La Rioja

EL TRIUNFO DE LO INESPERADO

Los jugadores blanquirrojos se abrazan tras el gol marcado por César Caneda, que abrió el marcador en una tarde excelente de juego y goles. :: ignacio izquierdo
Los jugadores blanquirrojos se abrazan tras el gol marcado por César Caneda, que abrió el marcador en una tarde excelente de juego y goles. :: ignacio izquierdo
  • Valdebebas se sitúa como el kilómetro cero de esta UD Logroñés, que ayer destrozó al Castilla

Es la Puerta del Sol el kilómetro cero de este país. Es el punto del que, dicen, parten todas las carreteras que vertebran la piel de toro. Es por tanto, el inicio y el final de todas las rutas. Salvo para la UD Logroñés, que ha desplazado este punto de partida hasta Valdebebas, al norte de Madrid, en la ciudad deportiva de la institución blanca. Es desde el Alfredo Di Stéfano desde donde los blanquirrojos quieren retomar el viaje hacia las alturas tras un primer tercio de campeonato que ha dado con los huesos de Carlos Pouso en un despacho y con los de Raúl García, su segundo, lejos de la expedición blanquirroja que viajó el viernes hasta la capital.

Y sin Pouso ni García llegó el triunfo de lo inesperado para poner fin al bienio feliz del pousismo y arrancar con una goleada esta nueva etapa incierta en el club, pero que se estrena de forma inmejorable al pasar por encima de todo un Castilla, que sumaba hasta el momento seis victorias y una sola derrota en su propio estadio.

En una semana marcada por la dimisión del técnico de Lejona, la UD Logroñés afrontaba a domicilio el partido más complicado del campeonato por todos los elementos externos que estaban marcando la semana previa al choque. Dimisión, interinidad, cambio en los horarios de los entrenamientos... El Real Madrid Castilla esperaba con todo su fantástico arsenal (Sergio Díaz, Febas, Lin, Oddegaard, Nikos, Valverde) a una UD Logroñés que parecía en precario (sin Adrián León, Reguilón, Juanfran, Fran Pastor...) y sumergida en la interinidad de no saber ni siquiera el nombre de quién será el sustituto de Pouso, y con el descenso a un solo punto de diferencia, tras tres derrotas y ni una victoria en cuatro partidos.

Lo más inesperado, así, era sin duda ganar en Valdebebas al Castilla. Y se ganó. De forma contundente, precisa, por aplastamiento y goleada. Totalmente inesperado. Con sonrisas en las caras y con el uso de la primera persona del plural. Inesperado.

Es inesperado que un equipo pueda cambiar tanto en cuatro entrenamientos. Es inesperado que pueda superar con tanta superioridad a un Real Madrid Castilla plagado de jóvenes promesas del fútbol mundial en su propio estadio. Es inesperado que Sergio Rodríguez, Javi Pineda y Eduardo Valdovinos hayan podido gestionar de forma tan fantástica los aspectos tácticos necesarios para tener la pelota desde el principio y llevarla hasta el área, donde se rematan los partidos.

Y es igualmente inesperado que Sergio Rodríguez, Javi Pineda y Eduardo Valdovinos hayan podido, en tan solo cuatro días de trabajo con los jugadores, abrir la espita de la presión psicológica que lastraba a la plantilla, para ponerlos a jugar sobre el césped donde por fin fueron capaces, los futbolistas blanquirrojos, de tomar decisiones adecuadas en los momentos importantes. Son tan inesperados todos estos hechos que sin duda el mérito recae en los futbolistas.

Tomar la pelota

Para jugarle al Castilla y ganarle al conjunto madrileño, Sergio Rodríguez y todo el staff técnico del club tomaron la decisión de coger la pelota y moverla de un lado al otro. Tras diez minutos iniciales de imprecisiones ante un Castilla dinámico y veloz, los jugadores blanquirrojos lograron hilar cuatro pases en una jugada que finalizó Mendi de disparo lejano que requirió de una gran parada de Abad. La espita de la presión se abrió, y el equipo se puso a jugar una media hora de fútbol perfecta, pues no existe otro término que pueda explicar lo inesperado de marcarles tres goles al Castilla en su propio estadio en tan sólo trece minutos.

Es cierto que el primero, el de Caneda, llegó tras un grave error del meta blanco. Pero a partir de ahí arrancó un ejercicio perfecto, e inesperado, de juego visitante. Al menos diez pases preceden al remate a la escuadra al primer toque de Muneta para hacer el segundo en el mejor tanto en lo colectivo del equipo en todo el curso. El tercero, a balón parado en remate de cabeza de Pazó; y el cuarto, de penalti tras una gran contra de los riojanos. Inesperada la contra, inesperado que le piten un penalti al equipo, e inesperado marcar justo en el instante que más está apretando el rival para acortar distancias. El cuarto certificó que en ocasiones conviene esperar lo inesperado para aliviar una crisis.