Primera

El Barça se desequilibra y se desnaturaliza

Los jugadores del BArcelona celebran un gol en Vigo. /Efe
Los jugadores del BArcelona celebran un gol en Vigo. / Efe

El equipo de Valverde, ya fulminado en Europa, busca el doblete en su peor momento: sin juego, sin solidez defensiva y entre críticas por un once en Vigo sin canteranos

P. RÍOSBarcelona

Jugar con las líneas juntas. Atacar todos a una y defender de la misma forma. Ese fue el mensaje de Ernesto Valverde tras la crisis de agosto, con Neymar fugado y el Real Madrid pasando por encima en la Supercopa de España. Tan fácil de decir como difícil de aplicar. Cuando el físico acompaña y la fe en el entrenador es alta, todo fluye. Pero cuando el desgaste pasa factura y se ha resquebrajado la confianza mutua entre la plantilla y el cuerpo técnico por las consecuencias de un KO vergonzoso en Europa, el equipo se rompe en el césped, el balón ronda las dos áreas y los partidos acaban pareciendo un sorteo de lotería. Así acaba el Barça la Liga, destrozando su imagen de escuadra sólida, cada vez más similar al correcalles que se instaló en los últimos meses de Luis Enrique. Sigue invicto en una Liga que difícilmente se le escapará, pero que todavía se le puede hacer tan larga como la final de Copa del sábado ante el Sevilla si no recupera su esencia.

Precisamente, el Sevilla descubrió que algo había cambiado en el Barça al regreso del último parón por las selecciones. Convirtió el partido liguero del Sánchez Pizjuán en un alocado ida y vuelta que sólo la entrada de Messi consiguió nivelar (2-2). Leganés (3-1) y Valencia (2-1) no sólo marcaron en el Camp Nou, sino que también crearon ocasiones para más. Y el Celta, ante un Barça repleto de suplentes, calcó lo del Sevilla: 2-2 en un cara o cruz constante. La semilla, posiblemente, la puso el Chelsea en unos octavos de final de la Liga de Campeones demasiado abiertos. Y la Roma puso la puntilla en cuartos, aunque en la vuelta el Barça ni siquiera jugó a los dados de la suerte. Viendo el 3-0 final ojalá en el Olímpico hubiese habido un intercambio de ocasiones permanente, porque los de Valverde podrían haber materializado alguna, como en Sevilla y Vigo. No, aquel día sólo atacó la Roma.

Los datos de los tres últimos partidos oficiales asustan de cara a este tramo final. Entre Roma, Valencia y Celta le han rematado 50 veces al Barça, 20 de ellas entre los tres palos, con seis goles encajados por Ter Stegen. Con lo que había costado superar el debate del estilo, con el 4-4-2 ya aceptado por un entorno resignado a cambiar resultados por brillo, de repente se caen los principales argumentos de Valverde: la consistencia y el equilibrio. Se le añade la lesión de Busquets, mermado, y las molestias de Messi, y el equipo azulgrana ya parece vulgar.

Para colmo, en un momento en el que el Barça necesita tranquilidad para intentar cerrar el doblete, Valverde ha reabierto una herida con su alineación sin canteranos ni catalanes en Balaídos. Había un jugador con los dos requisitos, Sergi Gómez, pero en el Celta. Hacía 16 años que no pasaba. El 6 de abril de 2002 Carles Rexach jugó con un once con los asturianos Abelardo y Luis Enrique como representantes más cercanos. Y el 25 de noviembre de 2012, el fallecido Tito Vilanova logró reunir a once jugadores formados en La Masia de inicio. En esta ocasión es injusta la crítica, porque Sergi Roberto, Piqué, Alba, Busquets, Iniesta y Messi son seis titulares canteranos que descansaron el mismo día para jugar la final de Copa, cuatro de ellos catalanes. Pero esa evidencia no esconde que el tráfico de La Masia hacia el primer equipo se ha frenado y la fuga de talentos de 16 años es constante porque no ven un proyecto que piense en ellos, además de que a esa edad ya les hacen contratos profesionales jugosos en otros clubes. Ha sido Valverde, con la coartada de las rotaciones, pero en pocos años ya no quedará ni esa excusa en una plantilla sin referentes de casa. De los citados se va Iniesta, casi nada, y del Barça B, como mucho, subirá Carles Aleñá. Muy poco.

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