La Rioja

DE INICIOS Y FINALES

Acaba agosto y la UD Logroñés no sólo no ha ganado ninguno de sus dos partidos, sino que ya conoce el amargo sabor de la derrota, sabor más desagradable cuando acaricias la victoria. Unos asimilan mejor que otros la derrota, aunque no hay que perder de vista dónde está el equipo y adónde quiere llegar.

El año pasado todo eran sonrisas e incluso incredulidad por el espectacular comienzo del equipo, con esos amplios resultados y su buen fútbol. Hoy todo es pesimismo. Ayer escuché que esta UDL tiene peor bloque que el de la pasada campaña. Sensación que se origina en la frustración del resultados.

Dicen los sabios de este deporte que los torneos se ganan en mayo y que las finales no se juegan, sino que se ganan. Eso solía repetir una y otra vez Luis Aragonés. La UD Logroñés comenzó con unos números fantásticos el pasado ejercicio, pero acabó muriendo a la orilla de la larga travesía que son diez meses de fútbol. Ni en octubre, ni al final de la primera vuelta se gana nada. Absolutamente nada.

Es verdad que el comienzo es decepcionante. Es verdad que a este equipo le cuesta generar fútbol y marcar goles. En este sentido, mantiene la personalidad del pasado año. Dos tantos suma, los dos con disparos lejanos. Pero también valen.

Guste o no guste, esta UD Logroñés no es la del pasado año. Es otra. Un bloque casi nuevo. No ha sufrido retoques, sino que se ha vivido una revolución. Y cuando hay muchos cambios cuesta cogerle el aire al juego en bloque.

Debe mejorar. Sí. En todas las líneas. Este momento no debería confundirse con una crisis ni con el inicio de un estado de nerviosismo. Lo importante es ascender, eso es lo que desean los aficionados de la UDL. Se asciende en junio. Eso sí, hay que ganar partidos pues en el fútbol se vive de victorias.

Por cierto, yo sí hubiera fichado a Diego Cervero. Con los ojos cerrados. Y hubiera venido a la UDL. Con los ojos cerrados.