La Rioja

Silencio en el trabajo

Los jugadores de la UDL transportan una portería en el entrenamiento.:: d. uriel
Los jugadores de la UDL transportan una portería en el entrenamiento.:: d. uriel
  • La UDL se refugia en el día a día del Mundial'82 y pasa página al miércoles

Trabajo y silencio. Nada que ver con lo ocurrido unas horas antes. Los jugadores de la UD Logroñés retomaron ayer los entrenamientos. Lo hicieron con el recuerdo fresco aún del empate en Las Gaunas frente al Sanse, pero sobre todo con el sonido de los silbidos presente y también con los gritos de «Pouso, vete ya» en la calmada atmósfera matinal. Ha sido la primera gran bronca en la era que marca la presencia del entrenador vasco en el banquillo de la UD Logroñés. Hasta el miércoles se habían producido desencuentros, pero no tan visibles como éste.

Pouso y sus hombres hablaron del encuentro de ayer. También intercambian impresiones de otros encuentros, pero éste es diferente. Ha supuesto un punto de inflexión. Con él ha llegado el miedo a las gradas, las dudas han ganado definitivamente la pelea a la esperanza. Desde el fondo sur se escuchó con enorme viveza «Pouso, vete ya», pero el pensamiento de Tribuna y Preferencia también es de desconfianza, aunque retumbe en unos pocos metros cuadrados. No hay lugar para gestos inapropiados desde el césped a la grada.

Falta de confianza. Es una de los males de este equipo por no decir el gran mal. Se confeccionó un conjunto pensando en jugar a fútbol y en no repetir en Las Gaunas la experiencia de la pasada campaña. No se ha perdido en el Municipal, pero marcadores como los vividos ante Leioa, Sestao o Sanse no han gustado. Han sido el caldo de cultivo de la explosión del miércoles. A los futbolistas blanquirrojos les cuesta jugar al ataque hasta convertirlo en algo imposible. Es lo más difícil en el fútbol, atacar con balón. Las Gaunas es el peor de los escenarios porque desnuda a cualquier bloque. Por eso la UD Logroñés se encuentra cómoda en campos como Gobela, más pequeños, y saca buenos rendimientos. La Planilla de Calahorra respondía al perfil del campo del Arenas, pero allí estaba obligado a llevar el peso del partido; en Guecho, no.

Bajo rendimiento. Es una evidencia. La plantilla no ofrece los números que se aventuraban, máxime después de una buena pretemporada, en la que compitió contra equipos de superior categoría. Defensivamente ha mejorado, pero no ofrece las prestaciones que la pasada campaña. Ofensivamente, el nivel que están ofertando futbolistas como Javi Rey, Thaylor, Mendi o Sergio García no es el esperado. Tampoco Muneta o Chevi, fundamentales en anteriores campañas. Adrián León dio síntomas de jugador fundido. A ellos se suman las lesiones de Juanfran o Pastor. Las carencias tácticas individuales son tan notables que influyen en el conjunto. Jugar sin delanteros que caigan a banda, que sean la punta de lanza del contragolpe o que tan sólo sean capaces de interpretar el juego de sus compañeros dentro del área es un problema enorme. No hay una referencia. Así, cualquier conjunto que tiene claro el dibujo, apuesta por el orden y el trabajo coral crea problemas a los riojanos, que no se sienten capaces de mandar sobre el césped.

Otro fútbol. Carlos Pouso se ha empeñado en que su equipo sea menos directo que los de antaño. Apuesta por Adrián León en el eje, pero su conjunto da la sensación de sentirse más cómodo cuando el cántabro está acompañado y liberado defensivamente. Le ha acompañado Jon Ander Amelibia. También lo podría hacer Julio Rico. Le sobra calidad. La UD Logroñés sufre con un único pivote porque a la línea de cuatro medias puntas le cuesta bajar a defender hasta que deja de bajar. Se fractura el equipo en estos terrenos y las distancias rompen la opción de crear fútbol. La UD Logroñés navega entre dos tipos de idea: toque o fútbol largo y de segunda jugada. No son excluyentes, sino complementarias.

Contra el reloj. Minuto que pasa sin marcar, minuto que se aleja la victoria. Lo saben los jugadores y los técnicos. Y si encaja un gol, la desconfianza crece. Si apuesta por el fútbol de toque, muchos jugadores no saben interpretar a hombres como Muneta hasta que ambas partes acaban por anularse. No hay superioridad por banda porque los laterales no se desdoblan; no hay superioridad por dentro porque los hombres de banda no se despegan de la cal y no hay rupturas; no hay búsqueda del balón al espacio; no hay desborde, sino recibir y apoyo seguro hacia atrás. Si apuesta por el juego largo, no hay una referencia que sea capaz de bajar el cuero, aguantarlo e iniciar una segunda jugada rodeado por compañeros. Pablo Espina es quien mejor interpreta ese tipo de fútbol, pero su nivel aumenta cuando juega al otro, al de toque, al que le permite encarar la portería. Y, sobre todo, ni con uno ni con otro hay gol porque apenas hay remate. Espina, Juanfran Guarnido y Mendi suman cinco goles en doce partidos. Cuatro de ellos, Espina. Con esos números en quienes deben resolver partidos no se puede aspirar a estar en la zona noble.

La UD Logroñés ha entrado en una dinámica mala de resultados, porque son peores de lo esperado, que ya ha afectado mentalmente a sus jugadores. No les gustan los silbidos, pero forman parte del fútbol. Nadie habla de cambios en el equipo. La calma es a día de hoy total; la confianza en el proyecto, también. No hay declaraciones llamativas, aunque los resultados mandan. El reto de este proyecto pasa por llegar con vida al 1 de enero, algo que es factible en un grupo inferior al del año pasado, y reestructurar la plantilla, que no darle un simple retoque. Los errores en fichajes que parecen una garantía de éxito han convertido al aspirante en un equipo más.