La Rioja
Carlos Salvador se abraza a Amelibia tras el gol de éste. :: d.u.
Carlos Salvador se abraza a Amelibia tras el gol de éste. :: d.u.

UD LOGROÑÉS - REAL MADRID CASTILLA

MAJESTUOSA INTERPRETACIÓN

  • La UD Logroñés borda su fútbol y liquida al Castilla en 23 minutos espectaculares

  • Los riojanos hacen gala de un gran abanico de recursos futbolísticos para lograr su cuarto triunfo consecutivo

logroño. Un, dos, tres. Al contragolpe, a balón parado y en jugada. Y todo ello en veintitrés minutos colosales. Pero quedaba el cuarto, en el añadido. Sobra fuerza mental y física para hacerle un descosido al Castilla idéntico al protagonizado aquel 19 de noviembre del pasado año en Valdebebas. Es la UD Logroñés, pero no una UDL cualquiera, sino la que ha emergido gracias a Sergio Rodríguez y su equipo. Cuarta victoria consecutiva de un equipo cuyo techo lo fijan las fechas, los pocos partidos que restan. Con 47 puntos en su cuenta no está salvado matemáticamente, pero sí que puede pensar tímidamente en una nueva campaña en la categoría.

El Castilla siempre levanta expectación. Por el blanco de su color y por el escudo. Es el otro Real Madrid, el paso previo al gigante de Chamartín. Un equipo mediático que después de su paso por Las Gaunas deja en el aire su privilegiada posición en la tabla y explica por qué no se meterá en el play off de ascenso. Mucha calidad en sus jugadores, nulo funcionamiento como equipo y fragilidad defensiva. Un conjunto de cristal.

Añicos. Eso es lo que hizo la UD Logroñés con su adversario. Antes de saltar al césped sabía cómo debía jugar y a sus intenciones se sumaron los hechos, que rozaron la perfección durante minutos. Álvaro Traver suplió a Sergio Reguilón (que tiene sitio en este Castilla) en el once riojano y se erigió en el primer protagonista. La fuerza de esta UDL se ampara en la fortaleza del bloque, en su solidaridad. «El equipo no es un jugador, sino once jugadores», le recordaba Sergio Rodríguez hace unos días precisamente a Traver. Y el bloque arrolló a las individualidades, aunque éstas también son necesarias. Así se fraguó el primer gol. La UD Logroñés quiso el balón desde el inicio porque sabía que el Castilla sufre sin él. Un despeje de Amelibia a la salida de un saque de esquina se convirtió en un majestuoso contragolpe. Coulibaly recogió el balón, lo dejó de cara a Muneta, que ya había visualizado dónde estaba Traver. Llegó el balón a éste en el círculo central, lo controló orientado hacia la portería y comenzó a correr perseguido por Achraf. Ambos llegaron al área, el primero regateó al segundo y después a Carlos Abad para marcar a puerta vacía. Las Gaunas se puso en pie. Primera ovación a la espectacular ejecución del contragolpe en tres pases.

Fiesta, sol y alegría. Las Gaunas ha resucitado. Lo hizo ante el Navalcarnero y se niega a no disfrutar cada instante que queda. La UD Logroñés mandaba, tocaba e interpretaba ante un rival pobre tácticamente, con enormes espacios libres y jugadores aislados. Los riojanos cambiaron el ritmo. Muneta sacó desde la esquina y Amelibia entró solo al segundo palo para tocar con su bota derecha el cuero y marcar. Fácil, muy fácil. Cristal puro y blanco. Golpe y rotura. Otro argumento más de la UDL, que se sentía libre. Nadie le incomodaba. El Castilla se descomponía. No sabía que hacer. Coulibaly lo aprovechó. Eslalon desde la banda para llegar al punto de penalti donde apareció Muneta para cruzar el cuero. Tres en veintitrés minutos. Sólo había un equipo. Miradas al suelo y manos a las medias para ajustar el equipaje. Esa era la imagen del Castilla. No había reacción, no había nada, salvo el vacío y la impotencia. El partido de Valdebebas estaba demasiado presente en las jóvenes mentes.

El Castilla quiso acelerar el ritmo tras el descanso, pero no creía en su fuerza. Carencia de fe. Aun así, en algunas ocasiones burló el sistema local, pero entonces se encontró con otro muro, el que levantó Miguel Martínez. Ni Achraf, ni Vergos ni Campuzano le superaron en el mano. Dinámicas diferentes. Uno venía de ganar tres partidos; otro de perder dos. Lo más difícil es cambiar la trayectoria.

La UDL fue un equipo perfecto en todas sus líneas, con muchos jugadores recuperados para la causa como Carles Salvador, el gran descubrimiento de Rodríguez. Control, giro y balón al espacio. Gol de Marcos André. Apoteosis en Las Gaunas.

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