Iniesta de nuestras vidas

Iniesta de nuestras vidas

Sus lágrimas tras la final de Copa avanzaron su adiós al Barça y al fútbol español, aunque todavía queda un Mundial al que llegará a tope

P. RÍOS BARCELONA.

José Antonio Camacho nunca pudo trabajar como entrenador con Andrés Iniesta, pero su devoción por el futbolista le llevó a apropiarse de él aquella inolvidable noche veraniega de 2010 en la que el de Fuentealbilla dio el Mundial de Sudáfrica a España con su gol en la prórroga de la final contra Holanda. «¡Iniesta de mi vida!», gritó el exseleccionador, comentarista del partido que atrapó a un país ante la televisión. Y con todos sus compatriotas saltando en los bares, eufóricos en las plazas con gigantescas pantallas habilitadas, abrazados a desconocidos que nadie sabe cómo aparecieron en el salón de las casas, el centrocampista se quitó 'La Roja' y mostró un mensaje dedicado a su amigo fallecido del Espanyol, eterno rival ciudadano de su Barça: «Dani Jarque, siempre con nosotros».

Aquel minuto resume lo que ha sido Iniesta para el fútbol español: el genio futbolístico, un ídolo, una buena persona, un amigo, el vecino que todos quisiéramos tener, el cuñado perfecto. Camacho fue egoísta. Es 'Iniesta de nuestras vidas', no sólo de la suya, aunque se le agradece la idea.

Todo eso quedó claro en la final de la Copa del Rey del sábado en el Wanda Metropolitano, escenario de la penúltima exhibición del mago de La Mancha en el brillante triunfo del Barça ante el Sevilla (0-5), incluso marcando un golazo en un estadio donde se le brindó una ovación de las que ponen la piel de gallina.

Llegó al Barça con doce años y se irá con 32 títulos vestido con los colores azulgranas

A falta de su adiós al fútbol español («esta semana comunicaré mi decisión», manifestó en zona mixta, donde dejó claro que no hay espacio para la sorpresa al precisar que «está un poco clara»), sus lágrimas lo avanzaron todo en «un día muy emotivo a nivel personal». «Es increíble sentir ese cariño de la gente. Para uno, como persona y deportista, es una cosa que se clava muy adentro. Realmente es especial», remarcó el manchego, muy satisfecho con su actuación personal. «Lo que me hace más feliz es el partido que he hecho y poder ayudar a conseguir otro título, la cuarta Copa seguida», incidió.

Todavía tiene que jugar el Mundial de Rusia en verano. Y va a llegar en un buen momento a sus 34 años (el 11 de mayo los cumple). Pero hay que comenzar a homenajearle cada día porque ha sido uno de los pocos jugadores que ha conseguido ganarse el cariño allí donde pisa, por encima de rivalidades deportivas. Sólo en Bilbao le silban por un malentendido que todavía da más valor al afecto que despierta en otros lares, con lo fácil que hubiese sido recurrir a cualquier excusa para tratarle de otro modo.

Oferta irrechazable

Llegó al Barça con doce años, llorando de forma desconsoladada tras pasar su primera noche en La Masía lejos de su familia, y se irá con 34, también entre lágrimas, pero esta vez acompañado de los suyos, que cada vez son más. En la final de Copa ante el Sevilla, estuvieron sus padres, José Antonio y Mari, su hermana, Maribel, su esposa, Anna, y sus hijos Valeria y Paolo Andrea. Faltó la pequeña Siena, que cumplirá un año el 16 de mayo.

Se irá con la satisfacción de haber triunfado, con títulos de todos los colores en su palmarés azulgrana. Treinta y uno que serán 32 porque la Liga está al caer: hasta que se consume, ocho Ligas (2005, 2006, 2009, 2010, 2011, 2013, 2015 y 2016), cuatro Champions League (2006, 2009, 2011 y 2015), seis Copas del Rey (2009, 2012, 2015, 2016, 2017 y 2018), siete Supercopas de España (2005, 2006, 2009, 2010, 2011, 2013 y 2016), tres Supercopas de Europa (2009, 2011 y 2015) y tres Mundiales de Clubes (2009, 2011 y 2015).

Ahora le esperan en China, destino escogido pensando en la estabilidad de los suyos en un futuro, con una oferta económica irrechazable no sólo por lo que cobrará de ficha anual, una barbaridad que le ha invitado a romper el contrato vitalicio que le ofreció el Barça. Además, hay un acuerdo empresarial paralelo con su floreciente negocio al margen del fútbol, las Bodegas Iniesta, que se instalará en tierras asiáticas.

Todavía quedan días muy emotivos, el acto oficial, su último partido como azulgrana, cerrar el título de Liga, el Mundial. Se puede saborear un poco más su fútbol y admirar su humanidad. Aprovechemos esos instantes. Es Iniesta de nuestras vidas.

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