UD LOGROÑÉS 0 - LEALTAD 1

LA DÉCIMA SE INDIGESTA

Héctor zancadillea a
Rubén Martínez dentro
del área. La jugada acabó
con amarilla para el
blanquirrojo por simular
falta. :: juan marín
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Héctor zancadillea a Rubén Martínez dentro del área. La jugada acabó con amarilla para el blanquirrojo por simular falta. :: juan marín

Los riojanos no plasman su superioridad sobre el Lealtad, pierden y salen del 'play off' siete días después Más ocasiones, menos goles. Un penalti escamoteado y un gol mal anulado. Algunos de los ingredientes que generaron la derrota de la UDL en Las Gaunas

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA

logroño. Locura. Como pasó en Les Caleyes. La razón sucumbió a la locura. Esa razón que dice que un equipo que tiene una decena de ocasiones para marcar debe ganar el partido. Ese fue la UD Logroñés. Es locura la que dictamina que quien dispara una vez entre los tres palos, con un remate de cabeza desde más de trece metros de distancia no soló marca, sino que se lleva los tres puntos en juego. Este otro fue el Lealtad. Ambos calcaron el partido jugado en Asturias. No ganó el que mejor jugó y más generó, sino el que acertó. Ley máxime e incuestionable en el mundo del fútbol. La ansiada Décima, esos diez partidos sin perder enlazados, se indigestó en un día de solidaridad alimenticia.

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La razón dice también que cuando un jugador zancadillea a otro dentro del área es penalti. Ni asistente ni árbitro lo vieron. Penalti, como lo demuestra la magnífica y precisa imagen de Juan Marín en estas mismas páginas. La razón dice que cuando uno arranca a la espalda de un defensor (Ñoño frente a Keko) no es fuera de juego. Quinto gol mal anulado a la UDL en tres partidos. En Tafalla supuso un punto; ayer, entre uno y tres. La locura es que no te piten a favor el penalti y además te saquen amarilla por similar una caída. La locura es que el asistente no diferencie entre fuera de juego y no y opte por lo fácil, que en casa debería ser lo difícil, perjudicar al equipo ofensivo. Pero el fútbol es locura. De razón y memoria tiene poco.

UD Logroñés
Miguel, Santos (Chamorro, 78) Caneda, Ramiro(Zubiri, 45), Paredes, Arnedo, Rubén, Muneta (Salvador, 60), Rayco, Ñoño y Espina
Lealtad
Tejero. Keko, Omar, Álex Blanco (Edu Payá, 88) , Héctor, Jorge, Rodri, Mendi, Robert (Agus Porto, 75), ÁlexCruz e IvánGarrido (Montero, 60).
Goles
0-1, m. 75. Montero remata de cabeza una acción a balón parado.
Árbitro
Velasco Arbaiza. Ayudado por Aostri y Ruiz. Amonestó a los locales Santos, Salvador y Rubén Martínez; y a los visitantes Héctor, Álex Cruz y Jorge.
Incidencias
Vigesimoxexta jornada de Liga. Municipal de Las Gaunas. Algo más de 4.000 espectadores.

Había expectación por ver a la UD Logroñés de nuevo en Las Gaunas tras encadenar tres victoria y aspirar a esa particular Décima. «El Logroñés es un equipazo. Lo tiene todo. Juega de maravilla y tiene un funcionamiento muy bueno, lo que habla muy bien de su técnico», decía Roberto Aguirre, entrenador del Lealtad, al analizar el encuentro y su victoria. Sí, pero ayer perdió. Y como dijo también Sergio Rodríguez, gana quien acierta. Así fue.

Locura y razón chocan de nuevo sobre el césped. El fútbol tiende a la locura

Ahora bien, no es menos cierto que a los blanquirrojos les faltó continuidad, sobre todo en un primer tiempo en el que el técnico juntó a Arnedo, Rayco y Muneta en la medular para lanzar a Rubén Martínez y Ñoño por las bandas en busca de Espina. Por momentos, incluso se quedaban sin espacio, aunque cuando tenían el balón, el fútbol se aceleraba. Ñoño fue el primero en dar dos avisos por su banda. Se iba con suma facilidad de Keko, pero faltaba el último pase. Arnedo, a la salida de un córner, erró en inmejorable situación; poco después lo intentó desde fuera del área. Balón pegado a la cruceta, pero por fuera. Jugaba a tirones el equipo local, pero transmitía que era superior. Rubén Martínez pudo repetir su gol en Mieres, pero el cuero se le fue alto; minutos más tarde provocó esa pena máxima tras una eléctrica bicicleta ante Héctor. El partido era un desacierto. Del colegiado, también.

Quedó patente tras la reanudación. Por sí había dudas. Primero, con el gol de Ñoño. Rayco se sentía más cómodo, con más metros. Balón magnífico. Error de Velasco Arbaiza. Había más continuidad, se ligaba ocasiones. Espina tuvo dos balones para empujar tras sendas combinaciones entre Rayco y Ñoño. El asturiano no es un nueve puro. Quedó claro. Se consumían los minutos, se consumía la UDL y el Lealtad parecía sentirse más cómodo. Acumulaba hombres por dentro para paliar su inferioridad por fuera. Despejaba el balón como podía, pero despejaba.

Cambió la UDL de argumento y Salvador y Rayco lo intentaron con disparos más lejanos. Tejero apareció. Esos argumentos fallaban a los locales y reforzaban a los visitantes, máxime cuando Montero, su pichichi, hizo uso de sus 190 centímetros para cazar el balón que había golpeado Álex Blanco y marcar con un certero remate de cabeza. César Caneda saltó hasta casi su altura, pero el madrileño estaba por delante. Silencio en Las Gaunas. Y prisas.

Prisas que aumentaron la emoción pero anularon las ideas más claras. Con Chamorro en el campo se olvidaron de los centros laterales, múltiples hasta ese momento, aunque el único bueno lo remató a la madera. Llegarían los balones frontales, oxígeno para una nutrida defensa. A la UDL le cuesta mucho practicar ese fútbol de segunda jugada. Quedó patente. La locura estaba consumada, aunque la razón permite pensar que este equipo anda por el buen camino. Ya no es cuarto, sino quinto. «Lo que cuesta es mantenerse», advirtió Sergio Rodríguez. Sí, pero queda mucha liga por delante. Dura y larga. También lo advirtió.

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