La sombra riojana de Emery

El técnico del PSG da órdenes a sus jugadores mientras Carcedo, en segundo plano, mira el campo de juego. /PSG
El técnico del PSG da órdenes a sus jugadores mientras Carcedo, en segundo plano, mira el campo de juego. / PSG

El trevianés Juan Carlos Carcedo acompaña al técnico vasco desde el 2006 | El riojalteño ejerce de consejero y organizador de un vestuario de estrellas como Neymar o Mbappé en el PSG

Víctor Soto
VÍCTOR SOTOLogroño

La patria de Juan Carlos Carcedo Mardones es el fútbol. El segundo entrenador del PSG, encargado de ayudar a Unai Emery y de organizar un vestuario plagado de estrellas, nació en Logroño de una familia de Treviana. Aunque criado en Vitoria, donde José Antonio y Jesusa, sus padres, emigraron por motivos laborales, Carcedo siempre ha estado muy unido a su pueblo, donde pasó los mejores momentos de su infancia y juventud. Pero el camino del fútbol le obligó a hacer las maletas una y mil veces. Primero, como futbolista, un centrocampista de clase, se formó en el Aurrerá y de ahí pasó a Gramanet, Espanyol B, Atlético de Madrid, Olympique de Niza, Leganés y Las Palmas, donde cerró su carrera con 33 años.

Pero fue en el vestuario de Butarque donde se iba a crear una conexión que ha podido con el tiempo. En el equipo madrileño, Unai Emery apuraba sus sueños de futbolista. Ambos congeniaron desde el primer día. Su manera de entender el fútbol, su capacidad dialogante y su obsesión por el juego crearon una sociedad que ha superado la presión del fútbol profesional.

Emery comenzó su carrera como entrenador en el Lorca, en el curso 2004, y ya intentó enrolar a Carcedo. Pero éste esperó a colgar sus botas, en el 2006, para aceptar la propuesta del donostiarra. Fue en el Almería, en el curso 2006/2007, cuando la dupla comenzó a ejercer como una maquinaria casi perfecta. Ascenso, éxitos y una progresión meteórica: Valencia, Spartak, Sevilla y, ahora, Paris Saint-Germain, un equipo llamado a las cotas más altas en Europa y que hoy deberá pasar el examen del Bernabéu.

La vida de Carcedo siempre ha estado movida por el deporte. «Era un artista jugando a pala, en bicicleta o en el fútbol. En todos los deportes», recuerda Moisés Cantabrana, compañero de juegos y travesuras durante esos interminables veranos en Treviana. «Incluso montábamos una canasta en el portal de sus abuelos y ahí nos pasábamos el rato jugando», asegura. El fútbol, eso sí, había que inventarlo. «Íbamos a la plaza y, si no, en cualquier era que tuviera un poco de hierba cogíamos tres palos, hacíamos una portería y a jugar», explica Moisés. Tampoco perdonaban estar pendientes de la información deportiva, que Carcedo devoraba. «Cogíamos la bicicleta para ir a Casalarreina. Comprábamos Diario LA RIOJA, Marca y As y volvíamos», rememora Moisés. Casi 30 kilómetros pedaleando para, en un mundo sin Internet, no perderse los avatares del mercado estival.

Tranquilo y sensato

Han pasado más de 25 años desde esos recuerdos de verano, con Carcedo siempre acompañado por su padre, otro amante de los deportes, y ahora apenas puede acudir a Treviana a disfrutar de su cuadrilla, que lo califica de un hombre «tranquilo, sensato y con la cabeza muy bien amueblada».

A día de hoy, su trabajo está a mil kilómetros de su pueblo y de Vitoria. Y ya no hay juegos infantiles, ni incursiones al campo a robar cerezas o a nadar en el río. Ahora, las aguas pantanosas de los millones de euros, de la exigencia, de la presión mediática y de los caprichos de estrellas como Neymar, Cavani, Mbappé, Dani Alves, Di María o Ben Arfa son el día a día de Carcedo. Porque el trevianés se encarga de la gestión humana del grupo, de hablar con cada futbolista de manera individual y también de la táctica defensiva, mientras que el ataque es obra de Emery. Romain Molina, autor del libro 'Unai Emery, el maestro', asegura que Carcedo absorbió los conceptos de Arrigo Sacchi en el Atlético y que sigue siendo un fiel discípulo del italiano.

También le toca imponer disciplina y ser el 'poli malo' en algunas ocasiones. Así, Ben Arfa, llegó a decirle al trevianés que no le gritase tanto en el campo porque le daba «dolor de cabeza». Pero la vehemencia es parte de un juego, el fútbol, que Emery y Carcedo entiende como un alarde físico, pero también como un desafío intelectual. Horas y horas de discusión sobre la esfera de cuero alrededor de la que gira su vida. «No comprenden que un futbolista no sea un obseso del fútbol», dice Romain Molina. Palabra de Carcedo, la sombra riojana de Emery.

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