La Rioja

DE RODILLAS

Acabar de rodillas. Es duro acabar de rodillas. Estar de rodillas ya supone un gesto que en sí mismo puede significar muchas cosas. Hay quien observa en estar de rodillas sumisión, otros advierten un gesto de inferioridad. También puede significar rendición, o incluso la petición de perdón. Acabar de rodillas no es habitual. Hay gente que jamás se ha puesto de rodillas. Nunca lo han hecho. Por eso, acabar de rodillas un partido de fútbol es relevante, no puede pasarse por alto, conviene darle la importancia que tiene.

Miguel, el capitán, el de Logroño, el portero de la UD Logroñés, de rodillas, sobre su propio área del gol norte de Las Gaunas. De rodillas mientras el Mensajero celebra haber ganado en La Rioja. De rodillas el capitán, con el estadio de pie y en silencio, llora la derrota. Se viene abajo, se hunde, está roto por dentro y por fuera. Porque son dos goles que le destrozan, le parten el alma. Y Paredes llora a su lado, sobre él. Con su cabeza sobre el hombro izquierdo del capitán. Minutos antes, de rodillas, Reguilón da puñetazos contra el suelo maldiciendo su mala decisión. Se giró hacia atrás, con Paredes doblándole en ventaja. Le sacó Matías la pelota, y el canario hizo el segundo, el de la victoria. De rodillas, Reguilón golpea con rabia la maldita hierba de Las Gaunas.

De rodillas se retira el alma de este equipo al túnel de vestuarios tras los noventa minutos de ayer en Las Gaunas. Carlos Pouso levanta físicamente con su mano las cabezas de algunos de sus muchachos, que pliegan el cuello para regresar a la posición que su alma les exige. No cuesta mucho imaginarse ese vestuario durante esta ducha en la que ni una gota de agua ofrece al menos una respuesta esperanzadora. De rodillas, en la ducha, el equipo asume su fracaso, observa que hasta con su público en disposición de animar en todo momento pueden sacar adelante los partidos.

La presión, se observa entonces, no venía de fuera, provocada por los pitidos de anteriores encuentros. Por desgracia este no era el problema, ni la solución por tanto residía en dejar de pitar. El problema resulta ser estructural, se encuentra en el interior de estos chicos que afrontan los partidos de rodillas, lo que les impide sobreponerse a cualquier mínimo revés que reciben.