Hecatombe del primer Sevilla sin Monchi

LUIS F. GAGO

SEVILLA. La resaca de la final de la Copa del Rey para el Sevilla fue tan dura como se esperaba. La bochornosa actuación del equipo tras la goleada encajada ante el Barcelona ha abierto un agujero social en el seno de la planta noble del Sánchez-Pizjuán que será muy difícil cerrar, al menos hasta el final de temporada. Al equipo andaluz le quedan cinco partidos de Liga para finalizar la que, posiblemente, sea una de sus campañas más duras e irregulares de los últimos 15 años. Le restan unas pocas jornadas para intentar alcanzar el séptimo puesto que le daría derecho a estar un año más en Europa.

El naufragio en el Metropolitano sólo fue la antesala de lo acaecido doce horas después. Medio día que tiene varios nombres propios. El primero el de N'Zonzi. El francés se marchó del hotel de concentración de madrugada para irse con su familia a una conocida discoteca madrileña. En las redes sociales aparecieron a altas horas de la noche varias fotografías del mediocentro en una actitud relajada y ociosa. Una vez que los medios de comunicación se hicieron eco, los aficionados multiplicaron su enfado hacia la plantilla que explotó en dos fases: en la salida de los jugadores desde Madrid en la estación de Atocha y a la llegada en Sevilla.

Fue en la capital de España donde se vivieron los primeros momentos de mucha tensión. Pareja se enzarzó con un aficionado que le reprochaba la escasa ambición del equipo. El central tuvo que ser sujetado por la seguridad privada del Sevilla para que el incidente no fuera a mayores. Cuando los sevillistas llegaron a orillas del Guadalquivir los ánimos no se habían calmado. El blanco de las iras fue el presidente, Pepe Castro.

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