La Rioja

El doblete menos celebrado

Los jugadores del Barça
festejan el título de Liga. :: afp
Los jugadores del Barça festejan el título de Liga. :: afp
  • La eliminación en cuartos de la Champions ante el Atlético supuso un golpe que a punto estuvo de costarle caro en la Liga

barcelona. Después de conquistar el triplete auténtico en la temporada 2014-15 (Liga, Copa y Liga de Campeones), un doblete (Liga y Copa) en el curso 2015-16 le supo a poco al Barcelona en una muestra del altísimo listón de exigencia que se ha instalado en el club azulgrana. Es el peaje que debe pagar el cuerpo técnico y la plantilla actual en una era de éxitos que comenzó en la campaña 2004-05 con la Liga de Frank Rijkaard. De la sequía de cinco años sin títulos en el inicio de siglo ya nadie se acuerda. Con el técnico holandés en el banquillo y Ronaldinho de líder se inició una etapa dorada que todavía perdura con Luis Enrique de entrenador y Messi de estrella. Curiosamente, el último año de jugador del asturiano como azulgrana fue el primero de Rijkaard como técnico (2003-04) y Leo debutó bajo el manto protector del crack brasileño en la 2004-05. La cadena es innegable.

Posiblemente, por muchos factores, haya sido el doblete menos celebrado de la historia el logrado por el Barça en este año que acaba. Además de la inevitable comparación con el triplete del año anterior, el 'palo' en cuartos de final de la Liga de Campeones ante el Atlético lo eclipsó todo en aquel momento. Que el gran título europeo lo acabara levantando el Real Madrid todavía tuvo un efecto peor para el club azulgrana. La imparable maquinaria mediática que rodea al equipo blanco ya sólo tuvo ojos para el equipo de Zidane y para la final disputada ante el Atlético. Puede parecer normal en los tiempos que corren, pero si el doblete nacional hubiese sido del Madrid, seguro que sí se hubiera valorado más.

El Barça tampoco ayudó a engrandecer su doble éxito tanto en lo deportivo como en lo institucional. La Liga se dio por ganada con muchas semanas de antelación debido al gran arranque de los de Luis Enrique, tanto que cuando el equipo reaccionó tras sufrir una crisis relacionada con esa eliminación europea, con el Madrid ya pisándole los talones, quedó la sensación de que simplemente había sobrevivido y que no había demasiado que festejar. Y menos se alabó la gran final de Copa ganada al Sevilla en la prórroga tras jugar muchos minutos con uno menos por expulsión de Mascherano.

Han pasado unos meses de aquello, pero es una señal de lo que ha cambiado el fútbol y el Barça. El equipo azulgrana, por el fútbol realizado y los éxitos, es el gran dominador de este siglo. Desde aquella primera de Rijkaard en 2005, el Barça ha conquistado ocho de las últimas doce Liga disputadas, por tres del Madrid y una del Atlético; cuatro Copas, por dos del Madrid; y cuatro Ligas de Campeones, solo dos más que el Madrid pese al juego desarrollado.

Al Barça le faltan copas de Europas. No ha sabido plasmar su superioridad futbolística para marcar una época real en Europa. El mejor ejemplo es la etapa de Pep Guardiola como técnico azulgrana. Conquistó las de 2009 y 2011 con brillo, pero cayó en semifinales de 2010 y 2012 pese a disputar la vuelta en el Camp Nou y jugar ambos partidos con uno más por las tempranas expulsiones de Motta y Terry. La Liga es el torneo por excelencia, pero cuando uno se acostumbra a ganarlas y ve cómo se celebran las Ligas de Campeones de otros, el aficionado del Barça comienza a sentir la necesidad de volver a reinar en Europa como en 2015.

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