Final Champions

El Madrid de Zidane... y Bale es legendario

Bale marca de chilena el segundo gol de la final. /Afp
Bale marca de chilena el segundo gol de la final. / Afp

El francés apostó por 'los de Cardiff' pero su equipo entra en la historia gracias al golazo del galés y a los errores de Karius

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Un equipo de leyenda. Cuatro Champions en cinco años. Tres consecutivas a las órdenes de Zinedine Zidane. Impresionante. El pasado 27 de abril al francés le parecía demasiado apresurado hablar del «Madrid de Zidane» como equipo con un sello propio y que pueda marcar una historia. Quizá porque sucedió antes del partido del Leganés, el mismo equipo que le apeó de la Copa con un 1-2 en Chamartín provocando una crisis en enero, evitó compararse con el Barça de Guardiola o el Milan de Sacchi. «Estamos haciéndolo bien, quiero seguir, estoy agusto y es verdad que en estos dos años y medio las cosas han salido bien. Pero llevo solo dos años, no podemos hablar de época».

Ahora, un mes después y tras su tercera 'orejona' consecutiva, no tiene motivos para no dejarse llevar por la euforia. Este equipo iguala al Ajax de Johann Cruyff o al Bayern de Francz Beckenbauer. Este Real Madrid pasará a ser el de Zidane, que apostó de inicio por 'los de Cardiff'. Fue la primera vez en la historia de la competición que un equipo repitió alineación en la final. Como si no hubiesen pasado 12 meses respecto al 4-1 de Cardiff, volviendo a ser Bale el damnificado... aunque en Kiev hizo un gol que le asegura un hueco en la historia del fútbol europeo. Su golpeo acrobático fue su segundo gol en una final, y como hace cuatro años anotó el 2-1 que desniveló el marcador, igual que en aquella carrera de Mestalla con 1-1 en el marcador. Un gol que se reivindicó a los pocos segundos de comparecer en el campo. Después marcaría otro, ayudado por un Karius que necesitará ayuda psicológica para superar la final de Kiev. Sus lágrimas finales hacen imaginar el calvario que le espera.

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Porque el duelo no fue como se esperaba. Todos los madridistas llegaron al partido en condiciones de jugar, sin lesiones ni sanciones, y Zidane optó por confiar de nuevo aquellos de Gales. Bale, pese a su buen momento, quedó en la recámara como pasó en su tierra. Vaya bala se guardó Zidane. El de Cardiff no es un once de esos que los aficionados puedan recitar de memoria ya que solo tres veces actuó de inicio tras conseguir la 'duodécima'. Una en el Mundialito de Clubes y la anterior vez que los once de Cardiff coincidieron fue en la ida de los cuartos de la Champions ante la Juventus (0-3 ), el día que Cristiano hizo su icónico gol de chilena. El portugués debe asumir que aquella acción quedará en un segundo plano. El golazo de Bale ensombrece todo. Incluso a él y su ego.

La tercera Champions consecutiva corona también a la 'BBC', ya que el marcador lo abrió Benzema aprovechando que Karius cometió el, durante media hora, error más ridículo y grosero de la historia de la competición. Después cometería otro, para alegría de Bale. El tridente blanco supera los registros históricos de Puskas, Gento y Di Stéfano. Y eso que Cristiano no tuvo su mejor día y después dejó un mensaje críptico, insinuando que se marchará del club.

La 12+1

El Liverpool apretó arriba y al Madrid se le atragantó el planteamiento de Klopp.... hasta que Salah dejó el campo lesionado. Ramos le inmovilizó un brazo y cayó al suelo con él. El egipcio, en mala posición, se lastimó en la clavícula. Esa luxación le hizo llorar y aunque lo intentó, sabía que no podría seguir. No estaba haciendo el mejor de sus partidos, pero su ausencia hundió a sus compañeros. Mucho más que al Madrid la baja de Carvajal por su rotura en el isquio derecho, otra vez lesionado antes de un gran torneo como pasó en Milan. Klopp pedía a los suyos sacar pecho. Sabía que debía hacer creer que podían pese a perder a su máximo goleador. No era fácil, y más después del increíble error de Karius. El meta alemán quiso sacar rápido a su lateral y el discutido Benzema intuyó su temeridad, metió el pie y abrió el marcador.

Karius cometió, durante media hora, el error más ridículo y grosero de la historia de la competición. Después cometería otro, para alegría de Bale

No era fácil levantarse después de ese error. Y el Liverpool, que parecía muerto y enterrado como Estambul frente al Milan, empató rápido gracias a Mané. Seguro que en su pueblo, Bambali, se volvieron locos los 300 afortunados a los que mandó camiseta este senegalés que se convirtió en el cuarto africano que marca en una final de Champions. Todos los anteriores (Madjer para el Oporto en 1987, Eto'o para el Barça en 2006 y 2009 y Drogba para el Chelsea en 2012) levantaron la 'orejona'. Pero él no corrió la misma suerte.

La irrupción de Bale agitó el partido. Entró, marcó un tanto inolvidable y después otro cuando quizá no lo esperaba en el momento que remató. Ni él ni nadie. Porque soló un zurdazo que Karius no supo ni atrapar ni despejar. Un gol que sepultó las opciones inglesas y que convirtieron los minutos finales en una fiesta para los madridistas presentes en Ucrania. Allí no pudo estar Ángel Nieto, que seguro sonrió y pensó: «12+1». Un número de leyenda para un equipo irrepetible.

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