La Rioja

Dos goles para enmarcar y recordar

  • Los tantos de Muneta y Espina vinieron precedidos de sendas jugadas plenas de calidad y toque sutil de balón

El partido de Valdebebas va a ser recordado por los aficionados e incluso por los propios futbolistas del equipo, por su singularidad, por esos cuatro goles que dejaron un sello de buen juego en la capital del reino y, sobre todo, por dos jugadas, previas a dos goles, que resultaron significativas en el nuevo orden impuesto en el seno del equipo, el del juego en corto, por el centro y con mucho toque de balón para llegar a la portería rival. Caneda abrió el marcador y Pazó anotó el tercer gol en sendas jugadas de estrategia, la primera con la ayuda el portero local, que erró en su salida, y la segunda con un testarazo a centro de Muneta.

El segundo tanto y el cuarto tuvieron un encanto especial. Fueron dos obras de orfebrería en la progresión del cuero a pies de los jugadores riojanos, en las que los jóvenes madridistas sólo pudieron ir viendo cómo el esférico pasaba de un blanquirrojo (el sábado de azul) a otro sin capacidad de romper su progresión.

El gol de Muneta viene precedido de ¡dieciocho! toques en los que el balón va recorriendo varias zonas del campo para terminar con el remate del bilbaíno y el balón entrar por la escuadra. Miguel (1) inicia la jugada, pasando el balón a Javi Rey (2), que viene a recoger; éste envía a Pazó (3), quien lo juega con Paredes (4). El lateral encuentra a Amelibia (5), que cambia al otro lado del campo, donde aparece Ferrone (6), quien la lleva hacia atrás, para Caneda (7), que se la deja a Miguel (8). El portero la envía larga sobre la posición de Espina (9), que cede de cabeza a Chevi (10), quien la devuelve al propio Espina (11). Éste la adelanta hacia Paredes (12), que la toca para Chevi (13). El madrileño lo manda al centro a Muneta (14). El bilbaíno toca hacia Espina (15), que se la devuelve de tacón para que de nuevo Muneta (16) envíe a la izquierda a Paredes (17) que centra. El balón llega a Muneta, que dispara mordido y el balón sale despedido por arriba, para entrar por la escuadra. Una obra de arte. Dieciocho toques, en los que intervienen diez jugadores, algunos en más de una ocasión. Para recordar.

El cuarto gol también tiene un componente de juego en equipo, aunque con menos pases y más rapidez en la acción. En ocho toques y siete jugadores interviniendo, llegó el penalti de Achraf para desviar el disparo de Espina que se colaba. El propio Espina anotó el tanto desde los once metros. Pazó (1) inicia la jugada sacando una falta cometida por Sergio Díaz. Pasa a Javi Rey (2), que prolonga hacia Caneda (3). Éste envía a Amelibia (4); que se la deja a Chevi (5), quien entrega a Ferrone (6). El lateral la adelanta sobre el propio Chevi, quien conduce hasta la línea de fondo y centra (7), para que Espina remate en el segundo palo (8). El balón entraba y Achraf cometió penalti para evitarlo. Otra jugada de libro, que salió bien. Fue lo que fraguó el excelente triunfo blanquirrojo.