Cristiano y Bale convulsionan el futuro y la hegemonía del Madrid

La rebelión de ambos empaña un fin de semana histórico y amenaza con dinamitar un dominio incontestable

ÓSCAR BELLOT KIEV.

La que debía ser una de las noches más jubilosas que ha vivido el madridismo quedó empañada por las declaraciones de Cristiano Ronaldo y Gareth Bale tras el choque en Kiev, en el que el conjunto de Chamartín abrochó la 'decimotercera' para imponer un dominio de leyenda en la Liga de Campeones con tres títulos consecutivos y cuatro en los últimos cinco años. Nada más abrir la boca el luso, la disección de sus palabras rivalizó con el análisis de una gesta difícilmente repetible. «Fue bonito estar aquí; daré una respuesta en días...», comentó.

El portugués, que atesora ya cinco 'orejonas', las mismas que el Barça, parecía abrir, una vez más, la puerta de salida. Hacia la misma parece dirigirse el '11', que aprovechó la rueda de prensa con motivo de su elección como mejor jugador del encuentro, para confirmar que medita seriamente poner fin a su periplo en el cuadro merengue.

Situaciones que podrían provocar un seísmo de consecuencias difícilmente calibrables para una escuadra cuya primacía continental resulta abrumadora bajo la tutela de Zinedine Zidane, que ha logrado armar un bloque que parecía a prueba de egos, según se habían encargado de repetir en los días previos a la final los integrantes del plantel. Discurso que saltó por los aires con el parlamento de dos de los tres componentes de la BBC.

En ambos casos, el enfado viene de lejos. Cristiano Ronaldo acostumbra a lanzar órdagos al club cuando no siente el reconocimiento que cree merecer como principal artífice de una de las etapas más gloriosas de la entidad. Una infravaloración cuantificable casi siempre en términos monetarios. Envuelto en un pleito con Hacienda, reclama un incremento salarial que Florentino Pérez le prometió tras la final de Cardiff y que no termina de concretarse concluida ya la de Kiev. Cobra 23 millones de euros netos anuales, aproximadamente la mitad que Leo Messi y mucho menos que Neymar. Los coqueteos del presidente del Real Madrid con el paulista tampoco son del gusto del atacante de Funchal.

Distinto es el caso de Bale, cuya venta parecía predispuesta a afrontar la entidad hace unos meses, pero que se ha reivindicado con un impresionante final de curso en el que ha exhibido todo el repertorio de su formidable potencial. Durante cinco temporadas, el extremo ha pugnado por triunfar con la elástica merengue.

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