Otro año de resistencia del Barça

Ernesto Valverde, entrenador del Barcelona, durante uno de los entrenamientos dirigidos en Sant Joan D'Espí. :: ALEJANDRO GARCÍA / efe
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Ernesto Valverde, entrenador del Barcelona, durante uno de los entrenamientos dirigidos en Sant Joan D'Espí. :: ALEJANDRO GARCÍA / efe

De la crisis en verano por la fuga de Neymar y la derrota en la Supercopa, los culés han pasado a liderarlo todo

P. RÍOS

Barcelona. El Barça acaba 2017 con la sensación de haber esquivado una vez más el fin de ciclo que muchos llevan varios años anunciando. Tanto que su reciente obra maestra en el clásico ha dejado visto para sentencia el título de Liga con cinco meses por delante de competición. El fallecido Tito Vilanova (2012-13) alargó la 'era Pep Guardiola' (2008-12), la más brillante en la historia del club, secuela a su vez de una etapa dorada que comenzó con Frank Rijkaard y Ronaldinho en 2003. Luis Enrique supo darle otro toque distinto sin perder el estilo de siempre para mantener el idilio con los títulos entre 2014 y 2017.

En estos 14 años no todo fueron días de vino y rosas porque el club ya tuvo que sobreponerse, por hablar sólo de lo deportivo, a la decadencia prematura de Ronaldinho (2006-08) y al complicado año de transición del Tata Martino (2013-14). Pero nunca temblaron los cimientos tanto como en el pasado mes de agosto, cuando Neymar se fugó al PSG y el proyecto de Ernesto Valverde arrancó en un estado de depresión alarmante con dos derrotas bochornosas por la diferencia en el juego respecto al Real Madrid en la Supercopa de España.

Nadie apostaba por otra resurrección de un Barça que acabó la etapa de Luis Enrique conquistando su tercera Copa del Rey consecutiva, pero sin premio en la Liga pese a su espectacular 2-3 en el Santiago Bernabéu (derrotas inexplicables en Málaga o en A Coruña le condenaron) ni en la Liga de Campeones, sin saber aprovechar el efecto de la increíble remontada ante el PSG en octavos de final (6-1 tras el 4-0 de París). Otro horrible partido en la ida de cuartos de final ante la Juventus (3-0) ya no tuvo respuesta en forma de milagro (0-0). El equipo alternaba lo sublime con lo indigno de un aspirante a todos los títulos.

Valverde ha modificado su idea inicial y ha impuesto el sistema más clásico: 4-4-2.Todo lo logrado hasta la fecha no vale si en 2018 no se ganan títulos.

Se fue Luis Enrique, ya sin química con algunos pesos pesados del vestuario que ya no disfrutaban con su apuesta por un fútbol más directo. Curiosamente, cosas del Barça, acabó bien con Leo Messi, el supuesto verdugo de entrenadores, pero mal con Iniesta y Sergio Busquets, que sufrían en el centro del campo el juego de ida y vuelta concebido para aprovechar las cualidades de un tridente con tanta pólvora como el formado por Messi, Luis Suárez y Neymar.

Y llegó Ernesto Valverde, con una idea inicial de recuperar el juego posicional de Pep Guardiola, con más posesión y líneas juntas para presionar en bloque. Sin embargo, tras unos amistosos prometedores, tuvo que ir modificando su plan sobre la marcha, primero por el adiós de Neymar, luego por el baño realidad de aquellos dos clásicos de la Supercopa de España, con un global desfavorable de 5-1, y más tarde porque Dembélé se lesionó de gravedad muy pronto. Por entonces, para colmo, las renovaciones de Messi e Iniesta se complicaban y se intuía un panorama desolador.

La calma con la que lo afrontó todo el Txingurri fue clave. Y el entorno, siempre bélico, entendió que no era el momento para reclamaciones estéticas. Poco a poco, se ha ido imponiendo un 4-4-2 más o menos disfrazado con la presencia de Paulinho en la mediapunta o del propio Messi, de enlace, si jugaban Alcácer o Deulofeu en punta. Los resultados positivos se fueron encadenando, aunque con poco brillo. Y el año acaba con Messi e Iniesta renovados, el Barça líder de la Liga, con baño al Real Madrid en el Santiago Bernabéu incluido, y primero de su grupo en la Liga de Campeones.

Naturalmente, nada de esto valdrá si no llegan títulos. Y 2018 comenzará con emociones fuertes: el Celta en octavos de final de la Copa y el Chelsea en octavos de la Liga de Campeones, además de la necesidad de mantener un ritmo alto de puntos en la Liga. También regresará Dembélé, aunque habrá que ver si Valverde renuncia a ese 4-4-2 para apostar por un extremo francés cuyo rendimiento es una incógnita. Eso si no llega algún crack en el mercado de invierno... Y todo con Messi como hilo argumental desde aquellos inicios de Rijkaard hasta estos principios de Valverde. Con el '10' todo es posible.

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