Mundial 2018

Rusia 2018

Nadie espera nada de rusia

Exjugador del Racing e internacional ruso

Un equipo mermado por las lesiones y con siete duelos seguidos sin ganar abre el Mundial frente a la modesta Arabia Saudí

Stanislav Cherchesov da instrucciones a sus hombres en un entrenamiento de la selección rusa./Agencias
Stanislav Cherchesov da instrucciones a sus hombres en un entrenamiento de la selección rusa. / Agencias
DIMITRI POPOV

Empieza un Mundial en casa y nadie espera nada de Rusia. Siete partidos sin ganar, que es los que lleva la selección, es mucho, y la única esperanza de los aficionados es que se produzca un milagro. El grupo es los suficientemente flojo, así que no pasar a los octavos de final sería todo un fracaso, pero más allá existen demasiadas dudas. Uruguay es una selección potente, pero el partido de hoy frente a Arabia Saudí es muy asequible. En cuanto a Egipto, es un equipo muy diferente con o sin Mohamed Salah. Sin él parece muy inferior a Rusia, pero con él puede competir casi de igual a igual. Está claro que un futbolista no hace un equipo, pero es el mejor jugador del grupo y su gran temporada en Inglaterra ya ha demostrado que puede marcar diferencias.

La lesión de Aleksandr Kokorin supone un serio contratiempo. Se va a notar. Y mucho. Es la estrella de la selección y su baja deja a Smolov muy solo en la vanguardia, que solo tiene otro 'nueve' puro: Artem Dzyuba, un delantero centro grandote y de otras características que nunca ha tenido un gran rendimiento con el combinado nacional.

La de Kokorin no es la única baja por lesión que ha condicionado los planes rusos en un Mundial que juega en casa pero en el que el equipo nacional no ha despertado ilusión. Stanislav Cherchesov tenía pensado jugar con tres centrales, un 5-3-2 o un 3-5-2, según como se mire a los laterales, pero se le lesionaron dos jugadores claves para el sistema, los centrales Georgy Dzhikiya (Spartak) y Viktor Vasin (CSKA), así que ha cambiado a un 4-2-3-1. Es el sistema que ha utilizado durante los últimos dos meses, alternado a veces con un 4-4-2, aunque lo más probable es que opte por el primero.

Con todos estos problemas, Rusia llega remendada a la fase final y de los once que saldrán hoy al campo, solo tres o cuatro son fijos para el seleccionador, lo que da muestras de cómo está el equipo. Uno de ellos es Akinfeev, el mismo portero de siempre, que mantiene intacta la confianza y no dispone de rival para la titularidad. También tiene el puesto poco menos que garantizado el propio Fedor Smolov, ese delantero que marcó dos goles a España en el último amistoso y es en ausencia de Kokorin una de las estrellas rusas, de los jugadores que pueden resultar desequilibrantes. También parece fijo Aleksandr Golovin, un centrocampista que es pura creatividad y probablemente el mayor talento de la nueva generación rusa.

Para salvar los papeles en una defensa muy mermada se ha echado mano de Sergei Ignashevich, un central de tan 'solo' 38 años del CSKA de Moscú que también parece titular indiscutible. Un dato que dice mucho. Lo que no sabe nadie es quién le acompañará, aunque yo apuesto por Kutepov, un joven defensa del Spartak.

El lateral derecho se lo disputan Mario Fernández, un brasileño nacionalizado rusa e Igor Smolnikov, que no ha hecho una temporada brillante en el Zenit, mientras que en el centro del campo las bandas serán para dos jóvenes promesas: Aleksandr Samédov, de 33 años, por la derecha, y Yuri Zhirkov, de 34, por la izquierda, así que se puede uno imaginar el recorrido que van a tener.

El centro de campo es probablemente la parcela con más talento, con un puñado de futbolistas jóvenes que tienen además un gran margen de progresión. Roman Zobdin, del Spartak, los hermanos Anton y Aleksei Miranchuk, del Lokomotiv, sobre todo el segundo, y el ya maduro como Dzagóyev, que a sus 27 años también puede tener protagonismo, tienen en sus botas buena parte del futuro de Rusia.

Arriba, eso sí, solo queda la figura de Smolov, que va a tener mucha más responsabilidad de la que se esperaba. El primer partido ante Arabia Saudí, el adversario más débil del grupo, servirá para calibrar si la selección rusa puede enganchar a sus aficionados en su Mundial. De momento las expectativas son muy pocas, pero eso tiene una ventaja: será bastante sencillo superarlas.

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