El adiós perfecto de Fernando Torres

Fernando Torres saluda al Wanda Metropolitano tras el partido. :: efe/
Fernando Torres saluda al Wanda Metropolitano tras el partido. :: efe

PABLO DÍAZ MADRID.

Después de 11 años en la primera plantilla del Atlético de Madrid, Fernando Torres dijo adiós al club de sus amores. Y el Wanda Metropolitano, inmerso en un ambiente festivo y con un lleno hasta la bandera, fue el testigo perfecto de una inmejorable despedida para el ídolo rojiblanco, que quiso sumarse a su propio homenaje marcando dos goles en el empate que su equipo cosechó frente al Eibar.

Desde el primer minuto todos los balones buscaban a un Torres eléctrico, aunque el primero en adelantarse fue el conjunto armero, que aprovechó una indecisión en la defensa colchonera para poner el 0-1 en el marcador, obra de Kike García. Poco tardó Fernando en ser protagonista y devolvió las tablas minutos después tras aprovechar un regalo de Correa y marcar a puerta vacía.

En la segunda parte, ambos equipos buscaban adelantarse de nuevo en el marcador, y fue el propio Torres el que se encargó de provocar el éxtasis de la afición atlética después de marcar su segundo tanto de la tarde, esta vez con una lección de velocidad y pillería que dejó patente que, a pesar de abandonar el Atlético, a sus 34 años aún le queda mucho fútbol en sus botas.

A partir de la expulsión de Lucas Hernández, el Eibar, fiel a su estilo, aprovechó la ventaja numérica para volcarse en ataque, obteniendo su recompensa con un gran gol de Rubén Peña, que puso el 2-2 final con un disparo desde la frontal del área que se coló por la escuadra de Oblak. Digna de mención también la temporada del equipo de Mendilibar.

A pesar del empate, el estadio colchonero estalló en júbilo tras el pitido final para que Fernando Torres, con pasillo incluido, recibiese el adiós definitivo por parte del club que le brindó la posibilidad de hacerse un hueco en el fútbol mundial. Una camiseta conmemorativa, un mosaico con el lema «De Niño a Leyenda», una placa y miles y miles de aplausos pusieron el punto final a una ceremonia que terminó entre lágrimas atléticas, incluidas las del propio Fernando. Aquel niño que debutó con 17 años se ha convertido, por méritos propios, en historia viva del Atlético de Madrid.

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