, Ramiro, Santos; Muneta (Iván Aguilar, m. 65), Remón (Arnedo, m. 75), Salvador, Ñoño (Espina, m. 65); Rayco y Marcos André.
Gol
1-0, m. 9, Víctor.
Árbitro
Rezola Etxebarria, del colegio vasco. Amonestó a Cristian.
Incidencias
Partido jugada en Mareo. Césped en buen estado. 350 personas. Treinta seguidores riojanos desplazados hasta Gijón.

Desde el otro extremo también se puede comprender el silencio con el que se manifiesta este equipo durante cada partido, sobre todo al final de los mismos, o cuando encaja un gol... tras otro. Es el silencio la nota predominante. En Mareo, cerca, muy cerca de los jugadores, la mañana se cerró en silencio. Pocos aficionados, poca tensión en la grada, y derrota en silencio de unos jugadores visitantes que dieron la mano, en silencio a su rival, y se marcharon, en silencio, al vestuario, y quizás, en silencio, claro, continúan masticando un problema mayúsculo: jugar como nunca (que viene siendo habitualmente) para perder como siempre.

Y es la repetición constante de este problema lo que agudiza la gravedad de que todo suceda en silencio. Jugar mejor y perder. Resulta tan doloroso que alguien debería poner el grito en el cielo. Pero nadie levanta la voz. Sobre el césped: Miguel es de pocas palabras; Caneda tampoco es de hablar mucho; Remón parece haber perdido ese punto de rabia ante las injusticias; Paredes anda fuera; Espina está desencajado; Rayco está programado solo para jugar bien; Marcos André ya no acierta y es muy joven; Salvador habla con los pies y cada vez hace menos discursos; Ñoño se enfada con todos menos con él mismo; Iván Aguilar es el revulsivo fallido; y Muneta es un caso aparte: asume la responsabilidad para la que está programa, no se esconde (como la mayoría de jugadores) para fallar casi una y otra vez tanto por precisión como por lo que es más grave aún, por la toma de malas decisiones.

Y en silencio se buscará a los culpables de la derrota de ayer. Siempre es de todos, como los triunfos. Pero ayer, en Gijón, dos jugadores del equipo no estuvieron con la marca. Y dos jugadores del Sporting, claro, remataron a puerta hasta acertar. De cabeza al larguero, y en el rechace, el segundo jugador, el central Víctor, la empujó para dentro. Está vez sí. Diez segundos tuvo para poder tomar la decisión final. Fue tanto tiempo, que el propio Víctor tardó en festejar, al creer que había sido anulado por fuera de juego. No lo estaba, todo sucedió en un córner y en el área pequeña, para que el asunto sea más grave aún.

Los riojanos habían tenido antes del minuto 9 tres oportunidades muy claras para haber destrozado el partido. Pero volvieron a chocar contra el gran problema de este equipo: la ausencia de más individualidades (más allá de Rayco) lastra el buen trabajo colectivo. Y la desconfianza puede hacer acto de presencia.

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