'O Rei' Cristiano

Los jugadores del Real Madrid celebran el Mundial de Clubes conquistado ayer ante el Gremio en Abu Dabi. :: Ahmed Jadallah / REUTERS/
Los jugadores del Real Madrid celebran el Mundial de Clubes conquistado ayer ante el Gremio en Abu Dabi. :: Ahmed Jadallah / REUTERS

El equipo de Zidane sigue infalible en las finales, firma un histórico repóquer en 2017 y es el primero que revalida el MundialitoUn tiro libre del portugués le concede al Real Madrid su sexto título universal

IGNACIO TYLKO

Traza líneas quebradas en el torneo de la regularidad pero al Real Madrid, y no digamos ya a Cristiano Ronaldo, le van las finales. Este bloque ganador hizo buenos los pronósticos, se impuso al correoso Gremio de Porto Alegre en Abu Dabi y se coronó campeón universal por sexta vez, más que Brasil en el ámbito de selecciones aunque, ciertamente, cualquier comparación entre el Mundialito de clubes y la Copa del Mundo se antoja ridícula.

1 REAL MADRID

0 GREMIO

Real Madrid
Keylor, Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo, Isco (Lucas Vázquez, min. 73), Casemiro, Kroos, Modric, Cristiano y Benzema (Bale, min. 79).
Gremio
Grohe, Edilson, Geromel, Kannemann, Cortez, Jailson, Michel (Maicon, min. 84), Ramiro (Everton, min. 70), Luan, Fernandinho, Lucas Barrios (Jael, min. 63).
Gol
0-1: min. 53, Cristiano.
Árbitro
César Ramos (México): Mostró amarilla a Casemiro.
Incidencias
Final del Mundial de Clubes celebrada en el estadio Zeyed Sports City de Abu Dabi.

Autor de nueve goles en la Champions y de dos en este torneo, Cristiano silenció al soberbio técnico del Gremio, Renato Gaúcho, quien en la víspera dijo que el luso tiene mucha fuerza pero poca técnica y añadió que él fue mejor. Y no hay peor cosa que encima picar y herir en su orgullo al de Madeira, autor de un total de siete goles en esta competición y capaz de igualar al mítico Pelé, 'pichichi' de la Intercontinental. Subido a lomos de su estrella, este Madrid ha sido el único capaz de conquistar cinco títulos en un año natural. Un repóker histórico, igual que los ocho títulos logrados por Zidane desde que accedió al cargo en enero de 2016. Ya suma tantos como Luis Molowny.

Dominaba el Madrid desde el principio, pero la final entre el campeón de Europa y el de la Libertadores estuvo muy cerrada hasta que el ganador de cinco Balones de Oro lanzó una falta que sorprendió al portero al entrar por el medio de la barrera. Era el minuto 53 y los blancos ya se veían campeones de un trofeo que no para de hablar español desde 2014 y que ellos revalidan por primera vez en actual formato.

El gol fue un error más propio de alevines del jugador que se giró en una jugada clave, muy protestada por los jugadores del Gremio, ya que se produjo justo después de un probable penalti de Sergio Ramos a Ramiro que no decretó el árbitro mexicano. Después anuló otro gol de Cristiano por un supuesto fuera de juego previo de Benzema.

Para un día tan señalado, el técnico galo recurrió al once que le dio gloria al Real Madrid en la final de Cardiff que le condujo a la duodécima Champions. Salvo Bale, que, como en su ciudad natal, esperó su oportunidad en el banquillo, el mejor equipo previsto ante un Gremio que acusó la baja de Arthur, su mejor jugador pero aquejado de una lesión de tobillo desde la final de la Libertadores.

Sin él, los mejores recursos le adornan a Luan, un mediapunta que se mueve con total libertad para llegar a las posiciones de remate y que pronto forzó la amarilla de Casemiro. Hizo otra falta luego que puso de los nervios a los madridistas por las conocidas dificultades del sostén brasileño para frenar sus ímpetus cuando está amenazado. Y no hay que olvidar que las expulsiones contaban para el clásico.

Ramos, el juez de la contienda, no tuvo el mismo rasero para castigar nada más empezar el choque una entrada alevosa de Geromel, exdefensa del Mallorca, sobre Cristiano. Le pisó en el gemelo. La típica entrada para marcar territorio, asustar incluso al Balón de Oro y dejar patente que, como dijo su técnico, no viajó hasta Abu Dabi para disfrutar de un asado o para hacer pícnic.

Hicieron muy bien los de Zidane en tocar y tocar a pesar de la presión adelantada de los rivales en el inicio. Nada de rifar el balón. La misión era moverlo con paciencia e ir desgastando a los campeones de la Libertadores. Con Modric e Isco bastante activos y atinados, el Madrid se hizo enseguida con el gobierno del balón, aunque tampoco se tradujo en grandes ocasiones durante el primer acto. El Gremio se ordenaba y defendía bastante bien, pero sufría un grave problema de juego porque la perdía con una rapidez inusitada. Los madrileños estaban mucho más atentos en el repliegue que frente al Al Jazira, lo que tampoco era mucho pedir, pero el equipo de Gaúcho echaba en falta a Arthur y sufría porque tanto tanto Michel como Jailson son dos mediocentros muy posicionales. Su única llegada del primer periodo fue un lejanísimo golpe franco ejecutado por Edilson que se marchó ligeramente alto. Una acción que Cristiano imitó después con la misma suerte.

La segunda mitad fue un monólogo del Real Madrid, sobre todo a raíz de esa acción polémica en la que los brasileños reclamaron penalti y del gol posterior de Cristiano. Keylor apenas tuvo que intervenir para atajar un centro. Bale pudo poner la guinda con un gol fantástico al poco entrar, pero no hizo falta. El Madrid es un club nacido para ganar.

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