La Rioja

La remontada de los chiflados

Luis Enrique se abraza a Sergio Roberto al témrino del partido del míercoles en el Nou Camp. :: efe
Luis Enrique se abraza a Sergio Roberto al témrino del partido del míercoles en el Nou Camp. :: efe
  • «Necesitábamos un partido loco, con uno normal no nos daba», admitió Mascherano

  • Triunfos como el logrado por el Barça ante el PSG demandan voluntad, suerte, fe y alguna decisión arbitral favorable

Ter Stegen, en posición de interior, recuperó un balón perdido y recibió la falta de Verratti que originó el 6-1. Nunca la máxima de que el Barça necesita un portero que juegue bien con el pie («tendrá que parar primero», mantienen los contrarios a esa teoría) tuvo tanto sentido. Sergi Roberto, «que perdió el gol en juveniles», según le recuerda Luis Enrique a menudo, homenajeó a Johan Cruyff con un vuelo karateca para llevar el balón centrado por Neymar a la red en el minuto 95. Para remontar un 4-0 al PSG tenían que pasar cosas raras, «un partido loco porque con uno normal no nos daba», como argumento Mascherano. Y dos de las cosas que sucedieron en los últimos segundos fueron, efectivamente, alucinantes por extrañas. «El fútbol es un deporte de chiflados», resumió Luis Enrique.

Y no fueron las únicas. En los dos primeros goles el balón no llegó ni a tocar la red tras jugadas embarulladas que se alejan del tradicional libro de estilo del Barça. En el 1-0 Kurzawa sacó de dentro el cabezazo de Luis Suárez tras unos rebotes y un efecto envenenado, con Verratti más pendiente de obstaculizar a Messi en el área pequeña que de despejar. En el 2-0 fue Iniesta el que se salió del guión al pelear hasta la línea de fondo una pelota a Marquinhos que ya se daba por perdida. Sí, Iniesta, el estilista, sin físico tras su última lesión, tuvo el alma de Mascherano en esa jugada en la que acabó improvisando un taconazo sin destino para salir del paso, suficiente para que entre Trapp y Kurzawa se marcaran en propia portería con evidente fortuna para el equipo azulgrana.

El árbitro 'colaboró'

En toda remontada histórica, que se lo pregunten a los rivales del Real Madrid que las sufrieron en su día o a los que resistieron el intento, debe haber voluntad, fe, suerte y alguna decisión arbitral tiene que ayudar como producto del efecto de la presión ambiental. El PSG se queja de los dos penaltis señalados a favor del Barça, muy bien buscado el del 3-0 por Neymar al aprovechar que Meunier le obstaculizaba el paso reptando (ojo, el belga intentaba ya tapar un espacio en una posición antinatural) y menos artístico el del 5-1 porque Luis Suárez se desplomó al sentir el contacto de Marquinhos, a quien alguien tendría que decirle que, aunque no fuese penalti, si usa los brazos de ese modo dentro del área puede llevar al error a un árbitro. Y quizás Mascherano tocó a Di María lo justo para que se desequilibrara y no marcara el 3-2, pero el delantero argentino del PSG llevaba diez minutos en el campo fingiendo faltas y cuando se la hicieron de verdad, o ese admite Mascherano, ya no coló.

Pero por encima de rarezas, locuras, una parada determinante de Ter Stegen a Cavani, el factor suerte en otro remate del uruguayo al poste, golazos como el de Neymar de falta o el de Sergi Roberto o de penaltis «dudosos», como los calificó Emery, quien no dijo inexistentes, la remontada del Barça es el premio a la fe de unos jugadores y de sus aficionados. Y también es el resultado de un plan de Luis Enrique que se quitó la espina de las críticas tácticas recibidas en la ida.

El equipo azulgrana intimidó al PSG desde el inicio con su apuesta: todos los jugadores en campo contrario, con tres centrales asumiendo todos los riesgos del mundo, obligados a ir a las anticipaciones de forma suicida dejando un abismo a su espalda. Con Messi por dentro, sacrificándose por el bien del equipo, tocando más que disparando, sabiendo que en el vértice del rombo del 3-4-3 iba a atraer a Verratti, Rabiot y Matuidi, obsesionados con él, dejando así más espacios a Rafinha, por la derecha, y Neymar Neymar encarando una y otra vez «en el mejor partido que he jugado nunca».

Y Luis Enrique volvió a acertar, esta vez con los cambios. La gente pedía a Alcácer a la desesperada, pero el técnico simplemente quiso dar más energía en la zona donde el desgaste pasaba factura: Sergi Roberto, Arda Turan y André Gomes entraron por Rafinha, Iniesta y Rakitic, impresionante y agitado. El éxtasis absoluto.