La Rioja

SEGUNDA DIVISIÓN B

El deterioro de la UD Logroñés exige cambios radicales

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Los jugadores blanquirrojos que se quedaron a agradecer al público su apoyo se fueron cabizbajos al vestuario tras el empate frente al colista. / Sonia Tercero

  • El futuro más inmediato de la UD Logroñés exige una seria transformación para los trece partidos que restan hasta el final de la temporada

  • Las alarmas están encendidas. Es imperioso un cambio de dinámica, actitud y juego para salir del pozo

El del domingo ante el Zamudio fue un partido más en la larga lista de desilusiones que ha propiciado la UD Logroñés a sus aficionados en esta temporada. Hasta ahora, mal que bien, se arreglaban los problemas del equipo fuera de casa con victorias más o menos bien fraguadas en Las Gaunas.

El empate ante el colista y el juego desplegado han encendido definitivamente todas las alarmas y hay que atajar el mal cuanto antes, so pena de que se siga sufriendo y cayendo en peores situaciones en las trece jornadas que restan hasta el final de la temporada.

Se hace perentorio cambiar la dinámica del juego y resultados del equipo, la actitud sobre el terreno, el sistema de juego y el momento por el que atraviesan varios de los componentes de la plantilla. No hay que pensar mucho sobre esa necesidad, pero hay que tener valentía para afrontarlo, dar un cambio radical y asegurarse de la disposición de todos los componentes de la plantilla.

La negativa dinámica del equipo en sus diferentes actuaciones y los sistemas que se están empleando entran dentro de la misma clave. Rafael Berges ha indicado, por activa y por pasiva, que la esperanza en la mejoría del juego empieza en la intensidad, sobre todo defensiva. Y de ahí parten muchos de los males que acercan al equipo al abismo.

La calidad de los jugadores de esa parcela está ahora mismo reñida con su rendimiento. Muchos de los goles recibidos han llegado de la misma forma, en ataques en los que se ha ganado la espalda con facilidad a a la zaga. El centro hace aguas en las situaciones de uno contra uno y en los laterales no saben cómo ayudar en la solución de los problemas, que dejan en precario a un Miguel que no puede, con todo lo que le llega y que termina también por errar, como el domingo.

Caneda, Pazó y Amelibia, los centrales blanquirrojos, no son jugadores rápidos, por lo que tienen que estar muy juntos y arropados para evitar ser superados. Ni Ferrone ni Paredes se constituyen en dos baluartes para aprovechar su dominio en las bandas.

Por delante, se está jugando con un doble pivote, que no es tal, porque no juegan paralelos y con ello no restringen las llegadas por dentro. Remón actúa en el medio centro y Adrián León juega más adelantado, en tierra de nadie y, ahora mismo, no es que el infranqueable medio al que ha tenido acostumbrada a la afición desde que llegó. Atraviesa por un momento de bajón que el equipo lo sufre. Por ese motivo se pierden muchas opciones de controlar el ritmo del partido en la zona ancha. A todos esos problemas se une que la contundencia está reñida con el estilo de los propios jugadores. Los rivales lo huelen a distancia.

En el juego de ataque, falta equilibrio. El media punta es el que organiza la creación del juego por dentro, mientras que dos jugadores asisten ahora por las bandas. Muneta esta haciendo esa labor, pero con ello no hay segundo remate ni segunda llegada. Sólo queda un referente en punta para aprovechar los posibles centros. Titi por la derecha y Reguilón o Traver, por la izquierda, desbordan y asisten, pero no encuentran rematador. Juanfran no se entiende bien con el balón y aunque arrastre al central, nadie percute de fuera del área y la segunda línea no llega al remate.

La misma valentía que deben tener los jugadores para buscar el balón y hacerse importantes sobre el césped hay que asumirla para dar un vuelco al equipo y tener más presencia en un ataque que no genera ocasiones por falta de efectivos.

Es la pescadilla que se muerde la cola, porque si se busca remate se pierde seguridad defensiva, y al revés. Pero está claro que ahora mismo el equipo no funciona. Los cambios pueden devolver esa ansia por la victoria, sacando conclusiones y haciendo que el 'chip' actual se cambie por otro más asequible a las posibilidades de los jugadores con los que se cuenta.

También ha llegado el momento de exigir un cambio de mentalidad y de actitud entre los componentes de la plantilla blanquirroja. No se trata de falta de interés, de falta de compromiso, de desidia a la hora de actuar sobre el césped. No es eso. La dinámica negativa está llevando a los jugadores a sentirse superados por la situación, unos más que otros.

El temor a hacerlo mal, a cometer un fallo por intentar hacer algo distinto, lleva a más de uno a no jugársela en ningún momento. Es una actitud de hombres con la moral muy tocada y sin capacidad de reacción, que dejan un estilo demasiado previsible y que aprovechan los contrarios para hacerse más fuertes en cada parcela.

La valentía, las ganas de jugársela, de buscar el toque inesperado, la acción fuera de lo habitual, lleva consigo errores, pero también muchas más posibilidades de triunfar que el simple seguir el guion, un guion que no tiene en estos momentos ningún sentido práctico. A la vista está.

Rafael Berges tiene que ser consciente de que debe ofrecer un cambio en el juego del equipo. Y si eso pasa por hacer cambios en la estructura, en nombres sobre el césped, puede estar seguro que el aficionado lo va a apoyar y saber apreciar. Porque es dar un paso al frente, con todas sus consecuencias.

Hay jugadores que están esperando su oportunidad para ser útiles al equipo, pero, por ahora se confía cada domingo en los mismos, que no están rindiendo como se espera.

Quedan trece partidos todavía y varios de ellos ante los equipos que figuran por detrás de la UD Logroñés en la tabla. Hay que jugar en San Sebastián de los Reyes, en La Palma, en Sestao y en Amorebieta. Si no hay un claro cambio de dinámica, no se sabe cómo se va a poder hacer frente a esos durísimos compromisos.

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