La Rioja

Caneda intenta el  despeje de cabeza  ante Luariz. La  parcela defensiva  no está  siendo la base  sólida del equipo.  :: e. c.
Caneda intenta el despeje de cabeza ante Luariz. La parcela defensiva no está siendo la base sólida del equipo. :: e. c.

SEGUNDA DIVISIÓN B

Como un castillo de naipes

  • La falta de seguridad defensiva, de generación de juego en el centro del campo y de llegada fueron decisivas para repetir derrota lejos de Las Gaunas

  • Todas las ilusiones generadas por los últimos partidos de la UD Logroñés se hicieron añicos en Zamudio

La respuesta del equipo blanquirrojo en los últimos partidos, los celebrados en Toledo y ante el Socuéllamos en Las Gaunas, habían generado un clima de ilusión tanto en el seno del club como en la afición. Se apreciaba un cambio en la estructura del equipo para jugar el balón, contener al equipo rival, salir jugando y llegar al área con cierto peligro.

Todo eso se vino abajo el sábado como se va un castillo de naipes cuando sopla el aire y lo hace derrumbarse sobre una base demasiado endeble como para contener el juego de un Zamudio que aprovechó esa circunstancia para anotarse la primera victoria en el campeonato. La debilidad en la estructura actual del conjunto riojano se une a la fragilidad mental que demuestran sus hombres en el momento en que las cosas van mal dadas. La incapacidad de sacar a relucir sus mejores armas, las que han dado tantos triunfos a la UD Logroñés de Carlos Pouso, reflejan que las cosas no se están haciendo bien, al margen de que el trabajo diario sea bueno y los jugadores se fajen en cada entrenamiento para buscar su mejor puesta a punto.

El castillo se eleva siempre sobre una base firme. Cuanto más solidez defensiva haya en el equipo, más altura se puede conseguir en el juego y en las prestaciones de los futbgolistas de medio campo y de arriba. Pero si falla el armazón principal, como ocurrió el sábado en Gazituaga, se pierden las posibilidades de mantener la solidez necesaria para sacar adelante los partidos. Desde el centro no se aportaron soluciones ni sobre la presión rival ni a la hora de sacar el balón jugado debidamente.

El sábado falló la defensa, que no supo amarrar a sus rivales en la zona, permitiendo robos y goles de fácil ejecución tras sacarles los colores, primero en una rápida acción a la contra, y después en jugada de estrategia, en la que la solidez defensiva es vital para ejercer luego el dominio del partido. Salvador y Paredes no cerraron en condiciones sus bandas, mientras que por el centro Caneda y Amelibia lo pasaron ciertamente mal a lo largo del encuentro, sin aportar tampoco lo que pueden en esas circunstancias

El centro del campo volvió a fallar en el papel de engranaje entre las diferentes líneas. Los apoyos constantes del partido del Socuéllamos se olvidaron en la tarde sabatina dejando al Zamudio campar a sus anchas en la parcela y evitar, con ello, que delante pudieran sufrir demasiado. Adrián León mantiene su capacidad de trabajo, pero en esta ocasión no se encontró con Muneta como debiera y el bilbaíno sufre mucho, demasiado, cuando no tiene apoyos.

Por el momento, el equipo blanquirrojo no funciona bien en la zona de arriba si por detrás el juego no es fluido y no llegan balones en condiciones de ser jugados en ventaja. Thaylor empezó bien, pero, como en otros partidos, se descompuso enseguida. Y Sergio García, que tenía una oportunidad excelente para demostrar su calidad, se vio fuera de sitio y sin perspectivas de sacar provecho de ningún balón.

Por el centro, en la punta de la pirámide, se intuye la presencia del delantero referente, pero nada más que eso, porque o no le llegan balones o tampoco se apresura a buscarlos en demasía. Espina no fue el de otros días y tanto Mendi como Juanfran se vieron aislados y con poca capacidad de generar juego y peligro.

La defensa del conjunto vizcaíno no tuvo que sacar a lucir todo su repertorio para evitar las ocasiones riojanas. Está siendo recurrente y empieza a ser peligroso para el conjunto blanquirrojo la falta de remate, pero sobre todo, la falta de llegada. Sólo en acciones puntuales no se puede asegurar ninguna victoria y, sobre todo fuera de casa, la UD Logroñés está basando sus posibilidades de triunfo en muy pocas acciones de ataque verdadero.

Está claro que los malos vientos están azotando el armazón en el que se eleva el castillo blanquirrojo. En la cima no hay estabilidad. Si la zona media se mueve demasiado y no hay consistencia en la base, los naipes del juego se caen por su propio peso. Carlos Pouso decía ayer que llevan dos meses y que le preocupa que no se haya formado ya un equipo seguro y que juegue, como se suele decir, de memoria.

Habrá que endurecer las sesiones de trabajo para encontrar cuanto antes la fórmula que dé con una estructura sólida que aguante el desarrollo del juego rival y dé con la tecla en ataque para volver a ganar partidos.