La Rioja

SEGUNDA DIVISIÓN B

Reguilón y compañía

Mendi controla el balón ante la llegada de Tarsi; a la derecha, Sergio Reguilón celebra uno de sus goles con Chevi. :: juan marín
Mendi controla el balón ante la llegada de Tarsi; a la derecha, Sergio Reguilón celebra uno de sus goles con Chevi. :: juan marín
  • El blanquirrojo firma cuatro goles en la victoria de la UD Logroñés y tapa las carencias del equipo

logroño. Sergio Reguilón firmaba autógrafos a los más pequeños y se fotografíaba con ellos junto a la puerta cero. Sonriente y feliz después de una tarde para olvidar. Marcó cuatro goles y la UD Logroñés cinco. Ganaron los riojanos 5-3 al Bilbao Athletic. El resultado es magnífico, pero el juego sigue siendo deficitario, sobre todo el defensivo. Pero como el fútbol no es fácil de entender, los logroñeses siguen en la plaza duodécima, pero ahora están a cuatro puntos del primer clasificado, el Rayo Majadahonda.

Sergio Reguilón tiene cara de pícaro. Educado y atento tiene pinta de ser el hijo perfecto y posiblemente el yerno que desea toda suegra. Regui, como le llaman cariñosamente en el vestuario, abandonaba en enero el Municipal de Las Gaunas rumbo a Madrid. Es madrileño y volvía al Real Madrid, de donde había llegado. Se iba un futbolista que apenas había jugado, pero que al que la grada le tributó una despedida única, como quizá nunca se había visto en la corta historia de este club. Afortunadamente, los técnicos del Castilla de esta temporada acabaron cediéndolo a la UDL. Bendito regalo. El Athletic fue superior, tuvo más ocasiones, pero no tiene a Reguilón, aunque quizá se apresuren a buscarle ascendencia vasca. Marcó cuatro goles de todos los tipos. De rapidez, de calidad, a balón parado y de pillo. Tiene 20 años, pero es capaz de poner en pie a la afición, que ya tiene un nuevo ídolo. Y el quinto fue obra de Mendi. Simplemente, espectacular.

Carlos Pouso volvió a jugar con dos puntas, fórmula por la que apuesta esta temporada, al menos últimamente. La brillantez de la que ayer gozó en ataque se sustituye por debilidad cuando se habla de defensa. Pensar que con un sistema defensivo como éste se puede aspirar a cotas elevadas es engañarse, aunque el técnico hable de «partido completo» y no vea esos problemas defensivos en la última línea. Es su obligación. Diferente es lo que hablé dentro de la caseta.

El Bilbao Athletic fue superior en fútbol. A los cinco minutos ya había gozado de dos ocasiones de gol merced a la debilidad de los dos laterales. Progresión por la banda derecha vasca y centro al segundo palo. Miguel evitó el primer gol; el segundo lo impidió la madera. Córdoba fue el protagonista en ambos. Demasiado fácil, pero como ha quedado reflejado, el fútbol no lo entiende nadie y en una acción tranquila en la que Agirrezabalaga tenía la posesión del balón y corría hacia Simón. Ceder o despejar el balón. «Tienen 19 años», recordaba Cuco Ziganda. Sergio Reguilón tiene 20. Su fe le hizo perseguir al jugador, le robó el cuero dentro del área y lo cruzó ante Simón. Pero juego, pero ventaja en el marcador. Fútbol.

Sin embargo, el resultado no se ajusta en ocasiones a las sensaciones. Los bilbaínos seguían siendo superiores. Llegaban con suma facilidad ante un rival que no presiona y que recula y recula hasta defender con siete y ocho hombres sobre la raya que delimita el área grande. Miguel evitó el gol de Guruzeta. Estaba solo dentro del área y Amelibia se preguntaba por qué. Andoni López estrellaba poco después el balón en la madera tras ejecutar una chilena. La defensa riojana era por momentos un coladero. Era cuestión de paciencia. Y en esas llegó el tanto de Villalibre. Había advertido de esa posibilidad Carlos Pouso en la previa al hablar de cómo juega el ariete vasco. Otro error defensivo. Con empate, la segunda parte iba a ser muy dura.

Eso decía la lógica, pero el fútbol es el escenario perfecto para romper guiones. Sergio Reguilón tomó lápiz y papel y en su segundo disparo a puerta (y del equipo) dejó el balón en las redes. Ejecución fantástica, con poco ángulo. Por la escuadra. Ventaja inmerecida, pero nadie dijo que el fútbol sea un ámbito exclusivo de los merecimientos. Si lo fuera, el Bilbao hubiera marcado, pero Unai Núñez estrelló el balón en la madera en otro remata a placer, a balón parado. Pero la suerte estaba echada y en otra falta similar a la del gol, pero con menos ángulo aún, Reguilón lo volvió a intentar y volvió a acertar. Buscó la picardía. Balón fuerte a media altura. Olaetxea metió la pierna y el balón voló a las redes. Tercero.

El partido ya era un correcalles. Así lo definió Cuco Ziganda. Una acción rápida de Adrián León acabó en gol. De Reguilón, por supuesto. Esta vez con la derecha. Por velocidad y por calidad. Simón sólo tocaba el cuero para sacarlo de sus redes. En pleno éxtasis y sin dar mayor importancia al sistema defensivo, Mendi firmó el quinto. Desde 35 metros y por la escuadra. Una obra de arte a la que le sobró el dedo en la boca pidiendo silencio o mandando callar. 5-1. Increíble pero cierto.

Fue en ese momento cuando el sistema defensivo cobró importancia. Y enfadó a Carlos Pouso. Segundo gol de Villalibre. Mal la defensa. Y primero de Guruzeta. De cabeza. Entre varios blanquirrojos. Nadie se movió. Mal. Debilidad y falta de concentración. Se puede entender con 5-1, pero en Zamudio encajó un gol similar en el tiempo añadido. Muchos goles, gran victoria, pero, como dice Carlos Pouso, este equipo no está «ni cerca» de como él quiere que juegue a fútbol.