La Rioja

DE SÓLIDO A LÍQUIDO

Jaime Paredes, 
titular de nuevo en
el lateral izquierdo 
de la UD Logroñés,
protege el esférico 
en el partido de 
ayer . :: carmen rojo
Jaime Paredes, titular de nuevo en el lateral izquierdo de la UD Logroñés, protege el esférico en el partido de ayer . :: carmen rojo
  • La UDL alarga hasta el descanso un buen nivel general, pero se hunde en el segundo tiempo

La boca seca, el gaznate como el agujero de un alfiler, el corazón inflamado de sangre espesa, las piernas a punto de estallar, los ojos inyectados en sangre, y la mente puesta en el fracaso. El calor profundo y pesado de Toledo unido a la derrota sufrida ayer en el Salto del Caballo arrugó el gesto de los jugadores blanquirrojos en su acceso al túnel de vestuarios. Repletos de heridas se retiraron los visitantes, que buscan sin éxito unas cuantas explicaciones a lo que no parece de momento no tenerlas.

Julio Rico con una bola en su pierna dejó el césped en el minuto 7. Fran Pastor, con los tres cambios realizados, tuvo de marcharse para dejar a su equipo en inferioridad, justo cuando el extremo se sentía importante para empatar al menos el partido. Y así mil y una malas noticias. Mendi que encara en el minuto 90, que recibe un pase de fábula de Adrián León (dolorido por los cuatro costados), que chuta raso y cruzado, que se marcha fuera para no poder disfrutar de una celebración por todo lo alto.

El empate en Toledo hubiera supuesto ayer un espaldarazo importante, porque con el hundimiento de la segunda parte salvar los muebles con un punto hubiera sido un espacio de apoyo para dotar de confianza a un equipo que anda desconcertado. O la de Chevi, que solo en el área pequeña no logró acertar a poner su pie en ese balón magistral que le puso Thaylor desde la banda izquierda. Hubiera significado el empate dos minutos después del gol local, el que hizo Jordan, que acertó, que festejó, que dio una buena noticia a su equipo. Ellos marcaron cuando mejor lo hicieron, los blanquirrojos no encontraron premio cuando fueron superiores, durante casi toda la segunda parte.

En estado sólido esta UDL ofrece algunos argumentos para el optimismo. Y en Toledo esta buena línea se alargó durante toda la primera parte. Pero Pablo Espina no tuvo suerte en dos buenos remates a puerta. No fue un festival rematador y ofensivo el ofrecido por los riojanos, pero no sufrieron atrás y eso, visto lo visto, ya es todo un paso adelante. En estado sólido este equipo puede encontrar soluciones a unos cuantos problemas.

La cuestión es cuando se va aproximando poco a poco al estado líquido. Es entonces cuando las cosas dejan de funcionar y el hundimiento es más que preocupante. El primer cuarto de hora tras el descanso es difícilmente explicable.

Se derriten las piernas

Del sólido al líquido tras el paso por el vestuario. Se derriten las piernas casi a la misma velocidad que las ideas. Y entonces todo deja de funcionar y nada parece tener sentido. Cae el equipo como un castillo de naipes, como una estatua con pies de barros. El rival lo olfatea, lo comprende y empuja a los riojanos a un estado de nerviosismo y descomprensión que hunde los partidos en una profunda oscuridad. Nada sale como debiera. Y marca el Toledo, o el que pase por allí. Acertó Jordan en un disparo desde fuera del área, pero también lo pudo hacer Pablo, Roberto, Owusu y hasta Onésimo si se hubiera vestido de futbolista. Es cuestión de tiempo. Y el tiempo pasó y el Toledo marcó para ganar el partido.

Y el equipo visitante se quedó sin respuesta, la misma que ofreció durante la primera parte. Se perdió el plan ideado, nadie fue capaz de reconducir la situación y solo el acierto del desacertado Mendi hubiera podido igualar un resultado que el Toledo debió y mereció haber cerrado en el segundo tiempo.

La solidez como argumento sobre la que basar la recuperación de una plantilla que parece estar harta del calor, de este verano eterno, de ir a contracorriente, de no hallar respuestas acertadas en los momentos decisivos de los partidos. Dudas y más dudas para encarar la semana previa a San Mateo, que no deja de ser una referencia mental para todos los aficionados al fútbol riojano, a modo de fecha límite para empezar a preocuparse de verdad.