El corazón se agita por la Champions

Cristiano Ronaldo, preparando ayer el partido ante el PSG en Valdebebas. /  GABRIEL BOUYS / AFP
Cristiano Ronaldo, preparando ayer el partido ante el PSG en Valdebebas. / GABRIEL BOUYS / AFP

El Madrid debe sacar el orgullo de las grandes noches en el día de San Valentín, que la campaña pasada fue legendario para el PSG

ÓSCAR BELLOT MADRID

«Un latido. Un color. Un objetivo. Juntos lograremos lo posible y lo imposible». Consciente de que los sentimientos mueven montañas, Sergio Ramos apeló al amor de los merengues para llevar en volandas a su equipo el día de los enamorados. Convocó a la parroquia blanca a acudir a la Plaza de los Sagrados Corazones más de dos horas antes de que comience la cita ante el París Saint-Germain en la que el Real Madrid se juega la campaña. El llamamiento del capitán operó como aldabonazo para sus compañeros, que en los últimos días han diseminando mensajes que reafirman el espíritu del doce veces campeón de Europa y recuerdan el romance sin parangón que la escuadra de Chamartín mantiene con el torneo.

De la respuesta a la arenga de Ramos nadie duda. El Bernabéu presentará un ambiente digno de las grandes noches europeas a fin de mantener viva la llama de la pasión. El problema es que para ello tendrá que lidiar con un amante despechado al que tras la gloria del 4-0 registrado en el Parque de los Príncipes el curso pasado, también en San Valentín, acabó partiéndole el corazón el Barça con el 6-1 del Camp Nou casi un mes después.

Marcada por el peso emocional que acarrea un enfrentamiento a vida o muerte entre el más laureado representante de la aristocracia futbolística y el principal exponente -con permiso del Manchester City- del órdago al antiguo régimen planteado por la burguesía devenida en nobleza a golpe de talonario, la eliminatoria, cuyo capítulo final se escenificará en París el 6 de marzo, marcará inevitablemente el devenir de dos plantillas rebosantes de talento y tuteladas por técnicos que se juegan el puesto.

Nada que demostrar

Por más que Zidane enfatice que no le importa su futuro y que no tiene que «demostrar nada» tras amasar ocho títulos en 25 meses, es consciente de que su continuidad depende de la suerte que corra ante el PSG. Idéntico panorama afronta Emery, al que no sólo indultaron tras la debacle ante el Barça sino que pusieron a su disposición los dos fichajes más caros de la historia: Neymar y Mbappé. Apear al Real Madrid es la única carta que le queda para convencer a Nasser Al-Khelaïfi de que sigue siendo válido para materializar los sueños de grandeza cataríes.

Los números avalan al PSG. Incontestable líder de su campeonato, con un tridente demoledor en el que Cavani pone la experiencia, Neymar la fantasía y Mbappé la velocidad, disputa por sexta vez los octavos tras firmar 25 goles en la fase de grupos y sufrir un único y quizás significativo traspié ante el Bayern. Nunca ha perdido en la ida en octavos y salió victorioso de las dos eliminatorias jugadas contra los blancos. Llega al Bernabéu determinado a demostrar que tiene el empaque del que careció en el Camp Nou. Con la baja de Motta, el argentino Lo Celso, el veterano Lass Diarra, el alemán Draxler y Di María pelean por un puesto. Arriba, la MCN. Más dudas suscita el tridente merengue. Aunque siempre que Bale, Cristiano y Benzema han estado disponibles, Zidane ha apostado de forma innegociable por la BBC, Lucas podría auxiliar a Nacho para taponar a Neymar. Zidane no sabe lo que es perder a doble partido en Europa y dirige a un equipo que lleva 17 partidos invicto como local en Champions.

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