La Rioja

SEGUNDA DIVISIÓN B FÚTBOL

EL IMPACTO BRUTAL DE UNA DERROTA

Javi Rey, Chevi y Caneda abandonan el césped con la mirada baja. :: óscar blanco
Javi Rey, Chevi y Caneda abandonan el césped con la mirada baja. :: óscar blanco
  • El Zamudio desafía la lógica con dos goles tras sendos errores defensivos de una UD Logroñés que no reaccionó hasta el minuto 80

Debería exportar tranquilidad Zamudio al resto del planeta. Es una sensación extraña. Nada pasa en este lugar. Sobre todo en fin de semana. Seguro que en los días laborales, entre semana, el asunto se pone más movido con el fabuloso Parque Tecnológico que rodea al pueblo y por ende al campo de fútbol. Pero un sábado a las 16.00 horas, con humedad y 30 grados, como que la vida parece detenerse. Los bares, cerrados; la gente, que aun siendo muy del norte, descansa en la siesta... Algún pajarillo asume con su canto la banda sonora de la tarde, antes de que el frío llegue. Poco más. «Llegáis pronto», indican en la puerta. No como el frío. Porque en Zamudio a las 16.00 horas de un caluroso sábado no se llega tarde a ningún lado.

Gazituaga recibe al visitante en paz, como su típica arquitectura de caserío. Relajados todos. Poco que hacer. Regar un poco, abrir los vestuarios, sacar el acta, imprimir las alineaciones. poco más. Esto lo llevan haciendo toda la vida, da igual en Tercera que en Segunda B, y tampoco es cuestión de darse excesiva importancia. Y si se les gana, pues como que tampoco les importa mucho. No lo han hecho aun en todo el campeonato y no parece que piensen en hacerlo hoy en una jornada cálida de sábado a la hora de la siesta, con casi más afición visitante que local, y contra uno de los favoritos de este Grupo II.

Así que el impacto brutal de la derrota de ayer no lo vio venir absolutamente nadie hasta el minuto 90. Fue entonces cuando los rostros de los jugadores y del cuerpo técnico reflejaron que la tranquilidad de Zamudio, que los cero puntos de su rival hasta entonces, habían sido el escenario ideal para un impacto colosal, para reconducir la situación sobre el césped a un estado de caos incomprensible teniendo en cuenta la escasa talla (esforzado pero sin apenas talento) del rival al que se enfrentaron. Fue en el minuto 90 cuando las miradas pedían explicaciones o consuelo, o ambas cosas a la vez. Fue al final del partido cuando la UD Logroñés se frotó los ojos para regresar a casa con el gesto arrugado, el cuerpo cansado y la mente desnutrida en lo futbolístico.

Todo está entredicho. Todo parece, en Zamudio, por los suelos. Nada acaba de tener sentido en esta cronología perfecta hacia el caos más extraordinario de estos últimos cursos blanquirrojos.

A partir de un errático y horizontal pase de Paredes desde la banda izquierda hacia el centro del campo arrancó el disparate riojano. Antes, hasta el 29, los visitantes habían acomodado sus huesos sobre el césped con la suficiencia de quien se sabe a escasos minutos de sumar tres puntos más, para ponerse con diez, y así de nuevo mirar a los primeros desde la misma altura. Era cuestión de tiempo. Pero ese pase horizontal y errático de Paredes abrió la puerta al desastre futbolístico. Falla Paredes y todo empieza a ir de mal en peor. Encara su mejor hombre, Urigüen, y adiós definitivamente a la calma de Zamudio, a sumar tres puntos, a ponerse por unas horas en playoff. Adiós de un plumazo a la confianza, al orden, al talento, a la eficacia, a la comprensión natural de los movimientos habituales de un equipo. Adiós a todo. Caneda y Amelibia se hunden. Urigüen alucina. Que conduce durante dos horas, que piensa hasta en el desarrollo del Universo, que regatea a Caneda, que marca ante la salida de Miguel de disparo raso. Y el impacto deja noqueado a todos, salvo a Adrián León, que se salva de la quema porque resulta estar a otro nivel en todos los aspectos.

En la cronología de este caos, el árbitro añade un minuto. Y Paredes concede un córner porque se enquista con el balón en un lío monumental. Se saca el balón parado y Ander Garmendia (en sustitución de su mejor hombre, Urigüen, por un corte de digestión que fue visto con felicidad por el lado visitante)marca en el balcón del área pequeña sin nadie a su alrededor. Solo, como en la plaza de Zamudio un sábado de calor y humedad a las 16.00 horas.

El caos se precipitó en quince minutos, el tiempo exacto que pasa del primero al segundo, del poder reaccionar con un gol a tener que hacer tres, sabiendo que será imposible, aunque el rival haya recibido 12 en las cinco primeras fechas del campeonato.

Imposible porque así lo demostró el equipo durante todo el segundo tiempo. 4-4-2 para encerrar al Zamudio, que de arranque se permite el lujo de salir jugando desde atrás porque Juanfran hace una presión inservible y Mendi llega tarde a todas partes. 4-4-2, para tener más remate dentro del área. 4-4-2 sin extremos. Carlos Pouso se suma a esta cronología caótica. Con Chevi deseando sentir el fresco rugir de las espiñilleras en el centro del campo, lejos del veloz y vertical mundo de la banda, y Pablo Espina, alejado también de donde es más peligroso, del área, el equipo sucumbió en el cuarto hora de la reacción. Sin extremos que pusieran balones desde los costados y con dos delanteros que en su genética está más presente la labor defensiva que el carácter rematador, el Zamudio suspiró de emoción. Tranquilidad un sábado caluroso a las cuatro de la tarde. De tanta presión mental existente en cada jugador, el bloqueo generó una incapacidad absoluta para gobernar con esmero una necesaria reacción ante el colista. Un centro-chut de Paredes fue el único acercamiento peligroso antes del minuto 81. Sucedió en el 53.

Así que ver a Adrián León como 9 durante más de veinte minutos, en la sexta jornada, ante el colista puede parecer hasta lógico, aunque no deje de ser la confirmación de que algo no se ha hecho bien en la planificación de esta plantilla. Pero en esta cronología del caos lo de menos es si Adrián León fue el mejor delantero centro de la UD Logroñés en lo que va de temporada. Lo grave es confirmar que una calurosa tarde de otoño en Zamudio la UD Logroñés no acabó de entender cómo no le pudo hacer ni un gol al de momento peor equipo del campeonato. Y es que el impacto brutal de una derrota deja noqueado a cualquiera.