La Rioja

Plácida tarde en vísperas del Atlético

Paco Alcacer celebra con Aleix
Vidal su primer gol con la
camiseta del Barcelona. :: efe
Paco Alcacer celebra con Aleix Vidal su primer gol con la camiseta del Barcelona. :: efe
  • El Barça gana cómodo al Athletic en un buen partido de los de Ernesto Valverde

Ajeno a los líos del temporal (físico y mediático) que se ha generado en tierras gallegas, el Barcelona solventó la siempre complicada visita del Athletic al Camp Nou con una victoria cómoda, en un partido que resolvió tanto por los aciertos propios como por los defectos ajenos (veáse el choque de Gorka Iraizoz). Los tres puntos permiten al equipo azulgrana recortar distancias con el liderato a la espera de que el Real Madrid juegue los encuentros que tiene pendientes.

El Barça ganó con un equipo plagado de no habituales y ante un buen Athletic que no pudo devolverle al cuadro catalán la eliminación copera de hace un mes. Lo hicieron casi todo bien los pupilos de Valverde, que no se consuelan con la imagen ofrecida, pero que cuentan desde ya con un refuerzo de lujo. Yeray, operado en diciembre de un tumor testicular, volvía a jugar y lo hacía de inicio para satisfacción del mundo del fútbol en general.

El Barcelona volvió a sacar un equipo marcado por las rotaciones, pero le bastó con un par de ramalazos de calidad de dos de sus estrellas para seguir vivo en la persecución del liderato. No hay lugar entonces para incidir en la presencia del lateral derecho suplente, de la entrada de Mathieu en el flanco izquierdo, de un tridente inédito en la medular con André Gomes, Arda Turan y Rafinha o el regreso como titular de Paco Alcácer con gol incluido. Y todo, porque aparecieron Neymar primero y Messi después para desarbolar cualquier razonamiento previo y el trabajo expuesto por el Athletic desde el inicio.

Llegaba mejor el cuadro vasco con tiro al palo incluido de Raúl García hasta que Neymar hizo de él mismo para asistir a Alcácer y que éste celebrase su primer gol liguero con la elástica azulgrana. Por fin, pensaría el valenciano con esa mirada de rabia al cielo tras batir a Iraizoz. Y es que casi 10 meses después, y con una única diana en Copa, volvía a celebrar un gol en el torneo liguero.

Si los críticos de Iraizoz ya clamaban contra el cancerbero del Athletic en este primer tanto, la puntilla llegaba con el gol de falta transformado por Messi en los minutos finales del primero de los dos tiempos. El balón del argentino, que escorada a la derecha decidió golpear, entraba por el centro de la portería ante la falta de reflejos del capitán rojiblanco.

En esa intentona de devolverle la amarga eliminatoria copera al Barça, el Athletic vio cómo su mejor versión quedaba ensombrecida por la efectividad del equipo local, que apenas había contado con tres ocasiones de gol antes del descanso. La ventaja en el marcador y el frenazo en la intensidad del Athletic permitió a Luis Enrique dosificar incluso a Messi. Cierto es que los dos primeros movimientos del asturiano fueron forzados por los problemas físicos de Piqué y la lesión de Rafinha.

Pero el partido estaba encauzado y la vuelta de semifinales de Copa con el Atlético ya otea en el horizonte. Por eso, la suplencia de Luis Suárez, de otros titulares como Sergi Roberto o Jordi Alba, la precaución con los recuperados Busquets e Iniesta y la media de hora de descanso de Messi. Con el cambio, Neymar cogió galones en ese partido de ida y vuelta que se había dibujado. Se desenvuelve como pocos ahí el brasileño, al que le sigue costando un mundo marcar esta campaña. Pero todo salió redondo ante el Athletic para los azulgrana en una tarde de sonrisas y goles con protagonistas poco habituales. Y es que si Alcácer abría la lata, era Aleix Vidal quien la cerraba en una galopada que acabaría con su segundo gol liguero y un partido más para que se consolide el de Tarragona.

Por su parte, la derrota del Athletic en el Camp Nou hace al cuadro de Ernesto Valverde dar un pasito atrás en esa lucha por alcanzar la zona europea. Para colmo, el triunfo del Espanyol horas antes frente al Málaga le condenaba a perder una plaza.