Ernesto Valverde, el éxito con una mancha

P. RÍOS BARCELONA.

La llegada de Ernesto Valverde al banquillo azulgrana se contempló con cierta desconfianza entre los habituales radicales del estilo y los puristas del 4-3-3 que abanderó Johan Cruyff y que heredaron Rijkaard, Guardiola, Vilanova y Luis Enrique en la era más exitosa del club. El debate estaba preparado, pero quedó fuera de lugar muy pronto. Tras la marcha de Neymar al PSG y la depresiva imagen del equipo en la Supercopa de España ante el Real Madrid, todo el mundo entendió que se arrancaba desde el barro tras muchos años levitando y que no se podía ser tan cursi como para entretenerse con la defensa a ultranza de una apuesta por el juego de ataque apasionado.

Valverde fue colando el sistema con el que se siente más a gusto: el 4-4-2. Y lo hizo con tanta mano izquierda que apenas se notó. Cuando los guardianes de la esencia se dieron cuenta y se disponían a iniciar la ofensiva crítica, ya era tarde: el Barça encadenaba victorias, sumaba puntos, cada vez jugaba mejor y se consagró en el Bernabéu (0-3).

Quizás a Valverde le faltó calibrar el desgaste de la Copa del Rey en enero, tradicional castigo físico ya para un Barça que suele pagar la factura en la Liga de Campeones. El técnico apenas hizo rotaciones entre los cracks, que cumplieron llegando a la final una vez más, pero que a partir de febrero ya dieron señales de fatiga tras 40 días jugando sin descanso. Los octavos de la Liga de Campeones ante el Chelsea ya fueron sufridos pese al marcador del Camp Nou (3-0) y llegó el batacazo de la temporada, imprevisto, doloroso e incluso humillante: la Roma, un rival menor, remontó un 4-1 en la vuelta de cuartos con un 3-0 en el Olímpico, con Valverde paralizado, sin respuesta táctica y haciendo cambios muy tardíos cuando ya hacía muchos minutos que aquello pintaba fatal.

Fue un golpe tremendo a la buena imagen que se había labrado Valverde durante meses. Y llegaron las dudas de repente, con filtraciones desde la directiva apuntando a que quizás no cumplía el segundo año de contrato que tenía firmado. Pero todo volvió a la normalidad con la Liga. Y Valverde, antes de cerrar el doblete en Riazor, afirmó que «me queda un año y estoy contento aquí».

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