La Rioja

SEGUNDA DIVISIÓN B

Un mal viaje al pasado

Juanfran Guarnido y Adrián Pazó
se retiran cabizbajos al finalizar
el partido en el Paquito Giménez. :: alemoy
Juanfran Guarnido y Adrián Pazó se retiran cabizbajos al finalizar el partido en el Paquito Giménez. :: alemoy
  • Dos goles a balón parado sitúan a los riojanos en un lugar inhóspito en la tabla clasificatoria

La calle General Franco cruza Socuéllamos de un lado al otro. La corta por la mitad otra vía importante, la de 'El 18 de Julio' que va a parar al Paquito Giménez, que, cuentan en susurros en este páramo manchego, fue un falangista caído, y cuyo nombre cuesta reconocer en una larga lista en mármol sobre la pared de la iglesia de Socuéllamos sobre la firma de eso tan rancio, falangista y ya ilegal del 'Presentes'. Todo esto, eso sí, tapado, que no borrado, por un frondoso árbol, el único existente en esta tierra de viñas podadas hasta la miniatura. Solo un viento hueco, poderoso, ajeno y feroz llena el ruidoso silencio de las extrañas calles de este ajeno y curioso paraje de este trozo de la piel de toro que la UD Logroñés está recorriendo esta temporada con feliz generosidad... para sus rivales. Un viento que no encuentra obstáculo alguno en esta plana orografía de La Mancha, un viento que va a parar al incómodo Paquito Giménez, el campo de fútbol, no aquel muerto. Un viento vacío de voces y griterío futbolístico. Un viento que atrae el silencio, trae siempre malas noticias y surge de este desierto demográfico, donde los riojanos vuelven a perder una nueva posibilidad de sumar dos victorias seguidas por fin. Un viento que confunde a la hasta ayer mejorada defensa riojana tras la llegada de Rafael Berges. Un viento sordo, pesado, que hiela los huesos de los jugadores blanquirrojos, que bajo la luz de un sol plano de invierno camufla el verdadero daño recibido en este inhóspito escenario manchego. La UD Logroñés cayó agotada ante el viento manchego por los dos goles de un rival que luchará también hasta final de temporada por salvar la categoría, al igual que los blanquirrojos, cariacontecidos por este mal viaje al pasado.

Es Socuéllamos, Navalcarnero. Es Socuéllamos los dos errores defensivos en las marcas en sendas jugadas a balón parado del rival. Es Socuéllamos la manifestación del problema de César Remón para fijar el marcaje sobre Calahorro, que la llevó para dentro en certero y cómodo remate de cabeza; y es el Yugo (ni que pintado este nombre) Socuéllamos la escasa presión de Jaime Paredes sobre la espalda de Cortell en el balcón del área pequeña. Se giró el delantero, y la llevó a la red, para dejar así el primer tiempo -y a la postre el partido- resuelto por los desajustes riojanos en estos dos balones parados -como en Navalcarnero, por poner un ejemplo y que supuso la dimisión de Carlos Pouso-.

Es Socuéllamos un mal viaje al pasado de la historia, en general, y de los problemas futbolísticos riojanos, en particular. Es Socuéllamos dos el goteo incesante de todo el campeonato de esos malos gestos defensivos que ayer, por ejemplo, pusieron tapas arriba cualquier posibilidad de ganar el partido en la segunda parte con el vendaval meteorológico a favor. Es Socuéllamos un lugar tan inhóspito, extraño, tan manchego, que hasta desluce y borra del recuerdo de los allí presentes el maravilloso gesto de Álvaro Traver -último fichaje en este mercado de invierno- para bajar el balón del cielo impetuoso del páramo, pincharla, y acompañar el bote del cuero con su bota derecha en una vaselina sobre la cabeza de Kevin y acortar distancias en el arranque del segundo tiempo, con espacio temporal suficiente para al menos haber marcado el segundo.

Pero el tiempo juega al despiste en este desierto de viñas. Te recibe parado, se mantiene quieto en la historia, nada es nuevo, todo es viejo... menos sobre el césped de hierba artificial. Ahí corre, pasa rápido, y desmoraliza a los jugadores blanquirrojos perdidos en quiebros constantes al viento sin darse cuenta de la posición de sus rivales. Ni un tiro a puerta tras el maravilloso gol de Álvaro Traver. Ni un disparo a puerta con Titi de lateral derecho, Fran Pastor de extremo, Marcos André junto a Juanfran, y Traver por la izquierda a pierna cambiada. Nada, solo balones al aire tratando de romper sin éxito el maldito vendalval manchego. Nada en ataque para contrarrestar los dos errores en defensa.

Un mal viaje al pasado para resolver un hecho inquietante: fuera de casa, lejos, la UD Logroñés compite como un equipo menor, como uno de esos conjuntos que acaban con sus huesos en la inhóspita Tercera. Suerte que Las Gaunas parece un lugar acogedor, lo suficientemente cálido como para llegar a los 45 puntos deseados para respirar con alivio, para olvidar que fue en un lugar inhóspito donde la UD Logroñés firmó un mal viaje al pasado.

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