La fe del Atlético no fue suficiente

El técnico del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, pide explicaciones al colegiado durante el partido de ayer. :: reuters/
El técnico del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, pide explicaciones al colegiado durante el partido de ayer. :: reuters

Sólo empató gracias a un sensacional Oblak y disputará la Europa League, en la que forjó la gloria del último lustro

RODRIGO ERRASTI MADRID.

Tres minutos antes de las 22 horas, casi de modo simultáneo, Filipe Luis estrelló una pelota en el palo con un disparo y el rebote fue cabeceado por Koke, que tampoco pudo superar a Courtois, dueño de la portería de Stamford Bridge. Era la primera gran opción del Atlético, tras una primera mitad achicando balones frente un gran Chelsea. Segundos después, a 1872 kilómetros de distancia marcó el argentino Perotti en el Olímpico para la Roma ante el Qarabag para diluir el sueño del milagro.

La noticia era un jarro de agua fría para los atléticos, aunque apenas dos minutos más tarde acertaron a la salida de un córner 'obrado' por tres hombres de casa. Koke lo botó, Torres lo prolongó y Saúl, que aún se fustiga sin mucha razón por no ser capaz de marcar en la jornada inicial en Italia, lo remachó en el área pequeña. Octavo gol del '8' rojiblanco en Champions, todos para romper un 0-0 en el marcador. Quedaba más de media hora para que el Qarabag fuese capaz de conseguir un gol milagroso, que introdujese en los octavos a un Atlético que alcanzó el descanso con malas sensaciones. Eso sí, estaba a sólo un gol de conseguir la carambola necesaria para la clasificación. El Chelsea era siendo muy superior pero Oblak estaba prolongando el sueño con sus manos salvadoras.

La alta probabilidad de éxito era realmente inesperada viendo lo que sucedía en el césped en Londres y más increíble si uno echaba la vista atrás para recordar en qué situación estaba el equipo capitalino tras su doble enfrentamiento con el conjunto azerí, el mismo en el que depositó su fe para evitar la caída a la Europa League. El Atleti estaba muy incómodo tratando de llevar la iniciativa y acumuló pérdidas de balón ante un Chelsea que, de salida, dejó la iniciativa a su necesitado oponente. Morata, convertido en un delantero amenazante desde su llegada a Inglaterra, buscó el gol con ahínco y lo rozó en un disparo a la media vuelta pero sobre todo en una incursión por banda de Moses aunque Oblak se mostró seguro como acostumbra. Por algo es uno de los mejores metas del mundo. El esloveno sacó una mano extraordinaria en un derechazo de Zappacosta. Achuchaba el cuadro azul, pero no acertaba ante un Atlético al que le faltaba imaginación.

Saúl consiguió el gol atlético, pero un tanto de Savic en propia puerta acabó con el milagro

En la segunda parte, pese a su gol, la figura de Oblak volvió a agigantarse con varias paradas de gran mérito en sendos cabezazos y Hazard disfrutó con los contragolpes. El gol parecía inminente, pero de modo casi increíble para la grada local no se producía. Incluso en las pocas ocasiones que el meta parecía batido, les falló el acierto a los azules o allí estaba Giménez, que puede presumir en su carrera de un hat-trick muy particular: goles evitados con la cabeza a ras de suelo.

Al final llegó el 1-1, gracias a la insistencia de un Hazard que firmó un encuentro soberbio, imparable para los rojiblancos que osaron detenerle. Su enésimo intento lo desvió a la red Savic. El último cuarto de hora se convirtió en un correcalles, con un Chelsea buscando el triunfo - que mereció por ocasiones y fútbol- y el Atlético soñando con que un tanto suyo en un contragolpe llegase en el mismo instante vez que el favor del Qarabag, el club que pasa a formar parte de los demonios atléticos. Aquel partido en Azerbayán, la famosa 'tierra de fuego' que anunció el club hace dos campañas, chamuscó las opciones del equipo de Simeone en la Champions, que deberá esperar al menos hasta la edición de 2019, esa en la que la final se jugará en el Wanda Metropolitano. Podrá disputar la próxima edición si mantiene su mejoría en Liga o si es capaz de levantar en Lyon la Europa League, esa en la que de la mano de Simeone recuperó la gloria europea en los últimos cinco años.

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