La Rioja

SEGUNDA DIVISIÓN B

Pouso deja el banquillo de la UD Logroñés

Carlos Pouso y Félix Revuelta sonríen el día de la presentación del equipo blanquirrojo en Las Gaunas. :: díaz uriel
Carlos Pouso y Félix Revuelta sonríen el día de la presentación del equipo blanquirrojo en Las Gaunas. :: díaz uriel
  • El técnico dimite, se centra en la dirección deportiva y su primera labor será fichar otro entrenador

  • Es y no es una sorpresa. El técnico decide dejar paso a otro preparador que convierta en éxito el fracaso que él ha vivido

Carlos Pouso ya no es entrenador de la UD Logroñés. Lo anunció la entidad a última hora de la tarde de ayer. Dimitió. Ahora bien, sigue en la entidad. Félix Revuelta y él han acordado que siga como director deportivo del club. Su primera labor desde los despachos es la de buscar un técnico que mañana dirija el entrenamiento que está previsto en el Mundial 82. Carlos Pouso cae reo del gran dictador que es el marcador. Hace unos días, Revuelta ratificaba su confianza en él y Pouso le declaraba fidelidad eterna. El resultado es mucho más fuerte que el sentimiento. Después de 101 encuentros al frente del equipo, de ser el único técnico que ha llevado al club a jugar el play off, el banquillo de Las Gaunas busca inquilino.

Cuatro victorias, cuatro empates y seis derrotas. El peor arranque en la era Carlos Pouso, que llegó en el verano del 2014 con el reto de ascender a la UD Logroñés a Segunda División. Jamás estuvo tan lejos de la tabla y protagonizó un comienzo tan pobre. Dieciséis puntos suma el equipo, con uno de ventaja sobre las plazas de descenso, a once del primer clasificado y a ocho del cuarto, el que separa la satisfacción de pelear por el ascenso al fracaso de un conjunto diseñado para luchar por ese reto.

La eliminación en la segunda ronda del play off de ascenso frente al Sevilla Atlético dejó muy tocado al vasco, que abrió claramente su puerta de salida. Había fracasado. Al técnico nunca le ha dado miedo hablar de fracaso y ha sido él quien se lo ha llevado por delate. Con contrato en vigor hasta el 2018, decidió seguir al frente del primer equipo. Acometió una profunda renovación de la plantilla, firmó un acuerdo con el Eibar para trabajar juntos, pero sobre todo para sacar ventaja del momento armero. Todo eso se ha desmoronado en apenas cinco meses.

La plantilla se entrenó ayer en las instalaciones del Mundial 82. Pouso no acudió, pero por cuestiones médicas. Se sometió a una resonancia magnética para ver cuál es la lesión que sufre en su rodilla derecha. Adrián Pazó le arrolló el sábado durante el entrenamiento matinal. El equipo trabajó ajeno a lo que se estaba preparando en los despachos. Ahora bien, desde que comenzó la campaña, Carlos Pouso ha dejado entrever en más de una ocasión su predisposición de dejar el banquillo. «Igual tengo que salir yo para que los futbolistas puedan jugar más tranquilos», decía el preparador después de que el equipo perdiera en Navalcarnero.

Una semana después

De hecho, la semana pasada fue caliente. En su ánimo cobraba más fuerza la opción de pasar a un segundo plano. Félix Revuelta salía a su rescate y reforzaba su figura con un discurso tan contundente como efímero. En el fútbol no existe la palabra perenne. «Yo sigo con Félix para lo que él diga: entrenador, director deportivo, cortar el césped, de hamaquero en su hotel, en el «Health House»... Le voy a ser fiel mientras él quiera. Mi relación con Félix va más allá de lo deportivo porque como personas congeniamos, pero quizá llegue un momento en que nos separemos. Él se va y yo me quedo y viceversa», respondía el preparador el viernes. No se va ninguno de los dos, pero ya nada será como hasta ayer. Y es que ese viernes hablaba ya de la figura del director deportivo desligada de la de entrenador. Se mostraba ambiguo. «Mientras esté aquí, no me queda más narices. Por eso estoy doblemente fastidiado en este momento. No tengo un director deportivo para escudarme ni tampoco un entrenador al que echar la culpa. Soy los dos», decía. Ya sólo es uno.