La Rioja

Despedida. Carlos Pouso trata de  consolar a Reguilón tras su último  partido, ante el Mensajero. :: FERNANDO DÍAZ
Despedida. Carlos Pouso trata de consolar a Reguilón tras su último partido, ante el Mensajero. :: FERNANDO DÍAZ

El centenario se le atraganta a Pouso

  • La decisión llega tras la derrota ante el Mensajero, la eliminación de Copa y la pésima imagen general del equipo

  • El técnico vasco deja el banquillo tras 101 encuentros, dos 'play off' y una mala racha

logroño. El 24 de septiembre del 2014, en plenas fiestas de San Mateo, Carlos Pouso se estrenaba con un triunfo en el banquillo de La Condomina ante un histórico como el Murcia. Fue el primer partido de una trayectoria que finalizó ayer, 782 días después.

En el camino, dos temporadas completas en las que la UD Logroñés ha logrado sus mayores cotas de la historia. Dos clasificaciones consecutivas para el 'play off' de la mano de Carlos Pouso, pero sin final feliz, y una eliminatoria de dieciseisavos de final de la Copa del Rey han sido el balance positivo del técnico de Lejona.

Pero también hay un debe. El primero, no ascender a Segunda División. Ése es el objetivo de Félix Revuelta, propietario del club, desde que hace siete años comenzó un proyecto que le ha costado ya varios millones de euros. Después de diversas pruebas, el empresario ya tenía claro que quería a Pouso como entrenador, pero al vizcaíno le costó dar el paso y su llegada se retrasó un año.

Pero en el 2014 llegó con la vitola de hombre dialogante, con muy buena prensa (sus éxitos coperos con el Mirandés le hicieron un entrenador conocido) y experto en la categoría, características que no habían tenido sus antecesores.

Y las esperanzas se dispararon con un inicio abrumador de ese primer proyecto de Pouso. Sólo una derrota en los trece primeros encuentros ligueros dejaron al equipo colíder y con sensación de dominio. Pero la pólvora inicial se fue mojando y el equipo acabó cuarto, clasificado para el 'play off' con comodidad.

Su primer rival debía ser el Huracán Valencia. Tras un empate en Las Gaunas, en Torrent los blanquirrojos estuvieron 20 minutos clasificados, pero el equipo vivió uno de los peores momentos de su historia. Primero, un penalti; luego, otro, que provocó la igualada. Y se vivió el esperpento del cambio de árbitro, de la llamada por la megafonía, dos expulsiones y la eliminación final que dejó un tufo raro en el ambiente, de robo perpetrado y sin condena.

La eliminación caldeó a la afición y escoció mucho en el seno de la entidad, pero también fortaleció el proyecto de Pouso. Ante la desgracia, la figura de Pouso creció. Y su segunda temporada dio alas a las esperanzas. Comenzó bien y los blanquirrojos pronto pasaron a ocupar una segunda plaza en la que aguantaron se hicieron desde la vigésimo segunda hasta la trigésimo primera jornada.

El fútbol convencía y los resultados llegaban, aportando además alegrías en la Copa del Rey, eliminando al Linares y al UCAM Murcia para clasificarse para dieciseisavos de final, donde debía llegar un rival de Primera y clasificado para competiciones europeas. La esperanza era batirse contra Real Madrid o Barcelona, pero fue el Sevilla de Fernando Llorente el rival. La eliminación, previsible, permitió a la UDL darse el lujo de jugar en unas Gaunas con casi media entrada y en el Pizjuán.

Pero el objetivo estaba en la competición regular. Y, en la recta final, el equipo quedó encallado en la cuarta posición después de cuatro empates consecutivos. Otra vez tocaba el camino largo.

El Villarreal B, uno de los favoritos, fue la primera y única víctima de los de Pouso en una eliminatoria resultadista y en la que brilló la defensa. La ilusión se multiplicaba para recibir a otro filial, el del Sevilla. No comenzó bien, con una derrota por la mínima en Las Gaunas, pero el rescoldo de la remontada alimentaba a una afición necesitada. Sin embargo, bajo el implacable sol matutino de Sevilla, el empate sin goles dejó de nuevo a los blanquirrojos en el filo del éxito.

Comenzar con los vascos

Ningún otro entrenador en la historia de la UDL había disfrutado, como Pouso, de una tercera oportunidad. Además, el conjunto blanquirrojo quedaba encuadrado en el Grupo II, con rivales vascos, madrileños, castellano-manchegos y el Mensajero canario. Era un sueño de Pouso, lidiar con el fútbol más conocido. Llegó el acuerdo con el Eibar, los fichajes experimentados y una plantilla elaborada al gusto del técnico de Lejona. Pero, con un triunfo en cuatro partidos y la eliminación en Copa ante el Calahorra, comenzaron a mermar la confianza del público.

La irregularidad era la seña de identidad de un equipo indefinido y más amedrentado con el paso de cada jornada. La explosión final del público llegó con el empate sin goles ante el San Sebastián de los Reyes, que dejó pitos y gritos de '¡Pouso vete ya!'. Las derrotas ante el Navalcarnero, cuando cumplió un centenar de partidos oficiales como técnico blanquirrojo, y la debacle ante el Mensajero han provocado su paso a un lado de Pouso. Ciento y un partidos después, la UDL busca a su quinto técnico.