La Rioja

Gobela y los mitos del fútbol

Jaime Paredes, rodeado de compañeros, sonríe tímidamente durante un entrenamiento. :: díaz uriel
Jaime Paredes, rodeado de compañeros, sonríe tímidamente durante un entrenamiento. :: díaz uriel
  • La UD Logroñés acude a su cita con el Arenas de Guecho, donde el escenario asusta tanto como el rival

Logroño. Gobela no es el típico campo del fútbol del norte. Como a otros escenarios, llegó la renovación -Las Llanas es uno de los que resiste a la orilla sur de la ría-. Ha mudado su piel, desde el césped a la grada que se levantó en la calle López Osés. Ya no es un campo sino un complejo deportivo con polideportivo, pistas de tenis, piscina... Sin embargo, Gobela no ha perdido su poder. Lo demuestran sus números. Un modesto campo del siglo XXI con el espíritu del siglo XX.

Cuando la UD Logroñés vio la luz, allá por el año 2009, el Arenas de Guecho celebraba su centenario. Han pasado dos tercios de su vida en el fútbol vasco de Tercera, aunque en sus vitrinas se aloja la Copa del Rey de 1919. Antes de la Guerra Civil vivía en Primera y Segunda División. Fueron décadas doradas. La realidad es muy diferente.

El Arenas cumple su segunda temporada consecutiva en la categoría. Hacía más de treinta años que buscaba el ascenso. Lo consiguió y ahora no quiere renunciar al salto de calidad que ha dado. Eso sí, mantiene sus raíces, las que han diferenciado al fútbol del norte con el de otras regiones españolas. «El Arenas es un equipo aguerrido, muy solvente en defensa, con gente fuerte en el medio campo, bandas desbordantes y penetrantes y delanteros francamente buenos para la categoría», indica Carlos Pouso.

El respeto a Gobela marca el partido. Es un campo para listos, para pillos. Apenas hay espacio entre la línea de banda y la tapia. 100x60 metros mide el rectángulo. En Las Gaunas, la anchura llega a los 70 metros y la longitud a los 105. Pero además hay más amplitud, no produce sensación de agobio. Allí sale el balón de banda y rápidamente se pone en juego porque lo devuelve la pared. Es como cuando jugabas en el patio del colegio y el hormigón te servía para, precisamente, hacer una pared y superar al rival. Cualquier despiste se pagará caro. La falta de concentración penalizará en cualquier saque de banda cercano al área. «La forma de jugar del Arenas empequeñece este campo. La pelota vuelve enseguida, hay menos pérdidas de tiempo y el juego tiene más viveza que en un campo normal. Es como jugar en frontón», indica Pouso.

Las ideas parecen claras. Se parte de una buena premisa. Se despieza Gobela, se desmenuza al rival y se sabe cómo jugar. «Vamos avisados de que si no hacemos las cosas como Dios manda, nos traeremos una derrota», apunta el técnico. Más claro no puede ser.

Pero todo emisor necesita un receptor, sino el mensaje se pierde. Y necesita que sus jugadores lo entiendan. La ausencia de actitud que se vio ante el Sestao significa firmar la derrota con antelación en Gobela. Aquí no ha ganado nadie esta temporada. Perdieron Fuenlabrada y Toledo, aspirantes al ascenso, y también el Zamudio, más modesto en sus aspiraciones. El Barakaldo es el único que no ha salido derrotado, pero tampoco ha ganado.

Gobela es la fuerza. Sus datos no son nuevos. La pasada campaña, la primera en Segunda B desde 1980, perdió tres partidos y ganó once; en la del ascenso, la campaña 2014/15, perdió dos y ganó doce; y en la 2013/14, firmó casi la perfección: ninguna derrota y trece victorias. Ese es el Arenas en Gobela, una fortaleza casi inexpugnable.

Cambios

La UD Logroñés acude a Gobela con cambios en su formación. Los necesita para oxigenar el once, para motivar a sus integrantes y para advertir de que no hay bula con nadie. Algunos se quedarán en el banquillo y otros en la grada. El fútbol no entiende de sentimientos.

Así, el técnico parece decidido a colocar un lateral derecho en esa demarcación. Julio Rico lo es; Carles Salvador, no. Y también a dar una nueva oportunidad a César Caneda, el central que mejor saca el balón de los que tiene en plantilla; y a inyectar confianza a un desdibujado Jaime Paredes. Pazó volverá a jugar en Gobela, pero con otros intereses. Por supuesto, Adrián León jugará por delante de ellos.

Con el sistema defensivo montado, la UD Logroñés debe pensar cómo jugar en ataque. Si apuesta por el fútbol directo y las segundas jugadas, Mendi es el elegido. Pablo Espina apunta a compañero. Segunda pieza del puzzle encajada. Queda la más complicada, la que equilibra todo: la creación y la destrucción. Por este orden. Thaylor se entrenó con normalidad. Puede jugar. No es el escenario ideal para él porque no hay espacios. Lo mismo se puede decir de Fran Pastor. Ahora bien, si se van en el primer regate la portería está mucho más cerca. Con estos dos hombres queda saber qué papel ocupará Reguilón, brillante ante el Athletic y el Barakaldo y perdido frente al Sestao. Puede jugar en la medular o en el lateral.

La sorpresa es Carles Salvador. En la medular se libera, se siente feliz. Tiene calidad, brega y oferta llegada. El atractivo de lo novedoso. Una alternativa más fresca al control de Muneta y a la intermitencia de Chevi o Javi Rey. Pouso decide, pero haga lo que haga es consciente de que solo sirve ganar. Es para lo que se juegan partidos, para ganar. El técnico recordaba el jueves a Luis Aragonés y éste siempre será recordado, entre otras muchas cosas, por frases como «las finales no se juegan, se ganan» o «ganar, ganar y volver a ganar». Dicho queda.