La Rioja

Salto al vacío

Salto al vacío

  • La UD Logroñés toca fondo y vive su primer gran desencuentro con la grada, que no entiende lo que pasa sobre el césped

  • Los blanquirrojos empatan ante el Sanse y dejan la preocupante imagen de equipo que después de doce partidos no sabe a qué juega

Logroño. El gran salto o las dudas. Era la disyuntiva que presentaba el partido de ayer para la UD Logroñés. Ayer,el domingo pasado, el anterior, el próximo... Es el día a día en el fútbol para la UDL y para todos que viven este deporte. El gran salto llegó, pero al vacío, a la ausencia de ideas, a la mente fundida, a la duda, al preguntarse qué pasa, por qué no hay capacidad. Muchas preguntas sin respuesta hasta la fecha y cuando no hay respuesta razonable el ambiente se envenena hasta pensar en el divorcio. Algunos piden a Pouso que se vaya y otros pitan a los que hacen tal petición o al propio técnico. Quién sabe. Mientras, los jugadores se derrumban sobre el césped y caen en gestos innecesarios. Por ejemplo, Adrián León. Venerado e idolatrado por la grada, pero agotado, incómodo. No estuvo afortunado en su gesto a la grada, pero la frustración juega malas pasadas. Hoy será otro día para un jugador de la UDL que no ofrece dudas en su compromiso.

A todo esto, la UD Logroñés empató. No había firmado tablas el Sanse hasta la fecha ni acostumbra a no marcar ni a que no le marquen, pero cuando enfrente se sitúa esta UD Logroñés incalificable, todo es posible. Empatar en casa tiene el valor de quien lo catalogue. Para el local no es bueno; para el visitante, sí. De hecho, según el técnico madrileño, su equipo se enfrentó poco menos que al Real Madrid, Barcelona o Atlético. El empate suma, pero penaliza en exceso sobre todo si el problema es una evidencia y ésta no es ganar, sino marcar el gol que dé la victoria.

Decía Carlos Pouso que deseaba ver en Las Gaunas a equipos que jugasen el balón desde atrás para poder elevar la presión de su bloque. El Sanse respondió a ese deseo. Se aventuraba que no se iba a atrincherar en torno a su área y así fue. Bloque que apuesta por tocar el balón desde la zaga, que no cae en el juego directo y de choque y que apela a la rapidez de Pichín y Javi Vicente por las bandas para romper a su adversario. Ahora bien, la UDL no presiona como bloque, no asfixia como a ella le ahoga el ambiente. Ni presión alta ni baja. Nada.

Quiso ejercer la UD Logroñés de anfitrión, que no es lo mismo que ejercer. Quiso el esférico y mandar sobre el césped. Un once de juego, con ofensividad en las dos bandas, donde destacó la titularidad de Luca Ferrone. Por medio, Adrián León se armó para guardar las espaldas a Muneta, que volvía al once. El vasco no se escondió. Pidió el balón y lo jugó en la línea tres cuartos, terreno donde de verdad sí es peligroso. Sin embargo, el encuentro no rompía. Demasiadas imprecisiones. Demasiados minutos sin que pase nada. Caldo de cultivo para la duda. ¿Cómo juega la UD Logroñés? Alguna escaramuza por banda que rescató el fútbol de profundidad por una y la llegada por otra. Reguilón se topó con el cuerpo de Sergio. Acciones indiduales. En ese ese escenario del quiero y no puedo, el primero en expresarse fue el Sanse. Fruto del error, que no de la pasión, pero Miguel impidió que Pichín le batiera en el mano amano después de una patada al aire de Amelibia. Una pizca de emoción en un partido de ida y vuelta, pero sin protagonismo en las áreas.

En ese ir y venir, el Sanse apostó por ir. La UDL se apagó. Adrián León no transmitía como en partidos anteriores; Muneta movía por mover pues Thaylor había desaparecido y Reguilón no encontraba la dirección idónea y si miraba hacia adelante, el vasco no conectaba ni con Espina ni Mendi. Mal panorama. El Sanse crecía. Sanjurjo y Arranz se hacían fuertes en la medular y empujaban al resto. Varios saques de esquina alteraban los nervios locales, aunque bien es verdad que tampoco remataban entre los tres palos. El fútbol de dos equipos que dicen apostar por él se desdibujaba.

Indefinido Muneta tras el descanso, la UDL se perdió. Un error en una cesión pudo más que dos buenas acciones ofensivas. Ha perdido contacto con la grada y se nota. La UDL había regresado al tapiz con bríos ofensivos. Apareció de nuevo Thaylor con peligro para volver a desaparecer. Primero se anticipó a Morino, pero no pudo culminar en gol su rapidez; después disparó cruzado. Por dos veces. La segunda con Chevi ya en el campo y tras un contragolpe. Se repetía el guión. El propio Chevi probaba fortuna tras una dejada de Mendi. Una vez más el balón se perdía por la línea de fondo.

Eran tímidos arañazos. Nada más. El equipo estaba roto. Sin ideas. Sin saber qué hacer. No tiene definido su fútbol. ¿Directo? Su delantero no baja los balones suficientes. ¿De toque? No hay frescura mental. ¿Al contragolpe? No hay velocidad. ¿A balón parado? Sin remate ayer. Entonces, ¿qué le queda a este equipo? La defensa. Y en ocasiones. Su creatividad es inexistente y no se puede ser fuerte en el área rival si no llegas a ellas. La defensa por sí sola no vale para ganar partidos y el ataque está mucho más enfermo de lo que parece. Es una cuestión de calidad.

Hoy empieza todo de nuevo, pero el matrimonio que forman equipo y afición ya no tiene tan buen rollo. Se pierde 'feeling' en cada encuentro. El fútbol sólo tiene un credo: la victoria. Es lo único capaz de esconder las desaveniencias y las diferencias. Cuando ganas, todos es diferente. Pasas de silbar a aplaudir; de pegar a abrazar; de detestado a deseado. El año puede ser muy largo.